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A lo largo del siglo XX las mujeres se fueron incorporando a la mayoría de las actividades económicas y sociales. Sin embargo, su participación en la política activa ha ido más lenta. Este problema permaneció invisible durante mucho tiempo para los gobiernos y las organizaciones internacionales.

La paridad de las mujeres en política

El primer país del mundo que aprobó una ley de cuotas de género fue Argentina, en 1991. El mínimo de representación femenina se fijó en el 30%.

En Francia, desde finales de los setenta del siglo pasado comenzaron los debates en torno a la presencia femenina en los órganos de Gobierno. Primero, fijando cuotas y luego hablando de alcanzar la paridad, entendida como que la representación de mujeres (y hombres) no fuese en ningún caso inferior al 40%. En el año 2000 se aprobó finalmente la Ley de Paridad.

El debate francés en torno a este tema tuvo su controversia. Los republicanos más ortodoxos consideraban que legislar la paridad era contraria al universalismo promovido por los principios de la República Francesa, porque agrupa a los ciudadanos en categorías. El voto a favor de las reformas puso fin a la controversia.

La implementación de esta ley en 2001 resultó en un aumento de la proporción de mujeres concejalas del 25,7% al 47,5%, en los municipios con más de 3 500 habitantes.

Aunque a fecha de hoy en la mayoría de los países las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en política, en los últimos años las cosas han ido cambiando.

Por un lado, hay países como Italia, Portugal, Bélgica, Luxemburgo o España que también han aprobado leyes al respecto, que establecen la paridad (entre el 40 y el 60%, según los casos) en las listas electorales.

Por otro lado, las altas cifras de participación de mujeres en política ya no es solo cosa de países occidentales, con Noruega y Finlandia como referentes, sino que también en muchos otros países las mujeres se han ido incorporando a la política.

España y la paridad en política

En España, la Ley de Igualdad fue aprobada por el Parlamento el 15 de marzo de 2007 y aplicada en las elecciones municipales y autonómicas celebradas el 27 de mayo de ese mismo año.

Esta ley establece un mínimo del 40% para cada género en cada lista electoral, excepto en los municipios de menos de 3 000 habitantes y en las islas de menos de 5 000 habitantes.

Las elecciones celebradas el 9 de marzo de 2008 produjeron el primer Parlamento equilibrado en la historia española.

España ha tenido gobiernos paritarios en las legislaturas presididas por José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) y por Pedro Sánchez Castejón (2018-). Pese a ello, el porcentaje de mujeres que alcanzan puestos de responsabilidad en la política sigue siendo inferior al de los hombres.

No obstante, a nivel local el fenómeno es otro. En nuestro trabajo Women Mayors and Management of Spanish Councils: An Empirical Analysis, publicado en 2018, pudimos observar que solo en el 13,4% de los ayuntamientos españoles había una mujer al frente del consistorio.

Esta cifra es posible pese a la Ley de Paridad porque la misma establece que el 40% de los miembros de cada lista debe ser mujer (u hombre), pero no dice nada de cuál debe ser el género de la persona que encabeza la lista, que es el candidato a alcalde de cada partido político.

¿El género del líder determina cómo se gestionan las crisis?

Mujeres y hombres tienen estilos diferentes de liderazgo tanto en la gestión empresarial como en la política. Las mujeres tienen actitudes más humanitarias, están más preocupadas por el bienestar de otras personas y presentan más aversión al riesgo.

Estas características han podido influir en que muchos países gobernados por mujeres se encuentren entre los que mejor han afrontado la crisis del covid-19 (Alemania, Nueva Zelanda, Taiwan, Finlandia…).

Nuestras investigaciones nos han permitido observar que el género de los regidores también afecta a la gestión de los gobiernos locales: los ayuntamientos presididos por mujeres tienen un mayor gasto en seguridad, protección y promoción social.

Aunque en España la gestión local no tiene competencias en el área sanitaria, los ayuntamientos pueden, a partir de sus presupuestos, ayudar en crisis como la del coronavirus mediante:

  • Campañas de información, concienciación y seguimiento (sobre rebrotes y nuevas oleadas de contagio).

  • Concesión de ayudas sociales.

  • Bonificación de impuestos.

  • Dotación de recursos para el teletrabajo.

  • Ayuda a domicilio a personas mayores, etcétera.

La paridad política todavía es relativa. Sería necesario revisar los métodos actuales de confección de listas electorales, de modo que las mujeres políticas realmente opten a ocupar cargos de decisión. En estos tiempos urgentes quizás sea necesario contar con gestores que tiendan a buscar el bienestar, la protección y la seguridad de los ciudadanos.

Aunque la gobiernos locales no tengan competencias directas sobre la sanidad, sí que pueden atender a los sectores de la población más desfavorecidos. Para ello solo se necesita visión, coraje y empatía.

The Conversation

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