Joan Jordi Abentín

Me acuerdo que hace 365 días empezaba un año en el que nos decían eso de:

“ ¡Buenas fiestas, próspero año y que seas muy feliz! ”

Son las palabras más típicas y, la verdad, probablemente las hemos escuchado miles de veces en estas fechas. En la calle, en casa, por televisión y hasta en los mítines políticos de estos pasados comicios en Cataluña.

Seguramente ni ha sido un año de fiestas, ni ha prosperado, ni tampoco feliz. Más bien el contrario.

¿Cómo podemos decir que ha sido un año feliz, cuando vivimos en un país que es el tercero de Europa en desigualdad?

¿Cómo podemos decir que hemos prosperado cuando en la clase política de nuestro país priman las banderas antes que los derechos sociales y humanos?

¿Y cómo podemos hablar de progreso cuando nos alegramos de que el salario mínimo sea de 830€? Por cierto, muy por debajo de la media europea.

Recuerdo que algunas veces mientras decía unas palabras similares a estas me dijeron: “No hace falta que seas tan negativo y decir estas cosas, tenemos el fin de año para estar en familia y poder olvidar un poco”. Puede que muchos penséis eso, y no os falta razón. El problema es que no solo lo olvidamos el día 31. Lo hacemos siempre.

Estoy seguro de que la gran mayoría de las personas que nos desean esas palabras tan tradicionales quieren que sea un buen año, que sea próspero y seamos felices. Y gracias, desde aquí, a todos ellos.

Pero pronunciarlas no es suficiente. Nos hemos de movilizar, nos hemos de manifestar, y hemos de luchar para que el día 1 de Enero de 2019 cuando veamos la televisión (ese resumen típico de todas las efemérides anuales)sepamos que ha sido el año donde nosotros, como pueblo, empezamos a construir la verdadera Revolución Democrática. Esa que daba esperanza a los trabajadores a volver a conquistar sus derechos, esa que hacía realidad sus palabras con actos, y esa que cantaba el Canto de la Libertad de Labordeta o el ¡Do youHearthepeoplesing! de Les Miserables mientras ondeaban la única bandera válida: La de la libertad.

Y esto solo se consigue cuando nosotros no solo pronunciemos las típicas palabras para quedar bien o para tener un ascenso en el trabajo. Sino decirlas, sabiendo el significado de estas, y que nosotros somos los únicos que podemos batallar por nuestros propios deseos. Repito, nosotros, y no las ofertas del Supermercado de turno, ni las cotizaciones en bolsa y aún menos las grandes empresas que explotan a sus empleados con trabajos precarios. Y, ciertamente, una época no finaliza cuando acaba un año. Finaliza cuando la gente digamos basta. Y los que queremos transformar el Mundo tenemos este 2018 para convencer a todos aquellos que sepamos que son como nosotros (que también sufren las horribles políticas de nuestro gobierno), se unan con nosotros en nuestro camino. Sí, el 99 por ciento.

Así que:

¡Buenas fiestas, próspero año, que seáis muy felices… Pero también, Igualdad, Derechos Humanos y Justicia Social para 2018!

Deja un comentario