La revista Science acaba de publicar un artículo que presenta ensayos preclínicos en ratones y hurones de una vacuna de ARN mensajero (ARNm) icosavalente contra la gripe. Se trata de la primera publicación de alto impacto que presenta una estrategia de éxito para desarrollar una vacuna universal basada en ARNm contra esta enfermedad.

Su composición incluye ARN modificados formulados en nanopartículas lipídicas, la misma tecnología utilizada por Moderna en el desarrollo de vacunas frente al SARS-CoV-2, ya ampliamente distribuidas.

La nueva vacuna experimental incorpora los 18 tipos conocidos de espícula de hemaglutinina de los virus de la gripe A (H1-H18), más dos correspondientes al virus B. Como referencia, la vacuna antigripal trivalente o tetravalente que estamos utilizando ahora mismo contiene un A/H1, un A/H3 y uno o dos virus B. Los virus de gripe A estacionales que circulan en la población humana son solamente H1N1 y H3N2.

Protección frente a futuros virus pandémicos

¿Por qué incluir entonces otros tipos antigénicos H en la vacuna? En primer lugar, los virus A son zoonóticos (proceden de animales) y, aunque los demás tipos no infectan a los humanos, sí afectan a otras especies, como los tipos H5, H7 y H9 en el caso de las aves. Esto implica que puedan surgir nuevos virus pandémicos si una de esas variedades se implica en lo que se denomina salto antigénico, generando un nuevo virus A que combine los genes de virus de animales con los de virus que circulan en humanos.

Esto es lo que ocurrió en 2009, 1968 (gripe de Hong Kong), 1957 (gripe asiática) y en la terrible pandemia de 1918, que acabó con la vida de al menos 50 millones de personas. Por tanto, este tipo de vacuna prevendría, además de la gripe estacional, frente a contagios de gripe aviar en humanos, que tiene una mortalidad próxima al 30 %, y de posibles nuevos virus pandémicos emergentes.

Un patógeno camaleónico

Pero lo más importante es que los autores del trabajo demuestran que su cóctel genera anticuerpos frente a regiones poco variables de la espícula HA, que se encuentran en la estructura del tallo. La enorme capacidad de mutación de los virus de la gripe hace que el virus cambie de cara de un año para otro. Es decir, aunque hayamos generado inmunidad frente a la gripe del invierno anterior, esta temporada nuestros anticuerpos ya no reconocerán el patógeno nuevo.

Esta deriva antigénica es similar a lo que ocurre con los sublinajes de la variante ómicron del SARS-CoV-2: en cuanto el virus cambia los antígenos, nuestra memoria inmunitaria ya no lo reconoce y podemos reinfectarnos con la nueva variante de turno.

Sabemos desde hace tiempo que el virus de la gripe hace esto mucho más deprisa que el coronavirus. Y eso nos obliga a reformular la vacuna cada año en función de los datos que un servicio de vigilancia epidemiológica internacional maneja para vaticinar cuál va a ser la composición vacunal presumiblemente más eficaz para la estación invernal.

Pero toda esa capacidad camaleónica está en la cabeza de la espícula HA del virus. Si logramos neutralizar la región invariable del tallo tendríamos una vacuna universal, un arma contra la capacidad de variación del virus. Los autores de este trabajo detectan en sus ensayos preclínicos que, mediante esta estrategia, los animales de experimentación desarrollan anticuerpos neutralizantes frente al citado tallo, además de un amplio elenco de anticuerpos frente a las 20 diversas cabezas de la hemaglutinina del virus.

En definitiva, la estrategia muestra una buena protección en animales de experimentación frente a infección, generando anticuerpos frente a todos los tipos (algo que con las vacunas convencionales sería muy difícil de lograr) y protegiendo a los animales frente a la infección por varios tipos de H1N1.

ARNm: una nueva esperanza

Parece ser que la presentación del antígeno a nuestro sistema inmunitario es mucho más eficaz en las formulaciones basadas en ARNm, que fuerza a nuestras células a producir el antígeno in situ, que en las clásicas, basadas en inocular directamente el antígeno.

Gracias al desarrollo tecnológico forzado por la situación de emergencia creada por la covid-19, la formulación de vacunas y otros fármacos basados en ARNm comienza una edad de oro que puede suponer una revolución en la prevención y el tratamiento de las enfermedades infecciosas y otras patologías.

Víctor Jiménez Cid – The Conversation

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