María Mercedes Jiménez Sarmiento, Matilde Cañelles López y Nuria Eugenia Campillo

El éxito del proceso de vacunación contra la covid-19 en España es incuestionable. Analizar las razones nos puede permitir estimar la solidez del proceso. Así, este se podrá afianzar y evitaremos errores que, en el futuro, puedan afectar negativamente a la salud de todos.

¿Por qué España es líder en porcentaje de personas vacunadas?

En primer lugar, España ha sido históricamente un país pro vacunación. En un informe de 2018 sobre la confianza en las vacunas, realizado por la Unión Europea, se mostraba que para más de un 90 % de la población española las vacunas son seguras, eficaces e importantes para la salud infantil (figura 2). Como vemos, algún país de nuestro entorno mostraba cifras similares (Portugal) pero otros presentaban porcentajes mucho menores de aceptación (Francia y Alemania).

Confianza en las vacunas en los paises de la Unión Europea en 2018. Porcentaje de encuestados que están de acuerdo en que las vacunas son importantes para la infancia (a), seguras (b), efectivas (c) y compatibles con las creencias religiosas (d). Fuente: ec.europa.eu.

Una campaña de vacunación ejemplar

Probablemente la confianza no se pueda explicar con solo un motivo. Como siempre, se trata de un polígono con muchas caras. Podemos apelar a nuestro carácter social extremadamente abierto. La familia y los amigos nos importan mucho. Así, mantener este círculo nos mueve a hacer lo que sea necesario para volver cuanto antes a nuestra animada vida social. Igualmente, somos un país solidario y pensamos en el bien común.

Otro punto clave es nuestra sanidad pública, que funciona. Es cierto que contamos con menos inversión de la necesaria y más recortes de los que quisiéramos (como la ciencia), pero continúa siendo universal y nuestros profesionales sanitarios han respondido con un músculo espectacular.

De hecho, el año de aplausos simultáneos y solidarios sabe a poco agradecimiento. En otros países como Estados Unidos (EEUU), con coberturas sanitarias distintas basadas en seguros privados, la confianza no es tan habitual.

Por otro lado, la estrategia del proceso de vacunación ha sido formulada éticamente y se ha comunicado de forma transparente. La priorización de los más vulnerables y del personal sanitario ha sido un ejemplo excelente.

Muchos indecisos vieron el efecto protector y que la relación entre beneficio y riesgo era muy favorable según pasaba el tiempo. Así, una de las fotos más representativas de la pandemia ha sido la de la primera persona vacunada en España, Araceli Hidalgo, de 96 años.

Asimismo, el hecho de que las vacunas no sean obligatorias, al menos de momento, parece haber condicionado favorablemente la disposición a vacunarse. También sufrir de primera mano una pandemia, sus efectos y consecuencias, son buenos motivos a la hora de decidir vacunarse.

En otros países, como Alemania, una encuesta reciente reveló que el 30 % de la población no se quería vacunar cuando en marzo era un 17 %. Pero allí uno de los detonantes han sido los partidos de extrema derecha como arma política. Algo parecido está pasando en EEUU lo cual en España, afortunadamente, no ha ocurrido.

Hay confianza pero ¿cómo la hemos ganado?

España ha tenido una historia desigual en lo que respecta a la vacunación. En el siglo XIX, nuestro país se convirtió en referente mundial al llevar la vacuna de la viruela a más de 200 000 personas en el continente americano gracias a la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”. Sin embargo, aún quedaba mucho para erradicar esta enfermedad.

La batalla contra la viruela se extendió a lo largo de un siglo y medio. Durante el siglo XIX y comienzos del XX se sucedieron campañas de vacunación, pero seguirían apareciendo oleadas.

En 1906, la viruela se declara de vacunación obligatoria y en 1929 se considera erradicada. Pero no del todo: vuelve a aparecer y, aunque deja de ser endémica a partir de 1948, al año siguiente se declara de nuevo de vacunación obligatoria. Sin duda, el periodo de la Guerra Civil y comienzo de la dictadura franquista interfirió con el proceso de erradicación.

