Encarnación reside en un pueblo de Ciudad Real, Poblete, desde hace un par de años , con sus dos hijos menores. En el municipio, es evidente la minoría de la presencia de personas negras, dado que ella, junto a otra mujer brasileña, un joven cubano y dos senegaleses, son las únicas familias negras en el pueblo.

Ya en 2019, Encarnación contactó con Es Racismo exponiendo el caso de acoso al que se estaban viendo expuestos sus hijos en el CEIP La Alameda. La primera vez que Encarnación se puso en contacto con el director del centro avisando sobre la situación en la que se encontraban sus hijos fue el 15 de febrero de 2019, a día de hoy esta madre continúa luchando de forma activa por el derecho de sus hijos a tener una educación digna sin acoso racista por parte de sus compañeros, ni la pasividad del centro ante los mismos.

Tras la primera denuncia de Encarnación al centro la  respuesta del mismo fue que no era una situación de trascendencia, sino que eran «piques entre niños»  y que su hijo también los causaba con su comportamiento. En los días previos a contactar con el centro,  esta  madre hizo llegar su malestar a los servicios sociales, los cuales actúan de inmediato enviando un correo a la orientadora del colegio, informando sobre  la preocupación de Encarnación frente al conflicto y solicitando averiguar qué es lo que sucedía con Carlos. El lunes 17 de febrero acude  al colegio para saber si había recibido el correo y hablado con su hijo, la respuesta fue que no, alegando «falta de tiempo».

En esos días la madre se vuelve a reunir con el directo que le comenta que «está sacando las cosas de contexto» cuando incluso el menor pedía que se le cambiara de clase y que si eso no ocurría dejaría de asistir al colegio ya que no quería seguir siendo hostigado por un grupo de compañeros de clase. Esto le fue negado, y en consecuencia, se avisó a la madre que si el menor no acudía a clase, se enviaría un informe a los servicios sociales por absentismo.

Ante esta situación y debido a la gran impotencia que sentían ,  Encarnación, decidió acudir al Ayuntamiento que le facilitó una mediadora familiar psicóloga y psicopedagoga, que los atendió de forma extraoficial. Mientras tanto, acudía repetidas veces al colegio, las peleas contra su hijo por parte de un grupo de alumnos que se habían puesto de acuerdo para pegarle eran constantes, en una ocasión, «de no ser por otros alumnos de otra clase lo habrían desnucado, ya que mientras unos lo zarandeaban y lo golpeaban, otro se agachó para que se tropezarse y se diese contra el bordillo», explica Encarnación. Quien critica que  desde la dirección del colegio se seguía denominando a estos sucesos como «piques entre niños». Tras numerosas reuniones con el centro, los docentes y los servicios sociales, y ante la falta de soluciones por parte de estos Encarnación decide poner el asunto en manos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil.

En medio de todos estos procesos administrativos, el menor confiesa a su padre que le llaman «maricón y feo» en las clases de gimnasia que imparte el director del centro sin que este haga nada al respecto. Además, el menor es castigado en el mismo grado que los otros compañeros de clase que lo acosan según el centro porque «el menor es conflictivo»  Una vez más el joven pide ser cambiado de clase o dejar de ir al colegio. Tras una reunión de 5 minutos con la orientadora del centro se le cambia de clase.

Tras el contacto de Encarnación con el colegio para informar sobre las respectivas denuncias, el director del centro comentó «no haber visto nada» del acoso denunciado, según la madre, quien en conversación con Es Racismo señala que a pesar de las amenazas que recibía su hijo, desde colegio culpaban al niño de ser quien infundía miedo en los demás compañeros, dado que, en su desesperación al haber presenciado las amenazas a su hijo, Encarnación llegó a espetar a los niños «si os metéis de nuevo con mi hijo no respondo de mí»;. Lo que dio pie a que los profesores le recriminasen su actitud.

Cuando le preguntamos a Encarnación cómo definiría su relación con los otros padres del colegio y con sus vecinos del pueblo en general la describió como «violenta». Especialmente desde que denunció el acoso a su hijo. Aunque una campaña anterior en la que denunció el blackface en la cabalgata de reyes ya había creado situaciones complicadas entre los vecinos. Así, una vecina del pueblo le espetó: «no te bastó con estropear las cabalgatas de reyes, ahora vienes a decir que tu hijo está siendo acosado».

Además, durante la comisión de investigación abierta para el estudio del acoso a su hijo, madres y padres de los menores crearon un grupo de WhatsApp en el que participaban miembros de la comisión de investigación del acoso y en el que, según Encarnación, se encargaban de criticarla. Además, durante un tiempo, la madres de una de las compañeras implicadas se dedicaba a llamar al menor en oculto para insultarlo y amenazarlo. Encarnación lo descubrió cuando en una de las llamadas no funcionó el modo oculto y pudo localizar el número desde el que se llamaba.

