Luis Miguel Sánchez Seseña
Economista


El «sinhogarismo» constituye una de las formas más extremas de pobreza, que responde a múltiples factores estructurales, socioeconómicos o individuales, y que desembocan en la falta de hogar. Es el capitalismo, en su versión más despiadada e individualista.

Cada noche en Europa, al menos 700.000 personas duermen en la calle, y once millones tienen problemas de vivienda en el viejo Continente. Esa otra Europa, la de los desahuciados que residen en la calle o en centros de acogida, ha quedado reflejada en múltiples informes elaborados por fundaciones y entidades sociales. 

El empeoramiento y la precarización del mercado laboral, el insuficiente acceso a la vivienda pública y el incremento de las desigualdades, han motivado un aumento de las personas que tienen que dormir en la calle en todas las ciudades importantes de Europa. La cifra de personas sin hogar aumentó en la mayoría de los países europeos y se disparó en Alemania e Irlanda. De hecho, solo Finlandia y Suecia han logrado bajar la cantidad de personas sin hogar. El primero de ellos consiguió una caída del 18 % gracias a una política que considera a la vivienda como un derecho fundamental y no como «un problema social inevitable» vinculado con conflictos personales.

El sinhogarismo -término con el que nos referirnos a este fenómeno desde hace relativamente poco tiempo- es una lacra para la sociedad, un problema estructural intrínseco al modelo neoliberal / individualista, que va más allá del concepto -muchas veces estigmatizado- de “personas sin techo”. 

Se calcula que cerca de 40.000 personas carecen de una vivienda segura y permanente en España. Poco más de la mitad, acuden a albergues y el resto no reciben ningún tipo de atención. De las personas sin hogar, ocho de cada diez son hombres: solo hay un 20% de mujeres, aunque la tendencia es a aumentar.

La esperanza de vida para estas personas es 20 años menor que la de la población general. En su día a día, son víctimas de violencia, en un entorno hostil. En ocasiones sufren las consecuencias de la aporofobia. Según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, cada 18 días una persona sin hogar es agredida y, cada seis, una muere en la calle. Llamar «muerte natural» a morir en la calle es un eufemismo y una forma de esconder una vergonzosa realidad.

Asimismo, la falta de vivienda repercute en la vulneración de otros derechos, como el derecho a la seguridad o a la salud. 

Las condiciones de vida de este colectivo son un agravante significativo, dando lugar a enfermedades o empeorando las ya existentes. No se pueden seguir tratamientos médicos cuando se está en la calle. De la misma forma, diversos estudios sobre salud mental sitúan la tasa de esquizofrenia en personas sin hogar entre un 4 % y un 13 %, y la de depresión entre un 2 % y un 20 %. A más tiempo en la calle, mayor deterioro de la salud, y mayor riesgo de caer en adiciones/alcoholismo o contraer enfermedades. 

Los problemas económicos son la principal causa que desencadena esta situación, además de los problemas laborales y de tipo familiar y/o de pareja. La ‘Fundación Hogar Sí’ recuerda que el sinhogarismo es una etapa más de la vida de muchas personas: casi un 5% de la población la experimenta alguna vez. 

Evidentemente las políticas diseñadas y presupuestas -tanto las gubernamentales, autonómicas como municipales-, condicionan en gran medida la situación y los problemas relacionados con la vivienda: ayudas al alquiler, impago, registro de solicitantes, pobreza energética, emergencias por terminación de contrato, subida de precios inasumibles, familias especialmente vulnerables, desahucios, expulsiones intrafamiliares, etc.

Así, según cifras del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), durante 2017 se llevaron a cabo en España 100 desahucios al día por impago de alquiler -es decir, cada hora cuatro familias se han quedado en la calle-; somos uno de los países europeos con menor porcentaje de vivienda pública y social (VPO) -el propio Ministerio de Fomento reconoce esta escasez de promoción de la vivienda social-; el último censo de vivienda del INE de 2011 recoge 3.443.365 viviendas vacías, de ellas 13.504 son viviendas protegidas de las Administraciones Públicas; el presupuesto total destinado a vivienda pública se ha recortado un 75% en los últimos 8 años.

