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Santiago Cubero Lastra
Responsable Federal de Comunicación de la Federación Estatal de Construcción y Servicios de CCOO


El pasado día 16 asistimos en la televisión pública a un debate electoral que se preveía de alta intensidad, no solo por el tono que las campaña electoral está tomando en la búsqueda del voto populista, convirtiéndola en una suerte de fango, descalificaciones, mentiras y bulos, sino porque se llevaba a cabo entre una representación de los partidos mayoritarios donde las mujeres ostentaban la representación que, simplemente, han debido tener siempre.

Y no se defraudaron las expectativas, más allá de lo que podamos opinar sobre los programas de los partidos, los que se presentaron y exhibieron o  los que brillaron por su ausencia, uno de los focos de las estudiadas polémicas que algunas y algunos pretendían buscar, estuvo en la forma en que la candidata por Barcelona del PP, Cayetana Álvarez trató la reforma del Código Penal que propone el PSOE para los casos de violación.

El bochornoso trato que se le dio al consentimiento en las relaciones sexuales, la ironía de sus afirmaciones, seguramente arrancó alguna consideración en esa España profunda que aún cree en la mujer como objeto de satisfacción de los deseos más primitivos que pueda tener el hombre, pero el precio de ello fue alto, tanto por el menosprecio del sufrimiento de decenas de miles de mujeres que han sufrido y sufren esa atrocidad, como por identificar a todas las militantes de su partido, sus votantxs, con esa forma patriarcal de dominación y subordinación a costa del sufrimiento de los demás.

Podemos pensar que cuando vives en una torre de marfil, donde todo es un juego en el que lo único que tienes que hacer es arañar apoyos como sea, hacer este tipo de comentarios forma parte del show que te han programado, pero para cientos de miles de mujeres  que sienten el temor de la humillación, el abuso y la violación a cada paso, momento y vivencia, que se ven expuestas a agresiones activas o pasivas de aquellos que se creen con derecho a hacerlo por ser hombres o que sufren acoso, agresiones sexuales o violencia en cualquier ámbito, no es ningún juego ni ninguna broma poder seguir con su vida y su dignidad intactas, menospreciar cambios legislativos que penalicen estas conductas no solo da pábulo a aquellos que las hacen, sino que da la medida de la ideología y personas que la quieren mantener en la impunidad de la indiferencia y la ignorancia.

Alguien que se sintió herida cuando su hija de 6 años le dijo que el traje de Gaspar no era de verdad, y espetó a la Alcaldesa de Madrid con un “No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás” debería preocuparse más de que ninguna mujer vuelva a verse amenazada por la atrocidad de una violación, de que sus palabras sean las que deciden lo que hace con su vida y con su cuerpo,

Quizás debería bajar la mirada, desde esa supuesta prevalencia que como diputada, candidata o por su condición nobiliaria cree tener, y se sorprendería de que a su lado estamos trabajadoras y trabajadores, personas de cualquier signo y convicción, que luchamos para que las mujeres sean lo que son, dueñas de sus decisiones, de su forma de vivir y disfrutar.

Observe y verá que muchas y muchos creemos que el silencio no da derecho a nadie y que un NO, por activa o por pasiva, es siempre NO, por eso proponga soluciones o deje sitio a quién de verdad las dé.

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