Solo cambiarían las cosas en los años 50, mucho más tarde que en otros países desarrollados. España ingresó en la OMS en 1951, cuando las principales prioridades epidemiológicas eran la gripe y la poliomielitis.

La vacunación de la poliomielitis se paralizó en 1955 a raíz del incidente “Cutter”, farmacéutica americana que produjo un lote de vacunas defectuosas que acabaron con la vida de algunos niños, pero se volvió a reanudar cuando se demostró que la vacuna era segura.

Durante la década de los 50 y 60 miles de niños españoles se vieron afectados por la enfermedad. A partir de 1963 comenzaron las inmunizaciones masivas de poliomielitis, voluntarias y gratuitas. Posteriormente se incorporaron sarampión, rubeola, parotiditis.

El doctor Rafael Nájera durante la campaña de vacunación contra la polio en Benuza, León, en 1963. / Imagen cedida por Rafael Nájera. Vacunacovid.gob.es

El primer calendario de vacunación infantil se implantó en España en 1975, mientras que en EEUU se estableció en los años 40 y en Reino Unido entre los años 40 y 50.

Por tanto, es posible que la buena aceptación de la vacunación en nuestro país provenga en parte del comienzo de las campañas en un momento en que España comenzaba a modernizarse tras largos años de cerrazón.

La vacunación se percibió como un símbolo de progreso y un incremento de salud al que también se llegaba con retraso. Por el contrario, en EEUU, incidentes como el mencionado caso Cutter, contribuyeron a que la vacunación se percibiera en ciertos círculos como un negocio para las empresas farmacéuticas.

¿Confiamos tanto en la ciencia?

En la última encuesta realizada por la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT) sobre la Percepción social de la Ciencia y la Tecnología en el 2020 se pone de manifiesto que la ciencia y la medicina, son dos de las disciplinas mejor valoradas. Además, en este año y medio de pandemia, la confianza en la ciencia y los científicos ha aumentado considerablemente.

Un estudio independiente realizado por 3M antes y después de la pandemia ha puesto de manifiesto que los españoles han aumentado su confianza en la ciencia en 12 puntos, alcanzando un 82 % frente al 69 % de media a nivel mundial.

Una mujer se manifiesta contra las vacunas el 14 de agosto de 2021 en Madrid. Shutterstock / calonge

¿Son importantes los movimientos antivacunas en España?

Históricamente, en nuestro país el movimiento antivacunas no ha tenido tanta fuerza como en otros países. Por ejemplo, en Reino Unido o EEUU desde los inicios de la vacunación estas corrientes fueron importantes e influyentes. Incluso consiguieron que en varios países se eliminaran leyes sobre la vacunación o se dejara de vacunar, como sucedió en Suecia con la vacuna de la tosferina.

En España, por su parte, ha aumentado la presencia mediática de algún movimiento antivacunas, pero su influencia en la sociedad ha sido mucho menor, como se pone de manifiesto en varias encuestas realizadas tanto a nivel nacional como internacional.

La FECYT ha realizado tres encuestas en estos meses de pandemia para analizar la Percepción Social de aspectos científicos de la covid-19. Un aspecto clave es el aumento significativo de la confianza de la población española en las vacunas.

En la última encuesta, publicada en junio de este año, el 83 % de la población confía en las vacunas, 25 puntos más desde la encuesta anterior (enero). Además, solo un 4 % de las personas encuestadas expresa su rechazo a las vacunas “por oponerse filosóficamente a su existencia o creer que son dañinas o instrumentos de control”. Esta cifra ha ido disminuyendo desde el año pasado, aunque según FECYT, en España el número de antivacunas no ha sido especialmente alto.

En definitiva, aunque actualmente el porcentaje de vacunación de la población para alcanzar la inmunidad de grupo esté aumentando por diferentes motivos, debemos seguir el ritmo alcanzado hasta ahora.

Algo no ha cambiado desde el inicio de la pandemia: la vacuna es la salida a esta situación y el camino a la vuelta a la normalidad. Por último, una confianza excesiva también se puede volver contra nosotros. Mantenerse cauto y precavido sigue siendo la consigna.

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