La buena noticia es que estamos ante un problema solucionable. La estimación de personas sin vivienda no es una cifra inasumible para España, si existe voluntad e iniciativa política, y se entiende la gran responsabilidad de encargarse de la tarea de dar cumplimiento a un derecho consagrado en la Constitución (aunque para algunas esto se entienda como “la caseta del perro”).

La clave podría estar en introducir en España la metodología Housing First. El modelo se ha extendido por Europa, con notables éxitos en Suecia y Finlandia. La diferencia con respecto a los programas sociales tradicionales es que el alojamiento en una vivienda social es el principio, no el final del proceso. Cuando la Administración echa cuentas resulta además que el sistema “Lo primero la vivienda” es más barato, porque estas personas hacen un uso mucho más eficiente de los recursos públicos. Por ejemplo, en lugar de a urgencias, empiezan a acudir al médico de cabecera y la mejora es inmediata. Aumenta la autoestima de estas personas, al recobrar la capacidad de decisión sobre sus vidas. 

Además, se respeta su derecho constitucional. Entre los contenidos del Capítulo Tercero del Título I de la Constitución Española, bajo el título “De los principios rectores de la política social y económica” se incluye el artículo 47 que empieza su redactado diciendo: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.” Eso es lo que dice la Ley de leyes.

¿Por dónde empezar?

Quizás por recuperar la función social de la vivienda. La política de vivienda debe ser integral y la vivienda social debe considerarse un equipamiento público Esto implica crear reservas de suelo dotacional en los planes de vivienda.

Por otra parte, es necesaria una política de promoción de uso de la vivienda vacía para destinarla a vivienda social en alquiler, ante la realidad de “casas sin personas y personas sin casas”.

Asimismo, es imprescindible aumentar el parque público de vivienda en alquiler. La vivienda pública es imprescindible para garantizar el acceso de las personas sin hogar porque ofrece permanencia, seguridad, adecuación y asequibilidad. No perder el parque público de vivienda existente, conservándolo con el adecuado mantenimiento.

Fundamental en esta estrategia es regular e intervenir el mercado de alquiler para garantizar condiciones estables y asequibles (el ejemplo a imitar es la ciudad de Viena).

De la misma forma, es importante: adaptar las ayudas al alquiler de las familias vulnerables y a la realidad del territorio; buscar soluciones (alternativas habitacionales) que se adapten a las circunstancias sociales y económicas de las familias afectadas por desahucios; impulsar una nueva figura de apartahotel social temporal para situaciones de familias con menores que necesitan una vivienda urgente porque están en la calle o en condiciones infrahumanas; incluir los pisos compartidos y los pisos de inclusión en la cartera de servicios sociales a través de los Ayuntamientos. Todo ello incluido en un plan para sustituir los actuales albergues.

Nuevas líneas de intervención como el fomento de la repoblación de pueblos abandonados y deshabitados o la entrega de llaves exprés de casas y módulos prefabricados (40 m2/persona) con dotación y autoabastecimiento con energías renovables (solar y eólica) y servicios comunes (sala de lavadoras y secadoras de ropa).

Por otra parte, derogar algunos artículos de la Ley 4/2015, de 30 de marzo (conocida como Ley Mordaza), en la medida que criminaliza la pobreza y hace que la vida de las personas en exclusión social sea aún más difícil.

Por último, comentar que el 7 de diciembre está convocada “La noche sin hogar” (www.lanochesinhogar.org) un evento inédito en nuestro país que mezcla solidaridad, música, humor, arte urbano, debates sobre sinhogarismo… y miles de personas durmiendo al raso en el Matadero de Madrid. Que sea por fiesta y no por necesidad.