“El poder de los fuertes se mantiene en gran medida mediante la ignorancia y la pasividad de los demás.”, Noam Chomsky

Por Javier F. Ferrero

En las últimas semanas, la política española ha experimentado un retroceso alarmante, tanto en sus acuerdos como en su ideología. La causa: el pacto político entre el PP y Vox, que parece estar sacando a relucir el rostro más oscuro y retrógrado de la política española.

El pacto entre ambos partidos ha resultado en la presidencia de Vox en tres parlamentos autonómicos. Los nuevos líderes, afines a la ideología trumpista, representan un peligro real para los avances que hemos logrado como nación en términos de modernidad, igualdad y progreso. No sólo están en contra del aborto y niegan el cambio climático, sino que también han demostrado ser intolerantes hacia el colectivo LGTBI y las reivindicaciones feministas.

La alianza entre el PP y Vox ha puesto en evidencia la creciente asimilación por parte del PP de la ideología de la ultraderecha. En Extremadura, por ejemplo, la candidata del PP, que antes se negaba a aliarse con aquellos que negaban la violencia de género, ha cambiado de opinión. Un giro de 180 grados para hacerse con el poder, aún a costa de permitir la entrada en el gobierno de la ultraderecha.

Mientras tanto, Feijóo y los suyos buscan convencer a los españoles de que el objetivo principal es “acabar con el Sanchismo”, cuando en realidad su meta es derogar las políticas que ha implementado el presidente Pedro Sánchez, las cuales han beneficiado a la mayoría de los ciudadanos.

No se trata de eslóganes o demagogia, sino de proteger y fortalecer el futuro de España y sus ciudadanos

Si permitimos que Feijóo llegue a la presidencia, podríamos esperar un severo golpe a los avances que hemos logrado en derechos laborales, salariales, educativos y de vivienda. Por mencionar solo algunos ejemplos, la digna subida del 8,5% para nuestros pensionistas podría verse reducida al 0,25%. El derecho de nuestros jóvenes a acceder a una vivienda digna podría verse anulado. La subida histórica del Salario Mínimo hasta los 1.080 euros podría ser revertida. La nueva reforma laboral que ha favorecido la estabilidad y creación de empleo podría ser reemplazada por una versión más draconiana. Y un millón de niños y jóvenes podrían perder su oportunidad de obtener una beca digna para su educación.

Estos son tiempos peligrosos para España. La consolidación de alianzas entre la derecha y la ultraderecha amenaza con llevarnos de vuelta a un pasado del que luchamos mucho para salir. La lucha por la igualdad, la justicia y la dignidad está siendo puesta en peligro.

No podemos permitirnos este retroceso. No debemos quedarnos en casa y dejar que los derechos y libertades por los que tanto hemos luchado sean erosionados. El 23 de julio tenemos la oportunidad de tomar una postura, de votar y decidir el futuro de nuestro país y nuestras familias. No se trata de eslóganes o demagogia, sino de proteger y fortalecer el futuro de España y sus ciudadanos.

Debemos alzar nuestras voces, ejercer nuestro derecho a votar y enviar un mensaje claro de que no permitiremos que el progreso de las últimas décadas sea desmantelado por una ideología retrógrada y excluyente. La política debe ser un instrumento para el avance y la inclusión, no un vehículo para alimentar el odio, la discriminación y el retroceso social.

Es fundamental que todos los sectores de la sociedad española, desde los jóvenes hasta los pensionistas, se unan en la defensa de los valores que nos han llevado a construir un país más igualitario y próspero. Es hora de recordar que el poder del pueblo es más fuerte que los intereses de unos pocos. No podemos permitir que las decisiones tomadas en salas cerradas y acuerdos opacos definan el futuro de millones de españoles.

No podemos ser espectadores pasivos mientras España retrocede

Además, es esencial mantener la presión sobre nuestros representantes políticos, exigir transparencia y responsabilidad. La sociedad debe ser vigilante y crítica, para garantizar que aquellos que ocupan cargos públicos realmente actúen en el mejor interés de todos los ciudadanos y no en función de agendas personales o ideológicas extremas.

España tiene una rica historia de lucha y resiliencia. No podemos permitir que el reloj retroceda y nos arrastre a un pasado que ya hemos superado. El 23 de julio puede ser un día de reivindicación y fortaleza, donde la ciudadanía española se alce unida para proteger su futuro. No dejemos que la apatía y la resignación nos venzan.

Recordemos que los derechos y libertades que disfrutamos hoy son el resultado de generaciones de esfuerzo y sacrificio. Honremos ese legado y continuemos trabajando hacia una España en la que la igualdad, la justicia y la prosperidad sean la norma para todos, no solo para unos pocos privilegiados.

No podemos ser espectadores pasivos mientras España retrocede. Debemos ser participantes activos, informados y comprometidos en la construcción de un futuro en el que podamos estar orgullosos de legar a las próximas generaciones.

El retroceso no es una opción. España merece avanzar.

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