Hay pocas cosas que, por mucho que intentemos imaginar, jamás llegaremos a comprender y sentir lo que suponen. Una de ellas es ver como nuestros hijos, con apenas unos años de vida, han de lidiar con el dolor que el bullying les causa y que, en el peor de los casos, ha llevado a decenas de niños al suicidio. Después vienen los lamentos y las culpas de quien muchas veces ha calificado y situado en «cosas de niños» un abuso en toda regla. Toda una justificación nacida alrededor de la broma y una institución educativa que apenas mueve ficha para evitar algo tan aberrante como el bullying y los efectos, marcas y secuelas que deja de por vida no sólo al que acosan, vejan y humillan, sino a todos los de su alrededor que sufren impotentes mientras ven como, poco a poco, se apagan miles de vidas cada año.

Medidas desesperanzadoras frente a datos todavía peores

Según datos de la Asociación NACE, uno de cada cinco niños escolarizados en España sufre bullying y tan sólo el 15% de las víctimas se atreven a contarlo a familiares, tutores o profesores. Este no se reproduce necesariamente como una vejación física constante que deja marcas en la piel, sino que puede ir en forma de comentarios o actitudes que no siempre necesitan poner la mano encima para dejar huella en la víctima. El papel de los profesores, padres, madres y tutores es esencial. No sólo para poder identificar si el niño o niña está sufriendo por el bullying sino para conocer si su hijo o hija también es quien lo pone en práctica con sus compañeros. De hecho, el papel de los padres es, en este caso, el más importante, y muchas veces se encuentra en ellos las razones por las que el niño que abusa del resto o tiene conductas que ponen en peligro a quienes le rodean.

Asimismo, las nuevas formas de bullying no sólo se limitan a lo físico y las nuevas tecnologías potencian, precisamente, un nuevo mecanismo de abuso que se realiza a través de la pantalla. Gracias a la ONG Bullying sin fronteras, conocemos que «el acoso escolar o bullying se cobra alrededor de 200 mil suicidios al año entre jóvenes de entre 14 y 28 años según un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud junto a Naciones Unidas». Además, en Europa se encuentran los países con un mayor número de niños que sufren acoso escolar entre los que España ocupa uno de los primeros puestos. En estos casos, la prevención es la mejor arma para evitar los desagradables episodios que tanto el niño como familia y amigos sufren cuando el abuso comienza. Toda una serie de protocolos hechos que deben respetarse, así como ampliarse, pues se han demostrado o bien ineficaces o insuficientes en toda una labor de prevención que tiene como último y mayor exponente la muerte del menor.

Bullying

Esta ONG revela que los casos más graves son los acontecidos en la Comunidad de Madrid, Murcia y Cataluña, como también que hay un incremento de la violencia en los chicos españoles y este tipo de abuso es causante directo de más de 200 muertes al año. Unas muertes que dejan un profundo dolor en las familias y que de ninguna de las maneras es reparable. Para prevenirlo, además de una tutela que debe de realizarse para anticipar semejantes comportamientos, la figura del colegio y los educadores es primordial en la garantía de un aprendizaje que rechace, por completo, tales abusos desde un primer momento y no den cabida al bullying dentro de sus paredes y aulas.

La importancia de las instituciones educativas, padres, madres y tutores

Que los niños y niñas víctimas del bullying no encuentren otra salida que la muerte, revela no sólo la crueldad de toda una práctica tremendamente común en España, sino la necesidad de una actuación rápida que tenga en cuenta la inacción de los padres de los niños que provocan el bullying y que no atienden a sus obligaciones, las cuales acaban en forma de acoso. Toda una institución educativa que ha de afrontar los retos que suponen los altos índices de acoso en el país y que se acumulan sin una respuesta acorde a la emergencia que supone.

Hay padres y madres para los que ya es demasiado tarde. A los que se les queda un vacío indescriptible que no se puede llenar de ninguna de las formas. Un dolor tan profundo y agudo que retuerce sus entrañas de manera insoportable. Por otra parte, hay padres, madres, profesores y docentes que todavía están a tiempo de evitar tanto los episodios de acoso que supone como las consecuencias que traen consigo. Hay quien está a tiempo de evitar la pesadilla; la propia y la de los demás. Abrir los ojos y querer tomar partido en algo tan razonable parece que todavía cuesta. A los niños y niñas a los que el colegio y las instituciones educativas han abandonado, así como a los padres de los mismos, se les debe una protección y unos derechos. Luchar contra la invisibilización de un problema tan serio y cotidiano es el primer paso para llegar a su solución.

1 Comentario

  1. Asistencia sicológica y seguimiento por parte de claustro de profesores y tutores incluida obligatoriamente en colegios desde la niñez a adultos.
    Cuántos problemas de malos tratos, marginación y bullying se evitarían.
    Más protección jurídica y policial, para eso les pagamos el sueldo

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