Entrevista con Mustafa Barghouti, miembro del Partido del Pueblo Palestino y del Consejo Legislativo de Palestina y exministro de Información

El doctor Mustafa Barghouti es secretario general de la Iniciativa Nacional Palestina (NIP), y fundador y director de la Sociedad de Asistencia Médica Palestina (SAMP). En 2005 perdió las elecciones a la Autoridad Palestina contra Mahmoud Abbas en unos comicios que –como todos los que se celebraron desde la creación del cuerpo de autogobierno provisional luego de los Acuerdos de Oslo de 1993– se desarrollaron en condiciones evidentemente antidemocráticas. Desde entonces, Barghouti es miembro del Consejo Legislativo de Palestina y se desempeñó como ministro de Información durante el breve gobierno de unidad palestina de 2007.

Antiguo miembro del Partido del Pueblo Palestino (ex Partido Comunista Palestino), Barghouti ha sido toda su vida un militante de la democracia y de la resistencia radical pacífica. Figura central en la unidad política del pueblo palestino, trabaja sin descanso desde hace décadas para reunir a los «tres componentes» –los palestinos que viven en los territorios ocupados, los que viven en Israel y los que están en la diáspora– en un proyecto político común.

En esta conversación con Leena Dallasheh para Jacobin, Barghouti insiste en que las potentes manifestaciones de las últimas semanas en la Palestina histórica son solo el comienzo de un movimiento de resistencia más amplio. Discutieron sobre la unidad palestina, el objetivo de generar un proyecto nacional y las estrategias internacionales para promover la causa de la liberación palestina.

El viernes 21 de mayo a las 2 a.m. se declaró el cese de hostilidades entre Israel y Hamas. ¿Podrías hacernos un resumen de la situación en la Ribera Occidental y en la Franja de Gaza?

Las acciones militares se detuvieron completamente, pero la intifada continúa. La rebelión popular en Palestina y las manifestaciones pacíficas siguen su marcha. Hubo un gran número de movilizaciones. La primera fue el viernes a las 2 a.m., cuando se emitió la declaración del cese de hostilidades. La gente salió a la calle espontáneamente. Hubo una enorme concentración en Gaza y luego grandes manifestaciones en Hebrón, Nablus, Ramala, Belén y en muchos otros lugares. El pueblo celebró lo que consideró una victoria.

Ese mismo viernes por la tarde, grandes movilizaciones se enfrentaron al ejército israelí en distintos puntos, sobre todo en Ramala, Nablus, Yenín y Hebrón. El ejército atacó a los manifestantes con bombas de estruendo, gases y hasta balas de goma. En Jerusalén también atacaron a los fieles con bombas de estruendo y gases, aunque la represión fue breve.

Por lo tanto, lo que estamos viendo en este momento, a pesar del cese de hostilidades, es una atmósfera constante de rebelión. En un sentido, el mensaje fue claro: la acción militar puede haber concluido, pero la lucha por la liberación continúa. La lucha para terminar con el sistema de ocupación, la limpieza étnica y el apartheid sigue en pie.

El barrio Sheij Yarrah todavía está cerrado. El ejército lo cerró y no permite que nadie entre al barrio, ni siquiera periodistas o médicos. Mientras tanto, los colonos israelíes tienen libertad para ir y venir, y para hacer lo que quieran.

Hay quienes especulan con que los enfrentamientos que comenzaron en Jerusalén y las protestas que crecieron desde entonces marcan el comienzo de una tercera intifada. ¿Esto es así?

Sí. En realidad, creo que ya estamos en una intifada. Pero cada intifada es muy especial y difiere del resto en virtud de sus características específicas. Las manifestaciones de hoy son una verdadera revuelta. Lo que percibo es un gran nivel de compromiso con los tres principios básicos que definieron la primera intifada: la autorganización, la independencia y el desafío a la ocupación y al sistema de discriminación israelí.

