Rafael Silva


Y suma y sigue. La desastrosa política de Defensa, al ser considerada “Política de Estado”, ha insistido en la misma línea durante todos los Gobiernos (bipartidistas) de turno. Ni un solo Presidente ha estado a la altura. Todos han ejecutado una hoja de ruta similar, consistente en externalizar nuestros Ejércitos y desplazarlos a misiones exteriores, incrementar el presupuesto de Defensa por varias vías (normalmente opacas en la exposición general de los PGE), y adherirnos como “aliados” a las decisiones militares de la OTAN, ligadas al imperialismo bélico y agresivo de los Estados Unidos. Nuestra política militar y de Defensa deja mucho que desear. No está a la altura de un país pacifista como debemos (ser), pero afirmar esto de un miembro de la OTAN es como pedirle peras al olmo. Y así, mientras nuestra sociedad asiste a un acoso y derribo en sus derechos laborales (precariedad, contrarreformas, etc.) y sociales (recortes y privatizaciones en los servicios públicos del Estado del Bienestar), los presupuestos de Defensa continúan aumentando año tras año, legislatura tras legislatura.

Parece ser que no hay dinero para pensiones mínimas decentes, para la universalización de la sanidad, para una renta básica, o para una educación gratuita en todos los itinerarios formativos, pero en cambio sí lo hay para comprar armamento y “modernizar” nuestras Fuerzas Armadas. Lo que fue aprobado en Consejo de Ministros fue solo el techo de gasto para estos nuevos programas de renovación y modernización de armamento. Los contratos concretos se formalizarán durante el próximo año 2019. Esta inversión supone el mayor gasto militar en dos décadas, y está estructurada en tres macroprogramas de armamento para renovar el material militar. Muchos medios nos han informado sobre la reciente decisión del Gobierno del PSOE de dar luz verde a una partida presupuestaria por valor de 7.331 millones de euros de gasto militar. El Departamento de Margarita Robles tomaba el pasado día 14 esta decisión en Consejo de Ministros, quien ha argumentado que esta inversión en actualización de material militar es una “inversión social” (las comillas y cursivas son nuestras) al mismo tiempo, porque creará hasta un total de 7.000 puestos de trabajo durante 9 años en Galicia.

Debe ser que la Ministra hace una comparación similar a la que hace con la “carga de trabajo” de los Astilleros en Navantia, que van a fabricar unas corbetas para vendérselas a Arabia Saudí, a fin de que ésta pueda continuar su criminal guerra contra Yemen. Para el actual Gobierno del PSOE ésta también debe ser una “inversión social”, pues también va a crear en la Bahía de Cádiz algunos miles de puestos de trabajo. De hecho, a otra Navantia, esta vez la del Ferrol (A Coruña), irá destinado el grueso de dicho presupuesto, que se encargará de la construcción de cinco nuevas fragatas F-110 entre 2019 y 2032, que sustituirán a las Santa María con 35 años de antigüedad. Así mismo, el programa presupuestario incluye la adquisición de 348 vehículos de combate VCR 8X8 Dragón para el Ejército de Tierra (que reemplazarán a los ya obsoletos BMR, que han dado problemas de seguridad), que serán entregados en el año 2025 y que costarán unos 2.100 millones de euros. El tercer capítulo de esta macroinversión militar va destinado a la modernización de los aviones cazabombarderos Eurofighter. El techo de gasto de estos aparatos estaba ya agotado, y la decisión del Gobierno ha sido aumentarlo en 906 millones de euros hasta el año 2023.

Parece que esto es más importante, sin ir más lejos, que invertir en modernizar a la anacrónica y muy obsoleta Administración de Justicia, que en muchos aspectos funciona aún como en el siglo XIX. Ésta última sí que sería una inversión social, ya que de la que estamos hablando es más bien una inversión para continuar engordando los balances de las empresas del complejo militar-industrial-tecnológico en nuestro país. La falta de ética, de perspectiva humana, de una verdadera convicción pacifista, es el rasgo característico de las modernas sociedades occidentales. Unos presupuestos que dedican buena parte de los mismos a la industria de la guerra, como continuación del capitalismo insostenible, pero por otras vías. Unas vías que destruyen países enteros, ciudades, abastecimientos, hospitales, colegios, edificios públicos, y que siembran terror, odio y devastación por doquier. Unas vías que luego se traducen en millones de personas desplazadas forzosas, porque ya no pueden continuar viviendo en sus países de origen. Y es que cada pieza forma parte del todo. Invertir en armamento, en unas Fuerzas Armadas que no han sido democratizadas, que únicamente han sido externalizadas, invertir en suma en la destrucción es un mal negocio que siempre se nos volverá en contra. La semilla del odio la vemos manifestarse casi a diario. Pero parece que no aprendemos.