Las elecciones nos dejan un panorama político en el que la extrema derecha ha ganado una fuerza que no se recuerda desde épocas anteriores a la Transición. En el Congreso habrá 52 parlamentarios ultras que desprecian esa cámara y a la democracia, ese sistema donde todos somos iguales ante las urnas, ya seamos negros, pobres u Ortega Smith.

El pacto entre Unidas Podemos y el PSOE ha sido muy celebrado entre los ciudadanos de izquierda, pero también por los defensores de esta democracia tan mancillada que cada vez es más difícil mantener en pie entre fascistas y partidos que antes se consideraban de centro y que acabaron extremándose.

Ahora nos toca un gobierno de progreso para avanzar en sectores en los que son necesarios los toques morados de Podemos, como la vivienda, las pensiones o la educación. Sectores en los que los trabajadores, nuestros mayores, las mujeres maltratadas, los migrantes, etc., necesitan ser defendidos ante la derecha más rancia y cargada de populismo que cala en la sociedad de una forma que no logramos entender aún.

Como era de esperar, los síntomas de crispación entre las tres derechas españolas no se han hecho esperar. Nos espera la legislatura más encolerizada de la historia democrática española, y eso que el nivel ya estaba alto.

El líder del partido de extrema derecha Vox no tardó en opinar sobre el tema y salió a hacer unas declaraciones cargadas de rabia. Algo que tampoco se entiende, ya que el PSOE ya reiteró por activa y por pasiva que jamás pactaría con los ultras. «Sánchez ni tiene palabra ni vergüenza, ni escrúpulos, ni principios. Ha actuado como un estafador profesional ante la opinión publica», indicó.

Santiago Abascal subió la apuesta y tachó de «comunismo bolivariano» el pacto. «El PSOE se abraza al comunismo bolivariano, a los aliados de un golpe de Estado, en mitad de un golpe de Estado», señaló.
Continúo indicando que «le haremos responsable de cada daño que produzcan a la convivencia y al orden constitucional».

Por parte del PP, Teodoro García Egea, secretario General del partido, añadió un vídeo en Twitter en el que Sánchez acudió al polémico programa El Hormiguero en el que Sánchez tenía que colocar un cartel eligiendo a una figura pública entre varías figuras públicas y eligió a Pablo  Iglesias. El cartel en cuestión ponía «No llaves casa». «No le dejaría las llaves de SU casa, pero sí las llaves de la casa de todos los españoles», indicó García Egea.

Santiago García Albiol también quiso opinar sobre el tema y tiró de algo parecido al humor: «Se puede ser creyente o no, pero con este gobierno… Que Dios nos coja confesados».

Ciudadanos, a falta de líder tras la caída de Albert Rivera por los resultados electorales, ha sido el Secretario General de la formación, José Manuel Villegas, quien ha tomado la palabra indicando que «con el acuerdo de Sánchez e Iglesias, España sale perdiendo».
«Es un pacto nefasto porque mira hacia los extremos y al populismo», añadió.
«Hay alternativas moderadas para desbloquear el país y hacer reformas, pero el #Sanchismo sigue sin rectificar y prefiere a sus socios de siempre», sentenció.

También Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, quiso opinar sobre el pacto: «Hace 2 días no podía dormir por Podemos y ahora van a dormir en el mismo colchón».

Prensa al servicio de la derecha

Caso a parte y digno de estudio ha sido la prensa, cuya neutralidad, siempre pisoteada, se ha visto una vez más expuesta ante los titulares del pacto.

La Razón, aunque tituló de forma no agresiva: «‘Perfecto’: el SMS que cerró la ‘coalición del insomnio'», lo estropeó con el subtítulo: «El 95 % de los españoles no podrá dormir».

El Mundo, por su parte, se cortó menos en el mensaje principal: «Sánchez entrega el Gobierno a Podemos y se encomienda a ERC».

ABC optó por un titular tan corto como ofensivo: «Sánchez se abraza al populismo».

Alerta Digital ya entra en el terreno de lo literario y cae en lo chabacano de los insultos, titulando: «Ni Edgar Allan Poe hubiera escrito un relato más terrorífico: PSOE y Podemos firman un preacuerdo con «El chepas» de vicepresidente»

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El diario Expansión optó por un título tan corto como populista: «Alarma en la economía».

«Las consecuencias nefastas del acuerdo PSOE-Podemos», tituló El Economista, entrando en los relatos de desastres y miedo.

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