Por Javier F. Ferrero
“No hay novedades”. Así intenta el PP cerrar la tumba de la polémica, pero el cadáver de la verdad sigue asomando un pie. Mientras, la jueza lo deja claro: se investiga una “actuación negligente” y “homicidios por imprudencia grave”. Mazón, acorralado, ha vuelto a cambiar su coartada: dice ahora que llegó a las 20:28 al centro de emergencias Cecopi, después de que se enviara la alerta. Si eso es cierto, entonces, ¿dónde estuvo las horas previas, cuando el agua devoraba vidas?
Su versión se desmorona como un castillo de arena en la playa de la Malvarrosa. Hace meses aseguraba que no le llegaron llamadas del Gobierno por falta de cobertura. Ahora, que hizo o recibió 16 llamadas antes de las 20:00. En ninguna de ellas, por cierto, aparece Feijóo. El líder del PP aseguró que Mazón le informaba “en tiempo real” sobre la catástrofe. Si eso es cierto, o le informaba por telepatía o Feijóo mintió descaradamente.
El sumario es aún más demoledor. La mayoría de las 227 víctimas mortales murieron antes de que se activara la alerta. “Tenían que haber avisado”, denuncian los informes. No lo hicieron. Mazón no estaba. Feijóo le cubrió. Y ahora la mentira se está ahogando en la misma riada que arrasó Valencia.
El PP ya ha activado el modo supervivencia. Lo llaman “esperar el momento oportuno para tomar una decisión”. En román paladino: Feijóo va a dejar que Mazón se pudra solo y, cuando el olor sea insoportable, lo tirará por la borda.
La prueba del abandono fue el acto del lunes en el hotel Ritz de Madrid. Allí estaban casi todos los pesos pesados del PP, pero Feijóo no. Tampoco Ayuso. Ni un solo presidente autonómico. ¿Casualidad? No. Mazón se quedó rodeado de cargos intermedios y periodistas bien educados, intentando maquillar su imagen. Pero cuando un político empieza a contar llamadas una por una, como quien enseña tickets en la caja del súper, es que está al borde del abismo.
El problema de Feijóo es que deshacerse de Mazón no es fácil. No porque le tenga aprecio, sino porque depende de Vox para gobernar. Y Vox prefiere a un Mazón moribundo antes que un nuevo candidato que les haga sombra. El PP, mientras tanto, juega a esconderse. Feijóo huyó por la puerta de atrás del Congreso para no dar explicaciones. Tellado, Gamarra, Sémper, todos mudos. El partido que exige dimisiones por todo ahora defiende que Mazón siga en el cargo aunque la justicia hable de “homicidios por imprudencia grave”.
Pero el tiempo se agota. Las Fallas están a la vuelta de la esquina y las calles de Valencia pueden convertirse en el escenario de la quema pública de Mazón. Y si no es ahí, será en los tribunales. El humo de la cremà subirá al cielo. Y con él, la carrera política de un president que desapareció cuando su pueblo más lo necesitaba.
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