¿Por qué no enterramos a Franco en la Isla Perejil?

Por Arjuna

Dice Wikipendia que el enfrentamiento bélico por la soberanía de la Isla Perejil entre las dos potencias del Mar Mediterráneo: El Reino de los Borbones y el de Marruecos, que tuvo lugar del 11 al 20 de julio de 2002, fue la primera victoria militar que logró España en el siglo XXI.

La segunda victoria de España, en su intento por recuperar la vieja gloria imperial, se produjo en la Guerra de Irak, que comenzó en marzo de 2003, poco después de la reunión del Trío de las Azores. En esa ocasión José María Aznar se puso un casco de plástico de Julio César, y, aunque actuó de muñeco, peón y marioneta de Bush, el fatuo éxito le tatuó para siempre su sonrisa de hiena.

Un general como Francisco Franco merece ser inhumado en el lugar donde España logró su primera hazaña bélica del siglo XXI. Allí podría construirse también un altar, en el espacio donde no pastan las cabras, para que los padres y los cachorros de VOX se pongan las capuchas del KKK e invoquen al Cielo para que resucite la momia del Valle de los Caídos.

“Franco debería resucitar, volver y cortar la cabeza a todos los que le traicionaron”, decía el otro día, en plena calle, un nostálgico del fascismo que tiene amigos entre las elites castrenses y eclesiásticas de este país que, como decía Valle Inclán, es “una deformación grotesca de la civilización europea”.

Con el tiempo, ese peñón, que se encuentra a unas seis millas de Ceuta, podría servir de peregrinaje sacrosanto a todos los fachas “que salgan del armario” (ya han dado el paso 400.000 en Andalucía). Y, en las fechas en las que el caudillo firmaba sentencias de muerte, podrían convocarse concursos de cante de El Cara al Sol frente a las efigies de Santiago Abascal y Pablo Casado, y otras cruces gamadas que pronto saldrán debajo de las piedras.

Habría que pedir permiso, antes de meter en un hoyo del islote al colega de Hitler, al rey Mohamed VI, quien posee el rango de Amir al – Muminin (Príncipe de los creyentes), ya que -según autoproclama el mismo monarca- es semi divino, ya que desciende directamente del Profeta Mahoma.

Mientras el PSOE, Podemos, etc., estudian esta propuesta no viene mal hacer memoria y recordar la gesta que “hizo cambiar el equilibrio de poderes en el mediterráneo”. Creo que la monarquía aluita y la borbónica estuvieron con los teléfonos rojos en llamas para desactivar las tensiones entre las dos Casas Reales, que viven de gorra gracias a la ignorancia de una gran parte de sus súbditos, que no se atreven a convertirse en ciudadanos.

Ahora veamos cómo España arrebató a Marruecos la Isla Perejil, quizás la próxima morada de Franco si todavía hay cordura en Hispania.

El islote estaba deshabitado, con la excepción de las cabras y, Mohamed VI (tal vez enfadado porque en aquellos días la prensa española insinuaba que era gay y que se había casado para disimular sus querencias), se apoderó de “esa joya”, en un ataque sorpresa, con un destacamento de doce infantes de Marina.

Aznar consideró la ofensiva “casus beli” y sacó músculo. En una operación relámpago, que nos recuerda a la de los comics de hazañas bélicas, “se lanzó a la reconquista” en cuya operación participaron 48 soldados, pilotos de helicópteros y cazas, marines de la Armada y agentes de la Guardia Civil.

En el enfrentamiento resultó herido un soldado español, no se sabe si por cornada de cabra, o patada en los huevos de un soldado marroquí. Las tropas españolas, por su parte, hicieron prisioneros a los doce infantes que mandó Rabat a defender Perejil, pero luego, para que Marruecos no nos quite los bancos de pesca que pertenecieron a los saharauis y abra el grifo de los migrantes, Madrid devolvió a la docena de capturados sanos y salvos.

Ahora que hay paz entre España y Marruecos y que el PSOE está a punto de remover el Valle de los Caídos para conseguir más votos y contemporizar, es el momento de preparar un avión Hércules para que traslade al islote los restos del “enano ensangrentado” que tanto jodió a esta Iberia de Sancho y Don Quijote, que todavía sigue, a pesar de los palos recibidos, persiguiendo el ideal que nos robaron.


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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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