José Antonio Martín Acosta
Candidato de Unidas Podemos al Senado por Bizkaia


El artículo 23.1 de nuestra tan manida Constitución de 1978 dice lo siguiente: Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal. De lo que se infiere que el ejercicio del voto es un derecho fundamental.

Resulta agotador escuchar una y otra vez en los medios de manipulación masiva de todo el estado español la tendencia a despreciar un derecho fundamental como es el derecho al voto. Nos tratan de decir que tenemos la obligación de estar cansados de ejercer nuestros derechos. Llevan a la opinión pública a un callejón sin salida dado que el cansancio en el ejercicio de nuestro deber nos puede llevar directamente a la práctica de la tiranía. No resulta extraño que en esta Europa donde los grandes poderes económicos nos están llevando nuevamente hacia el fascismo comiencen a sonar las primeras trompetas del apocalipsis por el exceso de participación ciudadana. El sueño de la razón produce monstruos, decía Francisco de Goya. En Europa eso es literal. Nos hemos dormido en el desempeño de nuestra función de observadores de los asuntos públicos. No somos capaces de elevar una súplica sin subir el tono de nuestra voz. No somos capaces de presentar una alternativa al odio contando con las herramientas de comunicación con las que contamos. Debemos despertar señoras y señores. Debemos levantarnos de nuestros sillones y mostrar la fuerza de la ciudadanía en acción. Nuestra carta magna nos da la posibilidad de reunirnos libremente, de expresarnos con toda vehemencia, de participar de la democracia eligiendo o siendo elegidos. No podemos desdeñar sin más nuestro más preciado bien, la posibilidad real de transformar nuestra sociedad mediante el voto.

El cansancio no se muestra con la dejación de nuestros derechos. No podemos permanecer impasibles ante la estrategia del poder. Hay que movilizarse. Si usted se muestra cansada de la situación política cambie pues el sentido de su voto. Demuestre su cabreo institucional dándole su confianza a otra formación política. La situación actual está siendo aprovechada por la tendencia radical de la vuelta al bipartidismo. ¿Si ya habíamos superado esa tendencia a qué viene ahora volver a ella? ¿a quién le interesa? ¿quién se puede aprovechar de una vuelta al pasado? Piense usted en la dinámica de la inacción. Si nada hacemos, nada debemos esperar. Si hacemos siempre lo mismo nos encontraremos con los mismos resultados de siempre. Por eso los medios de comunicación del país van a tratar por todos los medios, valga la redundancia, de que usted se quede tranquila en su sillón y que no vaya a votar. Sabemos cuál es la estrategia del PSOE, acabar con toda fuerza política a su izquierda, como lleva haciendo 140 años. Esa es la razón por la que los socialistas esperan una baja participación y también, por supuesto, la derecha, a la que toda inacción de la gente de izquierdas le supone un beneficio político y económico. No caiga en la trampa.

Mis padres estuvieron cuarenta años deseando que se les preguntara cual era la opción política más cualificada para gobernar el país y les aseguro que ahora mismo, que en paz descansen, no dudarían en salir de nuevo a votar a aquel partido que mejor les represente. El hecho significativo de que todos los medios de comunicación hablen del hartazgo de la ciudadanía por tener que salir otra vez a votar nos debe hacer reflexionar sobre los secretos motivos de aquellas personas que realmente manejan los hilos en este país llamado España. Pareciera que les diera cierto pánico que la ciudadanía pueda cambiar las tornas, pueda decidir sobre el futuro del país y pueda expulsar de una vez por todas a esa ralea de advenedizos y de delincuentes económicos que no dudan en hacer recortes en sanidad o educación pero que son los primeros en vaciar la hucha de las pensiones o en privatizar hospitales con la conciencia cristiana bien lavada en las catedrales y bajo los palios de los obispos. Resulta descorazonador comprobar cómo la pobreza está creciendo alarmantemente no ya en lugares de por sí deprimidos y sobre los que no se ha ejercido la atención suficiente, sino en lugares en teoría ricos como Euskadi, Cataluña o Madrid. Es realmente alarmante la falta de acción institucional en uno de los problemas más graves de la sociedad española, la violencia contra las mujeres. Pareciera que toda acción de nuestra amada institución pública solo fuera encaminada a enquistar los problemas en Cataluña. En resumen, todo lo que se hace de cara a la ciudadanía tiene como objeto la adquisición de una parte del pastel electoral. Vamos, que decir que hay que aplicar el 155 en Cataluña da votos, que decir que los migrantes vienen a quitarnos la comida que antes nos han quitado los empresarios da votos, que decir que vivimos por encima de nuestras posibilidades da votos y no los da decir que necesitamos una nueva ley integral contra la violencia machista dotada de un presupuesto decente, no da votos decir que la sociedad necesita un impulso social, un nuevo horizonte verde donde la economía de un giro copernicano hacia la producción limpia de energías renovables, no da votos decir que no importa cuántas veces nos tengamos que enfrentar en una elecciones generales porque, ¿a quién le puede importar que este país vaya directo a la ruina con un gobierno de carácter fascista? La cuestión principal es el acomodo intelectual de nuestra sociedad que se deja llevar como ovejas al matadero por los voceros de los intereses del IBEX35. -¡No vayas a votar!- Te dicen desde sus poltronas. -¡No pienses por ti mismo!- te espetan a la cara cada vez que enciendes el televisor. No señores, la sociedad española es lo suficientemente adulta como para atajar los problemas políticos mediante el uso, y el abuso si se quiere, de nuestra mejor herramienta democrática, el derecho fundamental al voto.

