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Segunda entrega de la entrevista a Enric Bataller, integrante de la delegación parlamentaria que acaba de visitar Palestina.

Hoy, miércoles, 31 de enero, un tribunal juzgará a la adolescente Ahed Tamimi, icono de la resistencia contra la ocupación sionista.

Durante vuestra visita hablasteis con el ministro de Asuntos Exteriores de Palestina, Riyad al-Maliki, ¿Qué os contó?

Al-Maliki nos dijo que le había sorprendido la decisión del presidente Trump de trasladar su embajada a Jerusalem, dado que ha visitado el territorio y se ha reunido cuatro veces con el presidente Abás, a quien les dijo que aceptaba los dos estados y le reconoció el daño que causaban los asentamientos en Cisjordania para el avance del proceso hacia la paz definitiva. Pero, inopinadamente, en octubre de 2017 los EE.UU: cerraron la oficina palestina en Washington, luego anunciaron la congelación de su aportación a UNRWA, y por último anunciaron su cambio de postura con respecto a la capital. Todo esto es más perjudicial si cabe cuando reparamos en que EE.UU. había asumido en exclusiva la dirección del conflicto tras adormecer el cuarteto que, por decisión de 193 países, había formado junto con la Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas. Y ahora EE.UU. pasa a colocarse del lado de las tesis más radicales de Israel, no queriendo oír hablar del problema de los refugiados, ni del desmantelamiento de las colonias en Cisjordania, ni de la soberanía compartida sobre Jerusalem.

La conclusión, para Al-Maliki, es que EE.UU. ya no es árbitro y, por tanto, la Unión Europea podría aportar ideas y tomar iniciativas. Palestina quiere mantenerse en el marco de sus obligaciones internacionales, dado que ha sido reconocida nada menos que por 138 países, pero ello resulta muy difícil cuando constatan que incluso los miembros de la Liga Árabe no están dispuestos a cumplir su compromiso de romper relaciones con cualquier país, también EE.UU., que llegase a reconocer la capitalidad israelí de Jerusalem. La evidencia se impone: los países árabes se han arreglado bajo cuerda con EE.UU., y ahora no quieren alterar el statu quo alcanzado. La estrategia palestina debe pasar entonces, de manera ineludible, por ganar tiempo: a partir del verano, EE.UU. se enfrascará en la campaña para la elección de representantes en Congreso y Senado el próximo 6 de noviembre, lo cual puede crear una situación de incertidumbre que obligue a posponer el traslado de la embajada a Jerusalem; en 2020 habrá elecciones presidenciales y, si las gana un nuevo presidente, es muy posible que no se considere vinculado por la decisión de Trump si ésta no ha llegado a materializarse.

Sea como sea, lo cierto es que el estado español debería reconocer ya a Palestina, porque ello supondría un gran empujón moral y abriría la puerta al reconocimiento por otros países europeos, como Italia, Portugal o Grecia, que se sumaría así a Suecia.

Si la esperanza pudiera medirse del 1 al 10, ¿Qué puntuación darías al actual grado de moral del pueblo palestino en su lucha por lograr un Estado Palestino? ¿Cómo están los ánimos de la gente que has visitado después de cuatro guerras, varias intifadas y los bombardeos masivos y castigos de Israel?

Creo que el pueblo palestino tiene la moral muy alta, porque está convencido de la justicia de su lucha. Las penalidades de la ocupación las sienten todos, también los niños, y por ello tienen consciencia de su situación desde bien pronto. Hay que decirlo bien claro: los territorios ocupados viven bajo un régimen de apartheid, y si Israel no permite la viabilidad de la solución de los dos estados, entonces tendrá que asumir que la única salida admisible para evitar la existencia de seres de segunda categoría será la existencia de un único estado donde convivan palestinos e israelíes y que se rija por el principio de “una persona, un voto”. Es admirable el comportamiento global de la población palestina y su espíritu de autocontención, pero hace falta que la comunidad internacional lance ya señales inequívocas de que no va a tolerar la situación injusta por más tiempo.

Casa ocupada ilegalmente por colonos israelíes en Hebrón. Sigue resistiendo en su interior (ver banderas) una familia palestina.

¿Qué piden los palestinos a Europa para hallar una solución a su causa? ¿Piensan que la Unión Europea se ha olvidado de sus reivindicaciones? ¿Qué el único que puede hacer algo es EEUU?

Con Trump, Estados Unidos ha renunciado a ser un mediador aceptable para todos y se ha posicionado con la extrema derecha que ahora dirige el discurso político de Israel. Palestina siente que hay un vacío que debería ser ocupado por la Unión Europea pero, desgraciadamente, la política exterior de ésta es muy débil y ya le ha dicho a Mahmud Abás en Bruselas que no piensa reemplazar a EE.UU. Ante esta evidencia, ¿alguien podría actuar unilateralmente para asumir un liderazgo en Europa? Alemania no puede hacerlo, por razones obvias. Quizá Francia podría tirar de un buen número de países, y también España, por sus relaciones históricas con Oriente Próximo. Por supuesto, mientras gobierne en España el señor Rajoy, poca decisión y empuje podemos esperar en éste y en otros asuntos.

En cualquier caso, es evidente que el mundo actual es multipolar y que el liderazgo antes indiscutido de EE.UU. debe abrirse a otros actores. Podrían intervenir los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, o añadir también algún otro (como se hizo con las negociaciones nucleares con Irán), o incluso cabría formar un grupo negociador ad hoc.

Respecto al reconocimiento del Estado Palestino, ¿Tenéis previsto impulsar alguna iniciativa parlamentaria? ¿Qué voluntad ves en las principales fuerzas políticas del país de dar un paso en esa dirección?

