O nos preparamos y luchamos o nos vamos en pocas décadas al Tercer Mundo

Por Javier Cortines


No hace falta ser un Premio Nobel de Economía para saber que la Ley de Oro de los mercaderes es producir a bajo coste (o pagar salarios mínimos o ínfimos) y vender a precios máximos para asegurarse, a costa de estrujar al prójimo, beneficios millonarios y criminales. Subrayo esto último porque en esa cadena hay millones de víctimas que son explotadas sin piedad. En muchas ocasiones mueren en accidentes laborales, silenciados en algunos países, que podrían evitarse invirtiendo un puñado de dólares.

Cuando el Gobierno de un país democrático (no sé si hay alguno en la Galaxia) obliga al empresario (me refiero al gordo, no al pequeño que trabaja para sobrevivir) a firmar contratos indefinidos, a pagar sueldos dignos, a terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres (éstas, por lo general, más baratas), sólo hay que enrocarse y marcharse con los bártulos a otro país “donde la carne humana está a precio de saldo”. Es decir, el mercader deja de producir en casa, ya que “los malditos rojos” -esos que creen que todos somos iguales- no se han enterado de cómo funciona el mundo.

Es el momento de buscar socios, “muchas veces sin escrúpulos”, en África, India, Bangladés, Pakistán, Birmania, en la China de “los nadies”, etc., ya que allí, gracias a la deslocalización y a la globalización, hay “mano de obra” (personas) que, con un sueldo cainista, vejatorio, hace el mismo trabajo que los españoles y españolas. Y, además, no protestan, y si lo hacen, les despiden, les pegan, o cosas mucho peores, sobretodo si son mujeres, menores o el prototipo de “esclavo moderno” que aceptó desde la infancia su “condición de animal”.

En España se escucha ahora, más que nunca, el rugir masivo de mujeres que toman las calles al grito de “igualdad, libertad, fraternidad”, al igual que hicieron nuestros vecinos y vecinas en la Revolución Francesa, esa que tumbó coronas, decapitó a “los negreros” y estuvo a punto de cambiar el mundo, de traer a casa la utopía, ese sueño que nos ayuda, como dice Eduardo Galeano, a seguir caminando.

Con lo anterior, con “los pequeños” logros recientes (que cada uno los matice según sus conocimientos y experiencia) podemos caer en el error de que “estamos a punto de logarlo” y de que “el miedo está cambiando de bando”, como dice la canción. Tenemos a nuestro favor grandes victorias, pero pírricas. Lo grande está por hacer, hemos llenado de agua, por unos instantes, el agujero cavado en la arena de la orilla del mar.

Si no empezamos una lucha sin tregua, coordinada, pacífica y total, destinada a un cambio radical, tanto en la legislación nacional como en los patrones de la economía internacional (inmensa red con araña incluida) caeremos en la aporía de Aquiles y la tortuga, y aunque pensemos por unos instantes que avanzamos, “el de los pies ligeros siempre nos dejará atrás”.

La economía española, debido a la miopía y avaricia de nuestros dirigentes, se ha basado en dos pilares que nos han dado “una alegría momentánea”, pero que en su vientre llevan el germen de la destrucción del tejido social y, con ello, (lo que avisará el sonido del quebrado cuerno) el empobrecimiento del país. Estos dos pilares son: el turismo y “el boom del ladrillo”.

El turismo, como dijo una vez Pablo Iglesias, ha convertido a los españoles y españolas en los camareros y camareras de Europa (el líder de Podemos retiró más tarde esas palabras porque sentaron mal a la gente), y el “boom del ladrillo”, como bien es sabido, provocó altísimos niveles de abandono escolar y contribuyó a construir “la falsa creencia” de que el obrero podía “ganar más que el ingeniero” y “vivir como un rey”. Pero lo que pasó, en realidad, lo explica muy bien la Biblia: “El primogénito vendió lo más valioso que tenía (su futuro) por un plato de lentejas”. Y el trabajador perdió la conciencia de clase social.

A lo anterior debo añadir que nuestros planes de estudios están anquilosados, anticuados y, encima, en algunos predios, bajo la losa de la Iglesia. Hemos entrado con mal pie en el siglo XXI. Otros países aprendieron la lección, tras varias crisis económicas, y actualizaron sus escuelas y universidades (Corea del Sur, China, Noruega, Alemania, etc.,) Eso, unido a ingentes inversiones en investigación y desarrollo, sirvió para preparar a su juventud para encontrar trabajos dignos en el mutante, especulativo y movedizo mercado laboral.

Si no luchamos en serio por cambiar los modelos y moldes que imperan a comienzos de esta Era de la informática, robotización, nanotecnología, y trabajos y empresas virtuales dirigidas por fantasmas, acabará formándose la tormenta perfecta. No sería extraño, p. ej. que giraran las modas o tendencias globales y que, de repente, la gente deje de ir a  España y haga turismo en el Caribe, el Pacífico y otros lugares; y que el cíclico “boom del ladrillo”, nos estalle como una bomba atómica dejando ruinas por doquier.

Actualmente somos la duodécima potencia económica del mundo, pero los expertos vienen avisando desde hace mucho tiempo de que, si no nos ponemos las pilas, puede que en dos o tres décadas, ocupemos el número cincuenta del ranking mundial, es decir: bajaremos 38 puestos y entraremos, por la puerta grande, en el Tercer Mundo.

mm
Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

Deja un comentario