Con las próximas elecciones del Parlamento Europeo a dos meses vista, CESI está recibiendo un número creciente de preguntas de sus organizaciones miembro, sobre por qué las cosas a veces no pueden «avanzar» un poco más rápido en la UE. Un comentario del Secretario General de CESI, Klaus Heeger, y el Asesor de acción política de la Confederación Hendrik Meerkamp para explicar qué es realmente la “UE” y quién es responsable de la toma de decisiones (o la ausencia de toma de decisiones).

Al final del día, ¿quién toma las decisiones en “la UE”?

Si las cosas no están «avanzando» en Europa, a menudo, no es culpa de «Bruselas»: de hecho con mucha más frecuencia, esta situación es el resultado de la regla de la unanimidad que se aplica a algunos ámbitos de decisión política conforme a los tratados de la UE, y cuya aplicación y extensión se decidió conjuntamente de los gobiernos de los Estados miembros hace algún tiempo. En tales casos, si un solo Estado miembro decide no estar de acuerdo con la opinión de los demás, las decisiones se bloquean.

Un ejemplo de ello es la política migratoria: las soluciones europeas a menudo son víctimas de elecciones egoístas. Incluso la política fiscal (por ejemplo, la tributación de las multinacionales digitales y el impuesto a las transacciones financieras) o elementos importantes de la política social están sujetos a la regla de la unanimidad lo que impide el avance de soluciones europeas a problemas cotidianos de los ciudadanos. Cuando se habla «off de record» y en un ambiente de confianza, tanto el personal de la Comisión como los eurodiputados nos han manifestado, en repetidas ocasiones, lo frustrados que están cuando las soluciones son rechazadas en el Consejo debido a las decisiones de uno o de un puñado claramente minoritario de gobiernos.

Hacia un sistema de voto mayoritario (QMV).

Por este motivo, desde CESI instamos a los Estados miembros a completar la transición hacia el principio de voto mayoritario en áreas como la tributación o la política social, en lugar de aplicar la regla de la unanimidad. El Tratado de Lisboa lo permite explícitamente. En ese caso, los Estados miembros individuales no podrían bloquear decisiones importantes a expensas de otros. Es importante destacar expresamente que este cambio nada tiene nada que ver con la transferencia de nuevas competencias a la UE sino, más bien, con la idea de permitir a la UE que haga un uso más eficiente de las competencias que ya tiene atribuidas por los Tratados.

Los gobiernos nacionales como obstáculo para Europa

Téngase en cuenta que esta iniciativa, por sí sóla, no permitiría automáticamente que las esperanzas de nuestros sindicatos se hagan realidad. A menudo hemos sido testigos de situaciones en las que las ambiciosas propuestas de la Comisión apoyadas por CESI no se han concretado o se han diluido debido a la falta de unanimidad y acuerdo en el Consejo. Entre otras cosas, durante este período legislativo, esto ha afectado la revisión de la Directiva de Trabajadores desplazados y las nuevas directivas para un mejor equilibrio entre la vida laboral y familiar de los padres/madres; o la directiva por la que se establecen unos estándares mínimos de condiciones de trabajo transparentes y predecibles. Otro ejemplo más dramático fue la propuesta de una refundición de la Directiva sobre el permiso de maternidad de la UE que simplemente fue ignorada hasta que la Comisión, sin ocultar una cierta frustración, retiró su propuesta.

Como consecuencia de todo lo anterior, para CESI hay que poner el acento en la defensa de “la UE”. En muchas áreas, admirablemente, la Comisión y el Parlamento Europeos han tratado de diseñar una Europa más social. Así, en lugar de colocar toda la responsabilidad en la UE, deberíamos considerar la responsabilidad de los representantes gubernamentales de Budapest, Praga y Varsovia, así como de París, Roma y Berlín.

Dividido entre la ambición y la falta de iniciativa.

Por otro lado, CESI también está decepcionado de que la Comisión Europea se oponga a una Europa más social en otros frentes. El «nuevo comienzo» para el diálogo social en Europa que se anunció después de las últimas elecciones europeas ha sido un fracaso. Los llamamientos a los Estados miembros para alentar una mayor inversión para invertir más dinero en la educación, los sistemas de salud y las administraciones públicas y remediar el déficit de inversión han sido en gran medida infructuosos.

Y nuestra exigencia de completar las políticas económicas y financieras del Mercado Único Europeo abierto, con sus cuatro libertades fundamentales (libre circulación de bienes, personas, servicios, capital y pagos), introduciendo, al mismo nivel, una verdadera dimensión social, con el fin de combatir las lagunas legales que permiten el abuso en las condiciones de trabajo y empleo, solo está comenzando a recibir gradualmente atención concreta, ahora.

Como antes, CESI sigue luchando contra los planes para una liberalización cada vez mayor en los sectores de correos y transporte, mientras que a la Comisión le resulta difícil crear regulaciones mejoradas para las excepciones en el sector público relacionadas con la competencia y las normas sobre ayudas estatales. A veces, menos Europa puede representar más Europa también.

Si uno piensa en los debates anteriores sobre cuotas de refugiados o umbrales de deuda bajo el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, también puede culpar a la Comisión Europea por sus intentos de resolver los problemas actuales sin aplicar la delicadeza política necesaria y por tratar de implementar soluciones puramente «administrativas». La comunicación también puede tener un componente social.

En cualquier caso, se requiere un enfoque diferenciado de la política cotidiana de Bruselas para determinar quién puede ser responsable y de qué es responsable.

Imagen: Klaus Heeger, Hendrik Meerkamp © CESI 2019

Nota: este artículo es una traducción de su original que es el único que refleja la posición de los autores y que puedes encontrar aquí.