Nuestro viaje a Palestina fue organizado por el llamado Intergrupo del Congreso por Palestina, una reunión informal de diputados de muy diferentes formaciones que estamos ligados por nuestra común preocupación por el drama palestino. Somos una especie de lobby que facilita encuentros y debates, pero obviamente no podemos tomar decisiones al margen de lo que opinen nuestros respectivos partidos. El intergrupo como tal, por tanto, no va a pedir oficialmente el reconocimiento de Palestina, si bien formaciones como la mía, Compromís, apostamos por ello desde siempre. Con respecto al resto de formaciones, veo que Podemos coincide con nosotros, el PSOE está evolucionando hacia una postura favorable, Ciudadanos se halla dividido y el Partido Popular sabe que Mariano Rajoy no va a tomar ninguna iniciativa al respecto y, todo lo más, secundará los tímidos pasos que llegue a dar la Unión Europea en conjunto.

Qué piensa hacer ahora la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y su presidente Mahmud Abás, para intentar desbloquear el diálogo con Tel Aviv después del mazazo dado por Donald Trump al reconocer Jerusalén como la capital de Israel?

El Consejo Central de la Organización para la Liberación de Palestina pidió el 15 de enero que se suspenda el reconocimiento del Estado de Israel hasta que se reconozca el palestino en las fronteras anteriores a la Guerra de los Seis Días, y que se revoque la anexión israelí de Jerusalem Oriental. También en su declaración final dio por finalizados los Acuerdos de Oslo de 1993 y pidió suspender la coordinación de seguridad con Israel. Además llama a boicotear los asentamientos judíos en Cisjordania y niega el reconocimiento de Israel como “un Estado judío”. Igualmente se condena el reconocimiento de Jerusalem como capital de Israel por parte del presidente Trump, y excluyen a éste de todo papel mediador en un proceso de paz hasta que revoque su declaración.

Se trata de un conjunto de decisiones duras pero que, en mi opinión, pretenden reforzar el liderazgo de la OLP en el seno de la sociedad palestina, en paralelo al proceso de reconciliación con el movimiento islamista Hamás que se abrió con la firma de los acuerdos de El Cairo en octubre de 2017. La unidad de acción palestina es imprescindible para salir del desesperanzador estancamiento actual.

Qué cosas os impactaron más en vuestra incursión a los territorios ocupados. ¿Qué es lo que nunca podréis olvidar?

Recordaré muchas cosas: la dignidad y firmeza de Bassem Tamimi; los altos muros que rodean las ciudades palestinas; el ambiente opresivo de la ciudad vieja de Hebrón bajo las botas militares y la actitud provocadora de los colonos israelíes; los callejones del campo de refugiados de Jazalone, junto a Ramalla, donde se hacinan 15.000 personas malviviendo en ¼ de kilómetro cuadrado mientras enfrente tienen, a 300 metros, una colonia israelí poblada por 6.000 personas que disfrutan de todo tipo de comodidades … El apartheid se percibe en todo tipo de detalles, pero hay uno que me llamó mucho la atención: las casas de una y otra comunidad se distinguen perfectamente, porque las palestinas, incluso las más lujosas, están coronadas por una batería de bidones negros que son acumuladores de agua para hacer frente a los frecuentes momentos de corte del suministro, mientras que las casas israelíes no necesitan de ello porque su suministro está constantemente asegurado. Y el valle de Cremisan, en Belén, donde los viñedos de un convento franciscano están amenazados por una muralla de alambre de espino que pretende segregarlos de su gente. No hay razones objetivas de seguridad para tanta ocupación, sino simple voluntad de doblar el espinazo a un pueblo que no quiere desaparecer.

Muro que separa Belén de Jerusalém

¿Siguen los israelíes con “la historia bíblica” de la lucha del pequeño y bueno David contra el malvado gigante Goliat?

No sé hasta qué punto esa historia seguirá presente en el imaginario israelí, porque su población es, afortunadamente, muy plural y heterogénea, por encima de lo que remarca la propaganda gubernamental. Me impresionó mucho hablar con Nadav Aviman, un ex soldado de las fuerzas especiales israelíes y ahora militante de un movimiento pacifista llamado “Breaking the Silence”, que aglutina veteranos que sirvieron en los territorios ocupados y que han decidido contar las atrocidades que presenciaron. Nadav es un ejemplo para muchísima gente que ama a Israel pero que no está dispuesta a prolongar la injusticia de la ocupación.

También he de destacar trayectorias como la de Meir Margalit, un político pacifista, miembro del Meretz y cofundador en 1978 del Comité Israelí contra la Demolición de Casas Palestinas, un hombre lúcido amante de la convivencia, y ahora muy preocupado por la deriva sectaria e intransigente que se está imprimiendo a la sociedad israelí.

Estas personas, y muchas otras, representan un pensamiento sensato que tiene claro que el conflicto, la represión, la violencia cotidianas, no pueden perdurar. Confío en que pronto se den las condiciones para que Israel cambie de rumbo y entienda que cabe apostar por gobiernos que caminen hacia el entendimiento.

Paradójicamente, los árabes que viven dentro de las fronteras del Estado anteriores a la ocupación de 1967 ya representan el 20% de la población jurídicamente israelí, y han aumentado su fuerza en el parlamento israelí, la Kneset, mediante la conformación de una Lista Unida que se alzó a la tercera posición en las últimas elecciones legislativas, y que tiene a su líder Ahmad Tibi como actual Vicepresidente del parlamento. Posiblemente allí sí que acabe surgiendo un David que derrote a Goliat desde dentro.

 

 

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