Entonces, creo que esta revuelta continuará, aunque también pienso que esta vez el objetivo es un poco distinto al de las Primera y Segunda intifadas. Los participantes no son los mismos. Hay dos rasgos que habría que tener en cuenta: en primer lugar, hay un nivel de unidad extraordinario y sin precedentes –que no se veía desde 1936– entre todos los componentes del pueblo palestino, ya sea que vivan en el área de 1948 (conocida como Israel), en los territorios palestinos ocupados (la Ribera Occidental, Jerusalén y Gaza) o en la diáspora.

Pero otro elemento –y esto es muy importante– es que la revuelta se sostiene alrededor de un objetivo común. Este es el segundo rasgo al que me refería: el objetivo no es el mismo que antes, no se apunta simplemente a terminar con la ocupación de la Ribera Occidental, Gaza y Jerusalén del Este. Hay algo más. Se trata de terminar con el sistema colonial ilegal y el sistema de apartheid que creó Israel.

De ahí surge la unidad en la lucha. Y la juventud en particular es muy consciente. Esta es una tercera característica: un nivel de participación juvenil sin precedente. Mucha gente joven que nunca antes había participado en política, se une a nosotros con mucho entusiasmo y creo que esto es lo que veremos en los próximos días.

Eso es lo que queremos: queremos que la revuelta continúe hasta que seamos libres, y tomará muchas formas distintas. La lucha es pacífica y pienso que lo que sucedió es que los palestinos se las arreglaron para combinar adecuadamente la resistencia pacífica y la necesidad de defenderse de la represión militar que ejercen los atacantes israelíes.

Como dijiste, mucha gente piensa que la denominada unidad palestina «desde el río hasta el mar» está empezando a concretarse. ¿Podrías explicarnos cuáles son los factores que contribuyen a este proceso de unidad?

Lo que nos unió fue la represión israelí. El informe de Human Rights Watch definió con claridad esta represión, y también lo hizo la organización de derechos humanos israelí, B’Tselem. Pero aun antes, aproximadamente hace dos años, algunas de las autoridades más importantes en derechos humanos del mundo redactaron un informe en el que mostraron que los palestinos en general –los que viven en los territorios ocupados, en las áreas de 1948 y en la diáspora– están sometidos al mismo sistema de apartheid.

Pero, ¿por qué recién ahora se está logrando la unidad?

La lucha maduró y son múltiples los elementos que están en juego. A mucha gente le lleva un tiempo tomar conciencia del tipo de problemas que enfrenta. En el caso de nuestra gente de las áreas 1948, pienso que llegaron al punto de comprender que el movimiento sionista nunca garantizará la igualdad. Esto significa que, si el sistema permanece tal cual es, siempre serán ciudadanos de cuarta o quinta categoría. Sobre todo después de la aprobación de la ley racista en Knéset, la ley del Estado-nación.

La ley dice que la «Tierra de Israel» –así llaman a la Palestina histórica– está sometida exclusivamente a la autodeterminación del pueblo judío.

Pienso que la gente palestina que vive en Israel llegó al punto de comprender que no conquistará la igualdad a menos que logre derrocar el sistema. Lo mismo vale para la Ribera Occidental. A pesar de que en la Ribera estamos bajo ocupación militar, sufrimos el sistema de apartheid en igual medida, o incluso tal vez lo sufrimos más.

En mi opinión, el pueblo llegó a un punto en el que comprende exactamente lo que está sucediendo y decidió actuar. Por supuesto, los gatillos fueron, como siempre, Jerusalén y la mezquita de Al-Aqsa.

Me interesa hablar de Jerusalén. La última ronda de conflictos, sobre todo en la Ribera Occidental, se concentró alrededor de Jerusalén y, de hecho, la Autoridad Palestina utilizó Jerusalén como una excusa para posponer las elecciones presidenciales y legislativas.