No tengan miedo a salir el domingo 10 de noviembre. Su colegio electoral le estará esperando donde siempre. No tendrá que usar el pico y la pala para votar. No tendrá que estar ocho horas en la oficina para votar. No tendrá que esperar largas colas como si estuviera con una cartilla de racionamiento. No le costará nada ejercer su derecho a elegir la representación que usted considere mejor. Estará usted reafirmando sus creencias personales. Estará usted eligiendo una determinada ideología y nadie podrá impedírselo. Estará usted sellando el futuro del país con su participación activa en el proceso electoral. Su voto vale, su voto cuenta. No debe quedarse en casa cabreado con el mundo porque entonces no podrá quejarse en el momento que la derecha de este país inicie de nuevo la reconquista ideológica, neoliberal, católica, apostólica y romana y el desmantelamiento de los servicios públicos por los que mis padres, y los suyos, lucharon durante el franquismo, la transición y los últimos cuarenta años.

Les propongo un juego, en el momento en el que enciendan el televisor y escuchen a uno de esos impresentables contertulios comentar eso de que la ciudadanía está cansada de votar, apague el televisor, lea el artículo 23.1 de nuestra Constitución y prepárese para hacer la elección de su vida porque de usted y de muchas personas como usted depende que entremos en una nueva época democrática y social o que acabemos definitivamente con lo poco que nos queda de estado del bienestar. Acuérdese de las pensionistas que cada lunes abarrotan las calles de nuestro país, de sus demandas justas, de sus reivindicaciones llenas de la sabiduría que solo puede dar la experiencia. Acuérdese de las mujeres del 8 de Marzo, de sus gritos de igualdad, de su clamor contra la violencia que sufren diariamente. Acuérdese de las mujeres y hombres que trabajan hasta la extenuación por un mísero jornal y de aquellas mujeres y hombres que no pueden cubrir sus necesidades más básicas. Acuérdese de las niñas y niños estudiando en barracones. Acuérdese de las universidades con déficits en infraestructuras o en equipamiento para investigación. Acuérdese de las plantas cerradas en hospitales públicos. Acuérdese de las puertas giratorias, sobre todo cuando mire la incomprensible factura de la luz. Acuérdese de que solo hablando se entiende la gente y se solucionan los problemas. Cuando ya esté usted cansada de escuchar esas palabras que denigran el espíritu democrático entonces seguro que estará convencida de que tan solo existe en el estado español una opción política para que los de abajo tengamos alguna posibilidad de recuperar ese ascensor social que hizo que nosotras tuviésemos la oportunidad de ir a la universidad y de tener un futuro mejor que el de nuestros padres. Oportunidad de la que ya no disponen las nuevas generaciones y que es necesario recuperar para rescatar el país de las manos de los poderes ocultos que no quieren que vayas a votar para cambiar las cosas. La única opción capaz de iniciar un rescate ciudadano se llama Unidas Podemos. Así que recuerda el artículo 23.1 de nuestra constitución de 1978 y dales con tu papeleta en las narices: Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.

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