Por Anna María Mellado García, secretaria de Mujeres e Igualdad de CCOO Región de Murcia.

Fotografía de Txefe Betancort.

Desde la pandemia las mujeres han sido noticia en todo el mundo por ejercer profesiones esenciales que las han situado en primera línea, precisamente en sectores altamente feminizados como el sanitario, el sociosanitario o el de servicios. Desde la perspectiva feminista también se ha tratado de dar relevancia al hecho de que las mujeres se han visto obligadas cultural y secularmente a proporcionar cuidados sin que esta dedicación haya sido valorada, ni siquiera en tiempos de emergencia sanitaria.

A la necesidad de la integración de las tecnologías o la emergencia climática en las nuevas realidades del trabajo, ahora es necesario de forma urgente integrar también la emergencia sanitaria, lo cual transformará no solo las relaciones laborales sino también las realidades educativas, socioculturales, políticas o éticas.

La adaptación de los entornos y modalidades de trabajo no deben suponer la vuelta al hogar de millones de trabajadoras en el mundo, ni la obligación de alternar su profesión con el trabajo de los cuidados, como puede ocurrir con el teletrabajo, provocando discriminaciones por razón de sexo o desatando riesgos psicosociales sin precedentes que serán difíciles de prevenir y de tratar. El desafío de la integración de la perspectiva feminista no es nuevo, sin embargo en los planes de reactivación y reconstrucción del empleo, las políticas globales con perspectiva de género no son prioritarias en los países europeos. En todo caso en algunos estados se concede a las trabajadoras una línea “preferente” de actuación como la gestión de medidas para la conciliación familiar, asumiendo de facto la perpetuación del papel de las mujeres como organizadoras del hogar en tiempos de crisis. Por otra parte, la violencia de género, lacra planetaria aún sin erradicar, agravada durante los períodos de confinamiento y cuya magnitud aún no ha podido ser evaluada, tendrá que ser combatida con planes claros y contundentes ahora más que nunca, para impedir que se disparen los efectos de esta otra pandemia mundial.

Si el entorno laboral de las mujeres previo a la COVID-19 se ha caracterizado por la precariedad laboral, el desempleo, los obstáculos en la promoción laboral, las brechas de género y la violencia sexual, los nuevos escenarios condicionados por esta o futuras pandemias aumentarán los niveles de vulnerabilidad de las mujeres, agravando la feminización de la pobreza. En consecuencia no son justificables políticas decididas unilateralmente sin contar con agentes sociales, como la reciente comunicación de ejecución del Consejo de Europa, por la que se concede préstamos a España para atenuar los riesgos de desempleo en la situación de emergencia a raíz de la pandemia de COVID-19 sin ninguna evaluación de impacto, con la endeble justificación de urgencia de la propuesta. Existen cientos de informes cuantitativos y cualitativos, nacionales e internacionales, que justifican la necesidad de valorar el impacto de género, sobre todo en tiempos de crisis, implementando políticas desde una perspectiva feminista. No en vano Naciones Unidas acaba de establecer como objetivo prioritario de la organización la protección de los derechos de las mujeres y de las niñas. Sin embargo la gestión financiera de los fondos europeos en tiempos de pandemia se manifiesta masculina, insolidaria y excluyente, imbuida del más rancio sexismo. Con suerte, se propondrá alguna exigua línea de crédito vinculada a proyectos de índole social, destinados a la formación y reinserción laboral de las mujeres, que previamente habrán sido expulsadas del mercado laboral sin miramientos, porque sus condiciones de desigualdad, discriminación y vulnerabilidad no habrán sido tenidas en cuenta ni siquiera en tiempos de crisis. Mujeres que están en primera línea en la lucha contra la pandemia, mujeres que se responsabilizan solas de hogares con dependientes, menores y mayores, mujeres inmigrantes, refugiadas, acosadas y tratadas sin equidad desde el poder patriarcal. Desde el feminismo rechazamos las concesiones y las dádivas del proteccionismo machista, reivindicamos la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos, el respeto y la valoración del trabajo desarrollado por las mujeres. Luchamos por erradicar el sexismo de la sociedad y transformar la cultura empresarial para que permitan ejercer la corresponsabilidad y la conciliación de la vida personal, laboral y familiar y en definitiva el desarrollo de una sociedad humanitaria, ética y responsable.

Solo políticas eficaces que integren la perspectiva de género podrán garantizar equidad y justicia. Abordar los retos venideros con políticas de reconstrucción de empleo y mesas de diálogo social, que partan de diagnósticos rigurosos y medidas con perspectiva feminista, son indispensables para combatir la discriminación y las desigualdades entre mujeres y hombres perpetuadas por el patriarcado y el capitalismo.

El sindicalismo de clase debe estar preparado para dar respuesta a la clase trabajadora en tiempos de incertidumbre económica, de emergencia sanitaria y ante las nuevas realidades del trabajo. Pero no debe dejar nadie atrás, ese es el firme compromiso de CCOO, que integra la perspectiva de género en su acción sindical y en la lucha por la transformación de una estructura sociolaboral discriminatoria en entornos laborales y sociales humanos, corresponsables y éticos.