Lucía Dixit
Sucede que estamos en 2020 y las mujeres debemos, aún, continuar la lucha por nuestra emancipación. Sucede que no han bastado tantos años de civilización ni los trescientos años de vida del feminismo para que a las mujeres se nos deje de oprimir. Por mucho que deseen hacernos creer que el feminismo ya no es necesario, solo basta con abrir los ojos a las múltiples evidencias que demuestran lo contrario.

Pudiera parecer que actualmente el feminismo está de moda. No obstante, ¿es esto cierto? Las palabras importan. Gracias a las palabras logramos conceptualizar, pensar y elaborar teorías; las palabras nos mueven y nos conmueven; nos paralizan o nos lanzan a la acción con el ímpetu del convencimiento.

Cuando una palabra se populariza, sobre todo si es una palabra con un gran potencial revolucionario, existe un enorme riesgo de que se la pervierta o se la vacíe de significado. Si esto sucede con el feminismo, es algo enormemente funcional al sistema patriarcal. Por mucho que una palabra se repita y se proclame, si está hueca, ni florecerá ni dará frutos. Por ello, no debemos permitir que se corrompa el significado de lo que es el feminismo, ajustándolo a realidades individuales que nada tienen que ver con nuestra emancipación o desdibujando su sujeto político, que es uno y claro: nosotras, las mujeres.

Ya desde los tiempos de Poulain de la Barre y Olympe de Gouges, feministas de la Primera Ola, un repugnante odio ha sido arrojado hacia quienes defendemos la igualdad de los sexos en cuanto seres humanos y luchamos por la liberación de las mujeres. Estas son, a todas luces, causas justas y éticas, que deberían ser defendidas por toda persona que crea en la democracia y en el bien.

Fotografía: Pilar Aymerich. Manifestación feminista, 1977.

Sucede que transcurre el año 2020 y las mujeres asistimos, incrédulas, ofendidas e iracundas, al embiste más perverso del patriarcado en los últimos años. El sector queer-transactivista presiona para que se elimine del marco legal la categoría ‘sexo’—objetiva e inmutable—, por considerarla irrelevante, confundiéndola además con la de ‘género’ —en el que ven ‘identidad’ en lugar de la herramienta de opresión que es—. Piden, asimismo, que se aprueben leyes de ‘identidad de género’, para que sea posible declararse de un sexo u otro, a gusto incuestionable del consumidor, corresponda esto con la realidad material objetiva o no.

La gravedad de estas demandas es profunda y será aún mayor si no las frenamos. De ser aprobadas, estas leyes de ‘identidad de género’ acarrearían injustas consecuencias: dinamitarían las protecciones legales de las mujeres —ya que estas están basadas en el sexo—, nos borrarían —por la imposibilidad de nombrarnos como clase sexual sin incluir a varones— y eliminarían los espacios separados por sexos, que tanto han contribuido a la incorporación de las mujeres a la vida pública y a nuestra seguridad.

Del mismo modo que es posible alzar la vista al universo nocturno y continuar recibiendo la luz de estrellas que ya murieron, las feministas radicales seguimos iluminándonos con la luz de todas aquellas generaciones y generaciones de ancestras feministas que lucharon para que hoy tengamos lo que tenemos. No las olvidamos, y no estamos dispuestas a tirar la toalla ante tanta misoginia, porque se lo debemos también a las mujeres del futuro.

Por ello, en este junio de 2020, nace Espacio Feminista Radical, con el ánimo de poder acoger una reflexión, un debate y una acción feminista de mujeres comprometidas en la lucha contra el patriarcado y contra todo aquello que, en este contexto, nos oprime. Tal y como afirmaba Audre Lorde, ‘tu silencio no te protegerá’.

Fotografía de Pilar Aymerich

Este es un Espacio en el que poder formar parte de un ambiente no-mixto y horizontal, en el que poder escuchar a otras mujeres y ser escuchada por ellas, con el fin de elaborar estrategias conjuntas en pro de nuestra emancipación. EFR surge de la necesidad de aunar lo personal y lo político, lo racional y lo emocional, porque ‘el feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente’, citando a Simone de Beauvoir.

No queremos una reforma de este sistema podrido, queremos un nuevo sistema. Y lo queremos ya.