Este acoso en el pueblo a día de hoy solo ha ido en aumento, sufriendo a diario esta familia situaciones de acoso y racismo por parte de sus vecinos. Una de las más llamativas es el intento de su casero de echarla del piso en el que viven sin ningún motivo real, con amenazas e insultos que Encarnación ha compartido con Es Racismo y donde se puede ver como el casero la trata de «mono» o comentarios como «Derecho dice. Una persona que ha estudiado derecho no hace las cosas como las gitanas como tú» o «de dónde es de Sierra Leona? Ahí se compran los títulos en los mercadillos por dos euros» todo para menospreciar los estudios de Encarnación y así poder invalidar sus opiniones y echarla del piso en el que vive desde hace más de dos años.

Además del casero, también cuenta con un vecino que le hace la vida imposible, acusándolos de ser okupas en el edificio, de tener un perro y no limpiar las deposiciones del mismo, llegando incluso a cortarle los cables del internet o llamar a la Guardia Civil porque estaban haciendo una barbacoa en su casa con sus hijos.  Encarnación también relata cómo en varias ocasiones este vecino ha salido al patio a gritar que se callen por estar riendo o hablando en su casa. O ha intentado interferir en la relación de Encarnación y su familia con los propietarios del edificio.

El acoso al que se ve sometida esta familia no ha parado de crecer en el último año y medio. Empezando en un plano escolar, pero extendiéndose a todos los aspectos de su vida cotidiana.

Entre los insultos que recibe el hijo mayor de Encarnación por parte de sus compañeros podemos encontrar comentarios como  «me das asco puto negro, a ver si te vas de una vez a tu país». Insultos que descubre un tiempo después de denunciar el acoso, pero que ocurrían  «desde que llegaron al pueblo». Al principio Encarnación no quería creer que el racismo fuera el motivo de acoso a su hijo, pero tras conocer estos comentarios se dio rápidamente cuenta que sí que lo era.

Un mes después de iniciarse la investigación realizada por el colegio sale la conclusión: «no hay acoso». Aunque según Encarnación, el colegio reconoce haberse enterado de lo que sucedía a Carlos «gracias al protocolo». Lo que le lleva a pedir ayuda en las organizaciones sociales.

Tras la disconformidad con el resultado, acude al colegio a presentar documentación en la que alega su descontento y malestar, solicitando el informe en el cual se basa el resultado de la investigación.. En el escrito presentado solicita que sea remitido a la inspección y que esta se encargue de crear una nueva comisión «lejos del compadreo del colegio», señala. Ese día en el colegio se niega a atenderla.

De nuevo se pone en contacto con la inspección educativa de Ciudad Real, quienes le aconsejan enviar la documentación por el orbe y adjuntar un escrito explicando lo sucedido. En él, Encarnación hace saber a la inspección que el colegio actuó de forma «no parcial» en la elaboración del informe por «haber pasado por alto detalles importantes y no tener en consideración la importancia del racismo en el acoso».

Además, hace partícipe del acoso al colegio, por la «inacción» de los funcionarios implicados, así como por señalar una supuesta conflictividad del menor como causa de las situaciones vividas por el mismo. Además de reducir la importancia de la situación alegando «riñas, patadas y cosas de niños» como explica qué le argumentaron en repetidas ocasiones. Señala que durante la investigación del acoso la forma de actuar del colegio era señalando a Carlos como «el niño de la madre que había denunciado el acoso», en lugar de hacer una atmosfera adecuada a un menor que estaba sufriendo una situación complicada.

Una de las reacciones de Encarnación tras conocer que su hijo había sido acosado, había sido denunciarlo en redes sociales, como sigue haciendo a día de hoy. Ya que aunque su hijo mayor ya no acude a ese centro su hija menos sí que lo hace y sigue recibiendo trato discriminatorio. Esto también le fue recriminado, porque según el colegio, con ello «avivó la hostilidad del conflicto y la ira de padres» contra su hijo.

El cambio de clase duró lo mismo que la comisión, y los responsables de la misma alegaron que debía regresar a su clase ya que era provisional. El colegio por su parte, envía a Encarnación un burofax alegando falta de respeto por su parte al acudir tras las conclusiones de la comisión y manifestar un «comportamiento inadecuado y lesionar gravemente varios de los derechos del profesorado». Por lo que a modo de «reparación», se le solicita un escrito pidiendo disculpas y reconociendo los hechos, negándole el acceso al centro desde la recepción del mensaje hasta que no actúe según lo que se le dicta.

Se pregunta Encarnación. “Si su indignación es porque no quise agachar la cabeza y ceder a las calumnias contra mi hijo”, continúa, “parece lamentable dado que ningún niño es más que otro y ante casos tan complejos, hay que actuar en consecuencia y en beneficio del menor acosado”.

A día de hoy, Carlos se ha graduado de este colegio. Graduación a la que su propia madre no pudo acudir ya que tiene aún prohibida la entrada al centro. Su hermana pequeña sigue sufriendo agresiones por parte de los menores, incluso en la vía pública y Encarnación no puede reunirse con nadie porque no puede entrar al centro. Actualmente nadie en Poblete hace nada al respecto, dejando a esta familia en una situación de vulnerabilidad absoluta ya que no solo reciben acoso en el CEIP La Alameda si no que este acoso a pasado a su día a día y les afecta en todos los aspectos.

Desde Es Racismo condenan las acciones tanto de los vecinos como de las autoridades competentes por abandonar este caso sin darle una solución real.

Fuente: Es Racismo