La Cumbre del Clima de Madrid amenaza con no llevarse a buen puerto. «Vamos a estar aquí con todo el compromiso como presidencia. Por sus mujeres, sus hombres y sus niños», ha dicho la presidenta encargada de llevar las negociaciones, la chilena Carolina Schmidt pasada la medianoche a todas las negociaciones.

Si las posturas están enconadas y la situación no tiene pinta de cambiar. Schmidt se ha quedado con los trabajos sobre el mercado de emisiones de gases, el  artículo 6 del Acuerdo de París, un punto cuyo desarrollo parece casi descartado ya en Madrid, y ha dejado a Teresa Ribera, a quien ha pedido ayuda, el resto de los puntos de la agenda de trabajo pendientes. Se trataría de la financiación del Sur global, la compensación de pérdidas y daños y la llamada a los países para que propongan más recortes de emisiones de CO2 el año que viene.

Schmidt había podido comprobar a primera hora las posiciones de los países al inicio de la ronda de conversaciones del sábado. Y eran bastante nítidas: China y la Unión Europea han dibujado líneas rojas una parte a cada lado.

Los países no se implican

Los Estados con economías en fuerte desarrollo no quieren poner en peligro su crecimiento. China, India o Brasil recuerdan que ellos han aportado poco históricamente al calentamiento global y ponen freno al deseo de la Unión Europea de pasar página y subir la ambición por todas las partes: reforzar las medidas contra el cambio climático.

Alden Meyer, de la Unión de Científicos Preocupados, ha dicho este sábado en la COP que «la última versión del texto es totalmente inaceptable porque no tiene una llamada a los países para mejorar sus compromisos. Nunca había visto una desconexión así entre lo que la ciencia precisa y reclama la ciudadanía y lo que están ofreciendo los negociadores».

Han surgido problemas durante todo el COP25 para incorporar citas claras en el texto común pidiendo que el año que viene los países presenten planes nacionales más ambiciosos en cuanto a recortes de emisiones. Este grupo de países ha exigido que, antes, los Estados desarrollados evalúen si han cumplido con sus compromisos anteriores. Incluso que el momento de pedirles a ellos que multipliquen los esfuerzos es a partir de 2023. Unos por otros, y la casa sin barrer.

Los textos de borrador se han «debilitado mucho», según han manifestado países como Colombia, Belice, Uruguay o México. Mencionan que los Estados pueden aprovechar la oportunidad de mejorar sus medidas contra el cambio climático el año que viene a pesar de que se reconoce que es necesario subir el nivel de la lucha contra el calentamiento global ante la situación preocupante del clima.

El dinero, otro problema

La financiación, el dinero, para reparar «los daños y pérdidas»que provoca el cambio climático no ha sido desbloqueada. Queda también por decidir cómo aplicar el mercado de derechos de emisiones de gases de efecto invernadero. La Unión Europea ha repetido durante todos los días que este mecanismo no puede convertirse en una puerta de atrás entre países para falsear sus emisiones totales.

«No puede servir para hacer trampas», ha explicado este viernes la arquitecta del Acuerdo de París, Laurence Tubiana. Tubiana ha hecho hincapié en que esos mercados, mal hechos, «ponen en riesgo la integridad ambiental del acuerdo». Es decir, pueden falsear las emisiones reales que están llegando a la atmósfera al contabilizar varias veces el mismo recorte de CO2.