Sandra Díez
Asamblea Abolicionista Madrid


Las feministas salimos a la calle este 25N para volver a denunciar las violencias machistas. Para exigir al Estado y a la sociedad en su conjunto que no estamos conformes con una vida rodeada de violencia que se manifiesta en tantas formas, desde la feminidad impuesta desde la infancia que nos transforma en seres débiles y cargadas de complejos, hasta la brutalidad que se materializa en violaciones y asesinatos.

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Entre ese continuo de violencias se desarrollan las vidas de las mujeres. El feminismo no solo nos ha dado las herramientas teóricas para desmontar el sistema de dominación que sostiene las desigualdades y las violencias, sino que nos ha proporcionado el activismo, la lucha colectiva para alcanzar las transformaciones que liberen al sexo femenino de la dominación patriarcal.

Cada manifestación es un acto político en el que las mujeres visibilizamos nuestra opresión y ponemos el foco en la estructura que permanece en la oscuridad y se mantiene por el consenso que generan los mandatos de género. Ello conlleva un compromiso y una responsabilidad con una causa que nos trasciende a todas, pero en la que la participación de cada una de nosotras es necesaria.

El feminismo es una teoría política y filosófica y una mirada crítica que desnaturaliza lo que el género ha normalizado. La política sexual que Kate Millet analizó en su célebre obra es un perfecto estudio de cómo las relaciones de poder entre los sexos se legitiman y se desarrollan. Hoy en día el libro de Millet no ha perdido, lamentablemente, ni un ápice de actualidad. Lo vemos cada día con las agresiones sexuales que sufren las mujeres y la posterior revictimización a la que las somete la sociedad, medios de comunicación, sistema judicial e individuos de toda clase en las redes sociales. El asesinato de Diana Quer, la presunta violación perpetuada frente a cámaras en un programa de máxima audiencia de televisión o la también presunta violación a una menor por un grupo de hombres (Caso Arandina).

Un día más de lucha política

El feminismo lucha cada día del año para enlazar la teoría y la práctica y avanzar en la consecución de la liberación. En fechas como el 25 de noviembre busca poner el foco en esa lucha, que en ese día recibe una atención mayor que el resto del tiempo, pero para las feministas y su cometido es un día más de su compromiso político, un día en el que exigir un verdadero compromiso que pueda poner en marcha, materializar, medidas que protegen a las mujeres y sus hijas e hijos, hacer temblar las estructuras del sistema que reproduce el sexismo y el machismo una y otra vez y es responsable de las violencias que soportamos. Porque es necesaria una educación feminista, una que cuestione las bases, valores y representaciones que conforma el imaginario de la sociedad, una que despierte una conciencia crítica y logre verdaderas transformaciones.

En este momento nos  enfrentamos al fascismo patriarcal que busca arrebatarnos los derechos que el feminismo ha conquistado en décadas de lucha y que hoy nosotras disfrutamos. Si queda una ardua lucha por delante y las violencias contra las mujeres no cesan no podemos permitir que el negacionismo se instale como una opinión válida.  No podemos tolerarlo, y si quien se denomina feminista desde las instituciones de poder no actúa, tendremos que seguir el camino marcado por la mujer que el lunes se enfrentó a uno de los negacionistas de la violencia machista y lo señaló.

Las feministas tenemos que ser capaces de imaginar una realidad libre de violencia. No nos valen medias concesiones ni tenemos más opción que reivindicar lo que no tenemos. Las 93 mujeres asesinadas en crímenes machistas a un mes de que este año acabe y una violencia mundial contra la mitad de la población nos llevan a considerar nuestra situación como de emergencia. Pese a los negacionistas que ahora ocupan sillones en los principales órganos políticos de nuestro país la lucha contra la violencia machista en todas sus formas une a una gran parte de la población. Se ha podido comprobar en las movilizaciones de este 25 de noviembre.

Abolir el modelo de violencia sexual

El principal problema, y otro de los grandes retos a los que se enfrenta el feminismo, es que no existe la misma condena con la industria de la violación sistematizada que es la prostitución y su propaganda, la pornografía. Ambas realidades se complementan y conforman el paradigma del modelo de violencia sexual que sostiene en la actualidad una concepción del sexo en el que las mujeres somos maltratadas y violadas y eso se presenta como lo “natural” y por tanto sin necesidad de ser cuestionado y mucho menos abolido.

¿Cómo plantear siquiera la igualdad sin combatir la existencia y la normalización de estas dos realidades? La educación de mujeres y hombres en qué es el sexo, qué son las mujeres y qué se puede hacer con ella se gesta, y cada vez más, en estos dos lugares. Las mujeres han sido reducidas por la ideología patriarcal a sus funciones sexuales, la reproductiva y la sexual. Es por ello que nuestros cuerpos, indisociables de la opresión que sufrimos por ser mujeres, son colonizados para adaptarse a esas violencias, a los mandatos del género que nos son impuestos desde que nacemos (o antes). El feminismo es el que nos ayuda a nombrar y problematizar todos estos mecanismos como parte de esa política sexual que es clave en la existencia de nuestra opresión, que por supuesto intersecciona con las opresiones del racismo y la pobreza.

“Zorroridad” no es feminismo

El grave problema, y la contradicción que pese a su evidencia no es obvia para todo el mundo, es presenciar cómo desde el feminismo, en un día en el que se denuncian las violencias machistas, se marcha bajo el lema de la “zorroridad” y se presenta la explotación como una demanda feminista. Aberrante y manipulador, este movimiento no tiene otro objetivo que disolver la capacidad crítica del feminismo. El señalamiento de las feministas radicales que luchamos por la abolición como “fóbicas” o directamente como “puritanas”, “neomonjas” o “censoras, son intentos por disuadirnos, pero tenemos de nuestro lado los argumentos y una teorización que ya ha puesto nombre a muchas de las violencias que se han intentado normalizar. Es por eso por lo que no nos callan, porque ya sabemos contra qué luchamos.

Si se “lucha” porque los hombres puedan acceder a los cuerpos de las mujeres a cambio de dinero y se presenta esta situación de explotación como producto de la libre elección no se hace feminismo, se perpetúa el machismo y el imaginario en el que las mujeres somos objetos sexuales. Hay que enfrentar la colonización interior que cada una ha interiorizado en el patriarcado, y movilizarse de manera política para combatir la opresión a la que nos somete para exponerlo y acometer las acciones para abolirlo. Para ello, recuperar la teoría radical (corriente nacida en los años 60), reivindicarla y ampliarla.