El lunes se cumplen ochenta años del final de la Guerra Civil, una contienda que dejó la Comunidad de Madrid sembrada de artefactos. Aún hoy siguen apareciendo obuses y solo en lo que va de año la Policía Nacional ha desactivado unos 20 y la Guardia Civil, 14. Ojo, no tocar: peligro de muerte.

Son artefactos de los dos bandos que, a pesar del tiempo transcurrido, pueden ser peligrosos. Pueden estar aún cargados y detonar, como advierten a Efe responsables de las dos fuerzas de seguridad del Estado.

Por eso, su consejo es el mismo para quienes se encuentren alguno: primero y fundamental, que no toquen el artefacto. Después, avisar a la Policía o a la Guardia Civil.

El pasado día 8 de marzo los Tédax de la Policía Nacional detonaron una bomba de aquella época, que fue encontrada en la carretera de Boadilla del Monte a su paso por la zona de La Cañada de Pozuelo de Alarcón.

Diez días después, el 18 de marzo, unos trabajadores que acometían una obras en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid -en Ciudad Universitaria- hallaron un obús de la Guerra Civil sin estallar de unos 25 centímetros, que los expertos en explosivos retiraron sin detonar.

Solo habían pasado tres días y otros obreros encontraron en la Casa de Campo otro obús, en este caso de 45 centímetros, que también fue retirado sin incidentes. Este mismo jueves el hallazgo tuvo lugar de nuevo en Pozuelo, en la calle Calvario, al acometer unas obras.

Las cifras de la Policía Nacional indican que el número de artefactos que salen a la luz no cesa, sino que crece, ya que este año ha habido más intervenciones entre enero y marzo de las que hubo en el primer trimestre del año pasado.

Cuenta a Efe el inspector de la Policía Nacional Ángel Romo, jefe de los Tédax de Madrid, que en todo 2018 sus agentes intervinieron unas 80 veces. Además, en un 15 por ciento de las ocasiones se localizó más de un artefacto.

Granadas de mano, obuses, minas contra carro e, incluso, bombas de aviación -que contienen unos 50 kilos de explosivo- salen a la luz cuando se remueven tierras, normalmente por obras o por causas naturales.

Sea cual sea el artefacto, desde los dos cuerpos advierten: no tocar, ya que pueden activarse con el movimiento, y avisar inmediatamente a Policía Nacional, Guardia Civil o al 112.

Hay generalmente un protocolo de actuación cuando se recibe un aviso de estas características. Así, los primeros agentes en personarse al lugar acordonan la zona hasta la llegada de los expertos en desactivación de explosivos, que establecen un perímetro de seguridad.

Son estos expertos quienes valoran el tipo de artefacto para decidir si lo trasladan a un centro militar para su desactivación o detonación o, si esto no es posible, realizarlo in situ.

Aunque mucho territorio de la región madrileña sufrió la contienda civil, zonas como la localidad de Brunete y, ya dentro de la capital, la Casa de Campo o Ciudad Universitaria, son donde aparecen más artefactos, según subraya el inspector jefe.

Hasta tres bombas de aviación, con unos 50 kilos de explosivo cada una, han desactivado sus hombres en los últimos tres meses sin incidentes, junto a otros artefactos como granadas, minas anticarro -con 40 kilos de carga- y sobre todo proyectiles de artillería de calibre medio (de 88 a 110 milímetros).

La dificultad para los agentes estriba más que en la cantidad o calidad de explosivo, en el tipo de sistema que activa la bomba, que puede haberse deteriorado con el tiempo.

Destaca el inspector que los explosivos denominados nobles solo pierden entre un 5 y un 10 por ciento de su efectividad en un período de noventa años, y recuerda que han encontrado numerosos proyectiles de artillería fabricados en Alemania que, a pesar del tiempo transcurrido, funcionaban «perfectamente».

Entre los hallazgos más llamativos señala la retirada el año pasado de un artefacto de artillería del tejado de un hotel de la calle Alcalá de Madrid. Apareció cuando se acometieron obras en el edificio sin que la dirección ni los huéspedes lo notasen.

«No tocar, no mover y alertar del hallazgo» es la recomendación en la que insiste este experto.

Paqui Gallego