Se sabe que antes de su importante encuentro con Sócrates en el 407 a. C. Platón fue un destacado dramaturgo y poeta. No es de extrañar que sus diálogos todavía atraigan la atención de los lectores con imágenes vívidas y el poder de la imaginación poética. Sin embargo, el talento literario de Platón se manifestó no solo en un estilo elegante, sino también en la composición de sus obras.

Los diálogos de no ficción son un género que nos resulta familiar en la actualidad. Por lo general, un científico o filósofo expresa sus puntos de vista en forma de tratado, un gran monólogo. Pero en la cultura europea durante mucho tiempo hubo una tradición de utilizar el principio dramático de la organización del texto en obras de este tipo. Copérnico, Galileo, Descartes: muchos de sus descubrimientos se registran en forma de conversación.

El caso es que esta forma refleja mejor el proceso de pensamiento, que, por regla general, también es progresivo: pregunta – respuesta, pregunta – respuesta … Esto es lo que solemos llamar «reflexión». Platón, un maestro reconocido de la dialéctica, fue el primero en «transferir» este proceso de pensamiento «al papel».

Platón el dramaturgo

Resistencia ante los diálogos

De forma inusual, hay otras características en los diálogos que pueden molestar al lector e incluso, en ocasiones, provocar en nosotros resistencias internas. Por ejemplo, a menudo existe la sensación de que la conversación termina en medio de alguna otra más importante o frente a ella: Sócrates, el personaje principal y «moderador» de la mayoría de los diálogos de Platón, simplemente declara que prefiere posponer este o aquel tema para más adelante.

El personaje principal siempre sale victorioso de las disputas, en general, dando la impresión de que el autor, es incapaz de decir nada claramente, y se esconde detrás del personaje en sus diálogos. Pero al comenzar a leer a Platón, así como a cualquier gran obra, es necesario tener en cuenta que esos detalles que a menudo nos parecen fallas en realidad pueden cumplir una función importante.

Platón y Aristóteles
Platón y Aristóteles

Platón el dramaturgo, prefiere hablar a escribir

Aún así, Platón muestra sus preferencias por el discurso oral. Según él, la escritura, al descuidar la memoria, debilita la capacidad creativa y la agudeza crítica, e impide el desarrollo correcto de la cultura: ofrece una falsa ilusión de la realidad, degenera el pensamiento y hace imposible el verdadero diálogo.

El dominio de la «psicagogia» -tratado de la conducción del alma‑, en opinión de Platón, es una exigencia práctica en la formación integral del orador. El componente psicagógico de la Retórica verdadera lograría que el conocimiento de las «ideas» se correspondiera con el conocimiento de los ánimos. La utilidad y la dificultad de la Retórica se ponen de manifiesto, sobre todo, en el tratamiento de los asuntos dudosos.

a) Platón: la Idea de Belleza - apuntes filosofía estética

El filósofo, concluye Platón, cultiva la au­téntica Retórica cuando, con sus razones, es capaz de conven­cer a los mismos dioses y cuando aspira a convencer a un au­ditorio universal. El discurso posee una articulación orgánica y, como consecuencia, cada una de sus partes, como los miem­bros de un cuerpo vivo, debe ser respetada.

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