La excusa que utilizó la Autoridad Palestina, es decir, la idea de que los residentes árabes de Jerusalén Este no podían participar del proceso, fue incorrecta. La Autoridad Palestina temía el resultado de las elecciones. Nosotros [la Iniciativa Nacional Palestina] no hubiésemos aceptado unas elecciones sin Jerusalén. Esto sería imposible. Pero llegamos a la conclusión de que podíamos desarrollar las elecciones independientemente de las objeciones y de las restricciones de Israel. Queríamos transformar las elecciones de Jerusalén en una oportunidad para realizar actividades de resistencia pacíficas. Y todavía creo que esta hubiese sido la mejor oportunidad para mostrarle al mundo que la gente está intentando votar y el ejército israelí no se lo permite. ¿Qué imagen podría mostrar mejor el sistema de apartheid de Israel?

Desafortunadamente, la Autoridad utilizó a Jerusalén como una excusa y quiso mostrar a la gente que pedía elecciones como si se opusieran a que Jerusalén votara. Pero eso no es cierto. Discutimos esto en el Cairo y decidimos en conjunto que si Israel no permitía que se desarrollaran las elecciones, avanzaríamos de todas maneras mediante la realización de acciones de resistencia pacíficas.

Por cierto, la exigencia de la Autoridad es equivalente a la que se incluyó en el proceso de Oslo, es decir, restringir el número de palestinos elegibles y que votan en Jerusalén Este. Este procedimiento es insultante para el pueblo Palestino y no deberíamos haberlo aceptado.

No deberíamos seguir aceptándolo ahora y queremos algo distinto. ¿Por qué restringir el voto a solo 6500 personas, votar a través del correo, como si se estuviese votando en otro país, y no permitir que la comisión central de las elecciones esté presente durante el proceso? En 2005, cuando me postulé a la presidencia, Israel prohibió las campañas. Por eso fui arrestado cuatro veces en un mes. Cada vez que iba a Jerusalén, era arrestado.

Las adendas de Oslo fueron modificadas por Israel en 2005 y en 2006. Ese es el motivo por el que pensamos que la exigencia de esa misma disposición es insultante y tenemos que seguir insistiendo en que toda la gente en Jerusalén tiene derecho a votar.

Más allá de las elecciones, Jerusalén parece estar convirtiéndose en un sitio cada vez más disputado, tanto por palestinos como por israelíes. Por supuesto, Jerusalén siempre fue importante, pero, ¿por qué es el epicentro de todas las confrontaciones recientes?

Esto no es nuevo. Es así desde los tiempos de las cruzadas. El punto clave en la lucha para liberar a Palestina de los Cruzados fue Jerusalén. Jerusalén siempre fue importante. Es el sitio donde nacieron tres religiones y en esa zona hay tres sitios religiosos importantes.

Los judíos tienen acceso pleno a Jerusalén, independientemente del lugar del mundo en el que vivan, mientras que los palestinos y los musulmanes no lo tienen, ni siquiera aquellos que viven en la Ribera Occidental o en Gaza. Esta restricción a la libertad religiosa es un factor importante.

Pero el motivo más específico fue, por supuesto, el ataque a los fieles de Jerusalén. Y el otro problema son los colonos que ocupan Jerusalén Este. Los colonos israelíes invaden la mezquita de Al-Aqsa y promueven la idea de judaizar la región. Es una provocación muy fuerte. Es una mezcla entre provocación religiosa y provocación nacional.

La ronda anterior de conflictos al comienzo del Ramadán se desarrolló en B?b al-??m?d (Puerta de Damasco). Y antes de los desalojos de Sheij Yarrah hubo un conflicto similar en Silwan, también en Jerusalén. Todo indica que la incursión colonial es cada vez más fuerte en Jerusalén Este.

Absolutamente. En Silwan están intentando desalojar 120 hogares. En Sheij Yarrah quieren desalojar a 500 personas. Toda esa gente sufrió la limpieza étnica de 1948 y ahora quieren repetirla y reemplazar a las personas que viven ahí con colonos legales que no tienen ningún tipo de relación con el lugar ni son los propietarios.

B?b al-??m?d fue otro ejemplo de región que los israelíes intentaron ocupar. Es el sitio en el que la gente solía tomar aire y relajarse durante el Ramadán. Lo que sucede en Jerusalén es que la gente está siendo atacada en sus lugares religiosos y en sus hogares.

