«El éxito electoral de la ultraderecha y el proceso de involución que promueve junto a la derecha judicial y económica es indisociable de la derecha mediática que se encarga de fabricar y difundir la ideología del odio», comenzaba escribiendo el exvicepresidente del Gobierno de España, Pablo Iglesias.

En la columna publicada en Naiz, Iglesias, expone la noticia que daba a conocer La Vanguardia «donde aparece con nombre propio la periodista Ana Rosa Quintana como facilitadora de un encuentro entre su marido y el famoso comisario, en el que se habrían confabulado para cometer una serie de delitos».

ana rosa

En esta pieza, continúa «se explica en detalle cómo Ana Rosa Quintana usó su amistad y cercanía con el comisario Villarejo para organizar una comida a la que asistieron la propia Quintana, Villarejo y sus respectivas parejas. Permítanme que les resuma. Juan Muñoz, marido de Quintana, quería contratar a Villarejo para extorsionar a un antiguo socio. Para hacerlo el comisario ofreció, por tarifa «de estudiante» (unos 200.000 euros), un vídeo en el que el abogado del socio al que había que extorsionar practicaba sexo con supuestas prostitutas y esnifaba cocaína. En el pack que vendía Villarejo a Muñoz iba incluida la colocación de una cámara en los baños de local nocturno, al que al parecer acudía con regularidad el citado abogado. La cámara debía servir para seguir acreditando vicios adecuados para la extorsión. Imaginamos que el abogado, que antes había sido juez, usaba el baño para hacer algo más que sus necesidades».

Por ello ha sentenciado que «si hubiera un mínimo de decencia y pudor en los medios de comunicación en España, con estos hechos reconocidos por los acusados, ninguna televisión permitiría que Ana Rosa dirigiese y presentarse un programa. Su presencia diaria en las pantallas no solo es un alarde de la putrefacción de buena parte del periodismo con más poder en España, sino que representa un paradigma de éxito empresarial, mediático y político. Ana Rosa sigue partiendo el bacalao cada mañana en el programa líder de su franja horaria».

Tal es así que, considera que, «el hedor ha llegado a tal extremo que cada vez más profesionales del periodismo señalan por fin lo evidente. Menos mal».

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