Este libro intenta recuperar el misterio de la vida como trama. La mirada fragmentada nos ha llevado a separarnos de la naturaleza y considerarnos por fuera de ella. Desde esta concepción, hemos desarrollado un sistema productivo voraz que quiebra la armonía con los ciclos de la vida. El deterioro de nuestro entorno, el cambio climático, la contaminación, el individualismo, la competitividad y la falta de colaboración son consecuencias de esa mirada sesgada en el fragmento, la eficiencia, la mente.

Lo que aquí se plantea es volver a sumergirnos en la trama, en el entre que nace de esa configuración de la cual somos parte y que se reconfigura de manera constante. La piel se entiende como borde que contiene, pero que a su vez refleja la capacidad de intercambio con todo lo que nos rodea. Es decir, involucra la conciencia de seres entramados. El diseño concebido en la trama nos involucra a nosotros mismos como seres inmersos en la naturaleza. Comprometidos afectivamente con nuestro sistema vital.

PIEL, ESPIRAL: LA FORMA DE PENSAR O PENSAR EN LA FORMA 

En general, pienso en imágenes, y las ideas o conceptos surgen de las formas. Son formas que me involucran corporalmente, previas a cualquier idea. 

En el 2019 publiqué el libro La metáfora de la piel: sobre el diseño de la vestimenta. Sabía que ese libro tenía forma de espiral. Entendí esa idea de la piel como una metáfora conectora, dentro-fuera, que se configura en cada giro entre mi cuerpo y el mundo, entre mi dedo y el teclado de la computadora, entre las diferentes presiones y contactos. Pensé la piel desde esa espiral interior-exterior, porque lo que se toca nos toca y pone en movimiento ese borde que nos contiene y conecta. Algo así como la respiración, que en cada inhalación se apropia del exterior adentrando el aire, alimento, latido, y en cada exhalación deshecha y marca la continuidad de mi aliento más allá de mí. 

La espiral habla de la energía cíclica y transformadora.

Gregory Bateson, famoso biólogo norteamericano que describe la inteligencia de todo ser desde su capacidad de supervivencia, ha dicho que todo aquello que tiene forma de espiral alguna vez tuvo vida.

Me interesaba adentrarme en esa forma energética conectora y vital que en cada giro va cambiando la mirada y amplía el radio del recorrido, del pasado al futuro, del átomo al universo y viceversa.

La espiral siempre me atrajo.

Cuando hacía obras de arquitectura, en alguna superficie dejaba impresa una espiral. Me gustaba ese gesto y la huella de aquello que podía seguir expandiéndose o achicándose eternamente. Ese signo bello y tan presente en textiles y tatuajes de múltiples culturas originarias.

¿De dónde surge esa representación de la espiral?

Nassim Haramein, un investigador en física atómica, en una de sus conferencias, representó un cambio de vista del sistema solar que me conmovió. Al inicio del video se observa al sol estático en el centro y los planetas girando cada uno en sus órbitas independientes, pero de repente cambia el punto de vista y se ve al sol desplazarse a gran velocidad. A partir de allí, lo que cobra protagonismo es la estela, más allá de los planetas en sí. En lugar de órbitas independientes, conforman una trama conjunta, espiralada, helicoidal, sumamente dinámica en torno al sol.

Me descubrí en el vértigo de estar navegando en el cosmos en ese planeta azul. 

Endeble.

Expuesta a la transformación del universo. Porque las formas nos conforman.

Haramein vincula ese recorrido en espiral al crecimiento de las plantas, las semillas, los caracoles, las galaxias y hasta el ADN. 

Me conmovió ver esa matriz de energía conectora y sentirme inmersa. Siempre me llamaron la atención las múltiples formas de crecimiento del mundo vegetal, comprendí que esa morfogénesis de las hojas y las flores en torno al tallo describe infinitas estrategias de relación con el sol.

Así también lo vio Friedensreich Hundertwasser, el artista vienés que se convirtió en uno de los primeros ecologistas. Desde la espiral, entendió la conexión entre su cuerpo, su ropa, su identidad, su territorio, el planeta y el cosmos, que describió como «la teoría de las cinco pieles». Porque la piel contiene y se pronuncia en las múltiples formas de vinculación entre una capa y otra y otra como continuidad vital. En oposición a la arquitectura racionalista que refiere a la vivienda como «la máquina de habitar», él, por el contrario, proyectó la casa como un ente vivo, capaz de deglutir sus propios desperdicios, incorporándola a los ciclos de la naturaleza. Entender el mundo desde la piel es sumergirse en el misterio de las conexiones. En un cuerpo poroso, interior-exterior. Un cuerpo-mundo contenido en esa espiral.

DATOS TÉCNICOS

Autora: Andrea Saltzman

Título: PIEL ENTRE PIEL. EN LA ESPIRAL DE LA VIDA

Editorial: Huso, Madrid 2022

Encuadernación: Rústica con solapas

Nº de páginas: 96

ISBN: 978-84-124356-8-9

Depósito legal: M-12312-2022

ANDREA SALTZMAN

Andrea Saltzman es profesora de Diseño de Indumentaria y Textil en la Universidad de Buenos Aires y profesora de la Maestría de Diseño Interactivo FADU-UBA.

En su interés por la forma, el cuerpo y el espacio se encuentra una temprana formación en la danza, en la plástica y luego en la Arquitectura, en la que es egresada de la UBA. 

Su tesis doctoral en la Universidad Politécnica de Madrid refiere al diseño desde la metáfora de la piel.

Es autora de los libros El cuerpo diseñado y La metáfora de la piel, de editorial Paidos.

Ha realizado múltiples intervenciones performáticas y curadurías en espacios públicos y en museos de Buenos Aires, como el MALBA, el Centro Cultural Recoleta, el MARQ, la Fundación Proa y el Centro Cultural San Martín, entre otros, así como en la Bienal de La Habana y en la Casa de América, Madrid.

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