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Nutri-Score: el camaelón que cambia de color, pero no escapa la polémica

La historia del etiquetado NutriScore está marcada por polémicas. Desde que este sistema fue presentado en España, las críticas no han cesado. El reciente anuncio por parte de sus desarrolladores no ha sido la excepción. Ampliamente criticado por expertos y científicos alrededor de la Unión Europea, el algoritmo que establece las notas de NutriScore ha recibido una actualización. Un lavado de imagen para comenzar el 2024 con nuevas clasificaciones y por ende, nuevas controversias. A continuación, la explicación pertinente.

No muchos consumidores españoles están familiarizados con la etiqueta NutriScore ya que su adopción en España no se ha dado de manera oficial. Es decir, no todos los productos llevan este etiquetado. Si bien años atrás, las autoridades españolas habían manifestado un interés inicial en adoptar de manera oficial este modelo de etiquetado, con el tiempo, las críticas generalizadas obligaron a dar marcha atrás con el proyecto. La puntuación que le atribuye el sistema a productos tradicionales españoles como el aceite de oliva, el jamón ibérico o el queso manchego, ha sido el desencadenante de las primeras críticas.

Inicialmente, el aceite de oliva salía puntuado con NutriScore D (rojo). Es decir, prácticamente la peor calificación posible dentro de la escala de la A a la E y del verde al rojo. Esta penalización fue muy mal recibida, no solo entre los representantes del sector, sino también entre los consumidores españoles conscientes de la importancia del aceite de oliva que es bandera de la dieta mediterránea. Más allá del efecto penalizante de llevar una etiqueta roja, el aceite de oliva salía peor puntuado que otro tipo de aceites de menor calidad nutricional, como el aceite de colza.

El caso del aceite de oliva permitió sacar a la luz los problemas estructurales del etiquetado. En cuanto los expertos empezaron a tirar de la cuerda, se empezaron a revelar otros problemas como el hecho de que el algoritmo asignara puntos en función de la composición nutricional por 100 gramos y no por porción y que no tuviera en cuenta factores como el valor nutricional del alimento, ni el origen de sus ingredientes, ni su forma de ser preparado, entre otros. Pronto empezó a crecer la decepción con el sistema al que muchos califican de simplista y reduccionista. Aunque sin duda, la crítica más grave apunta a que el sistema NutriScore puede confundir al consumidor.

La visibilización de los problemas por parte de los expertos tuvo efecto, no solo en España, donde el Gobierno dio marcha atrás con su implantación, sino también en Bruselas, donde se pospuso la propuesta que debía ser presentada por la Comisión Europea con respecto a la elección del etiquetado frontal armonizado a lo largo de la UE. El hecho de que se pospusiera la decisión por parte de la Comisión fue un baldazo de agua fría para los promotores de NutriScore que estaban convencidos de que el modelo sería adoptado.

No fueron las revelaciones sobre las clasificaciones arbitrarias de NutriScore las que impulsaron los cambios en el sistema, ya que los defensores del sistema nunca admitieron las críticas. Lo que impulsó el cambio de algoritmo fue el temor a que NutriScore quedara descalificado de la carrera por convertirse en el modelo oficial de etiquetado de la UE.

Lo curioso es que lo que hoy se promociona como un renovado sistema, es en verdad, el reconocimiento enmascarado de que la versión anterior del algoritmo efectivamente presentaba limitaciones.

Otro punto curioso es que los divulgadores del modelo alegan que existe una fuerte oposición al sistema por parte de las grandes multinacionales, mientras que muchas de estas empresas adoptaron este logotipo a sabiendas de que las limitaciones del algoritmo les permitirían obtener buenas notas. Como es el caso de la Coca Cola Zero que llevó hasta ahora la nota B, las patatas fritas de McDonald ‘s con NutriScore B también o los polémicos Chocapic de Nestlé con azúcares añadidos y un reluciente NutriScore A. Una condecoración que ni siquiera lleva el oro líquido español.

Visto esto, queda claro que la etiqueta NutriScore es como el camaleón que cambia de color, según la ocasión.

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