El conselleiro Francisco Conde en el detalle de una imagen del acto suministrada por la Xunta de Galicia.

Esta entidad de la Costa da Morte (Ponteceso, A Coruña), convirtió el pasado viernes una actividad de ciencia escolar en un pedestal improvisado para Francisco Conde, el conselleiro más criticado de toda la era Feijóo por su apoyo incondicional desde la cartera de Industria a proyectos medioambientalmente invasivos y fuertemente contestados a nivel social, entre otros, en los sectores minero, eólico y forestal.

“Festiciencia”, que debería haber sido una actividad meramente divulgativa se convirtió por obra y gracia de la gerencia de la Fundación y de su responsable y asesor del Partido Popular en la vecina localidad de Cabana José Mª Varela, en un acto de lucimiento político para el conselleiro, que destacó “la voluntad de la Xunta de despertar vocaciones científicas”. ¿Qué otra cosa podía decir sino?

Las intervenciones parlamentarias de Francisco Conde, sin embargo, son de sobra conocidas. A finales del mes de enero, por ejemplo, defendió la evolución del proyecto de la mina de Touro afirmando que “El Gobierno no va a paralizar una actividad que la ley permite”, afirmando que los equipos de su consellería no llegaron a detectar “ninguno e los peligros” denunciados, en referencia a los sondeos ilegales rechazados frontalmente tanto por los vecinos de la comarca implicada como de la oposición parlamentaria en su conjunto. Un proyecto extractivo que ha generado rechazo e indignación a partes iguales en buena parte de la población.

Choca igualmente que Conde haya reafirmado su apuesta en numerosas ocasiones por una minería “responsable y garantista” y las “máximas condiciones ambientales” mientras asoman por todo el territorio gallego casos que apuntan justamente a lo contrario (Monte Neme o San Finx sin ir más lejos), y la inacción de la Dirección Xeral de Minas dependiente de su consellería han llevado a la Oficina del Defensor del Pueblo a denunciar la falta de control sobre las actividades extractivas en la zona de Touro o Valdeorras. Más chocante todavía resulta que el conselleiro haya sido invitado a un pueblo -Ponteceso- en su momento afectado por el proyecto de reapertura de la mina de oro de Corcoesto, por el que tanto él como su consellería apostaron en un primer momento, y que se convirtió en el mayor conflicto socioambiental que ha vivido Galicia en su historia reciente.

Conviene no olvidar, sin embargo, otras “perlas” del afamado responsable político, como su apoyo a Reganosa, descrito por la población circundante como “una bomba en el corazón de la Ría de Ferrol“, pues alrededor de la planta, que almacena 150.000 toneladas de gas natural licuado, viven más de 7.000 personas. Pero también está ENCE y sus afirmaciones de que es “determinante para Galicia” pese a la devastación ambiental originada en la ría de Pontevedra por su actividad industrial, y los infinitos parques eólicos que atenazan todo el territorio, que están siendo declarados por la vía rápida y en toda Galicia como proyectos “de especial interés” gracias a la utilización (e imposición), de la ley más cuestionada de la legislatura, la 5/2017, de fomento de la implantación de iniciativas empresariales. El pasado mes de octubre más de 10.000 personas se manifestaron contra esta norma-y contra su gestión en el área de Industria del Gobierno gallego- en Santiago de Compostela.

Lo peor no es sólo la utilización política de una fundación que lleva el buen nombre del autor del himno gallego, sino que en un sorprendente número de ocasiones, la entidad recibe fondos públicos a modo de subvenciones para la organización de distintos eventos. Y no parece ser lo más correcto utilizar el dinero público, que viene de nuestros impuestos, para promocionar directa o indirectamente la imagen del político de turno (o su limpieza). Porque sobran excelentes científicos en Galicia que hubieran podido realizar la misma tarea. Sin palmadas, fotos ni autobombo, pero de un modo infinitamente más sincero (y educativo).

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