Jerusalén también es un lugar muy importante en términos políticos: es la capital de Palestina. No debemos olvidar que Camp David, en particular las últimas negociaciones de Camp David entre [Yasser] Arafat y [Ehud] Barak, fracasaron específicamente a causa de Jerusalén. Fue eso lo que llevó a la Segunda Intifada.

Me gustaría saber cuáles son las perspectivas de revitalizar un proyecto político nacional palestino. ¿Cómo sería en términos concretos?

Pienso que el proyecto político debe incluir al menos cuatro elementos. En primer lugar, hay que terminar completa y totalmente con la ocupación, incluyendo la ocupación de Jerusalén Este. En segundo lugar debemos garantizarles el derecho a retornar a todos los refugiados palestinos a los que se obligó a abandonar el país. Tercero, terminar con el sistema de ocupación colonial y, cuarto, terminar con el sistema de apartheid en todos los sitios de la Palestina histórica.

Una vez que se termine con el sistema de apartheid racista, los refugiados volverán. No deberían sufrir ningún tipo de discriminación. Esta gente tiene derecho a volver del mismo modo en que se les permite ahora a los judíos volver a Palestina y obtener la ciudadanía israelí en el aeropuerto, sin importar dónde vivían ni quiénes son. En este momento, a los palestinos que vivieron aquí durante miles de años se los priva del derecho a permanecer en su tierra. Hasta quienes viven en Jerusalén deben demostrar que están autorizados a una estadía temporaria.

Imagínense: ocupan su ciudad –Jerusalén Este– y luego convierten a todo el mundo en residentes temporarios, mientras los colonos israelíes se transforman en residentes permanentes. No creo que nunca antes haya existido un sistema de apartheid como este. Es mucho peor que el que construyeron en Sudáfrica.

Estoy de acuerdo. Pero entonces, ¿hay una forma de salir adelante?

Debemos fundar la unidad palestina en términos políticos. Necesitamos una dirección palestina unificada que conduzca una resistencia pacífica y necesitamos una estrategia para implementar un nuevo proyecto a nivel nacional, alternativo a todo lo que fracasó en el pasado, especialmente el proceso de Oslo y los Acuerdos de Oslo. Además, hay que combatir la idea de que las negociaciones, sin ninguna lucha que las acompañe, bastarán para modificar la relación de fuerzas.

¿Esta estrategia tiene un componente internacional?

Por supuesto. La estrategia que proponemos desde hace cinco años –y creo que está siendo adoptada total o parcialmente por otros grupos– tiene 6 reivindicaciones. Primero, la resistencia popular pacífica. Segundo, el boicot, la desinversión y las sanciones, a nivel internacional y local. Tercero, el mantenimiento de la resistencia del pueblo [Sumud en árabe: quedarse en la tierra y resistir]. Este es la mejor forma de mantener al pueblo palestino en el territorio. Cuarto, la unidad del pueblo y el establecimiento de una dirección nacional unificada. Quinto, la integración y la unidad de la lucha de los tres componentes [los palestinos de los territorios ocupados, los de Israel y los de la diáspora].

Por último, trabajar junto a todos los judíos progresistas del mundo. Queremos trabajar junto a todos aquellos que se opongan al apartheid israelí y a la ocupación, todos aquellos que ven lo que está haciendo Israel y se dan cuenta de que está dañando realmente la reputación del pueblo judío. Lo que Israel está haciendo es contradecir los valores morales en los que cree el pueblo judío. Y ese es el motivo por el que creo que este sexto punto es tan importante para hacer de la liberación palestina una lucha articulada.

Jacobinlat.com

2 Comentarios

  1. «Palestina será libre», cabecera del panfleto. Los dirigentes islamistas nunca han querido tener un Estado porque ello supondría tener que gobernar, legislar y soportar responsabilidades. Desde el punto de vista terrorista es mejor manejar las subvenciones contra el Estado de Israel, que sí aceptó el mandato de la ONU. Ese es el único objetivo de Mustafá y sus correligionarios: borrar a Israel de la faz de la Tierra.

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