Los ventiladores mecánicos, más conocidos como respiradores, son un dispositivo clave y la última esperanza para el tratamiento de los pacientes más graves afectados por coronavirus. Sin estos dispositivos su pronóstico empeoraría considerablemente.

Ningún país tiene tantos respiradores artificiales como los que se pronostica que se necesitarán ante la pandemia de covid-19, algo que ha obligado ya a doctores de Italia y España a decidir qué pacientes conectar y cuáles no.

Muchos países están inmersos en una desesperada carrera por conseguir estos preciados y limitados dispositivos (con un precio que puede ir de los 15.000 hasta los 40.000 euros), cuya demanda se ha desbordado a nivel mundial por la pandemia. 

Los gobiernos han instado a industrias de todo tipo a poner todas sus capacidades al servicio de esta tarea para satisfacer este déficit de respiradores.

El virus SARS-CoV-2 es especialmente peligroso cuando llega a los pulmones ya que en los alveolos el virus se replica en las células y las destruye, provocando a su vez, inflamación. Esta combinación de destrucción e inflamación lleva, en los casos más graves, a un encharcamiento de los pulmones que provoca en los pacientes dificultades para respirar, por lo que si no se hace nada al respecto pueden morir asfixiados.

Aproximadamente un 5% de los enfermos de covid-19 termina padeciendo el llamado síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA), una respuesta inflamatoria desmesurada a la infección.

«Se crea una especie de membrana y el oxígeno no puede traspasar esa membrana, lo que naturalmente produce insuficiencia respiratoria», describe el Dr. Ferran Morell, exjefe del servicio de neumología del Hospital Vall d´Hebron de Barcelona.

Esta condición no tiene tratamiento por lo que los ventiladores mecánicos ofrecen soporte respiratorio mientras el propio paciente combate la infección por coronavirus y reducir la inflamación.

«De los que ingresan ahora por distrés respiratorio del adulto en cuidados intensivos por el covid-19 se mueren la mitad», afirma el Dr. Morell. Este porcentaje sería mucho mayor sin estos respiradores que proporcionan al paciente más oxígeno y funcionan como una bomba que puede vencer la resistencia de la membrana que le impide el paso.

El proceso de respirar con los pulmones inflamados puede llegar a agotar al paciente, algo que en condiciones normales gasta muy poca energía. «Entonces lo que el respirador hace es empujar el aire dentro del paciente y además darle no aire sino hasta 100% oxigeno, es decir, mucho más oxigeno del que estamos respirando» explica el Dr. Roca, médico adjunto del servicio de medicina intensiva del mismo hospital.

El gran problema ahora mismo es la falta de estos equipos, y aunque el porcentaje del 5% de los enfermos de covid-19 que terminarán padeciendo SDRA puede parecer proporcionalmente poco, la contagiosidad del virus genera masas enormes de nuevos individuos con insuficiencias respiratorias, por lo que los recursos son insuficientes.

Con todo el mundo intentando adquirir más respiradores, la tarea de conseguirlos no será fácil incluso disponiendo del dinero necesario.Ni con todos los fabricantes trabajando a plena capacidad se puede aspirar a satisfacer la actual demanda.