Consultado por Europa Press, el portavoz ha señalado que el ministro «mostró firmeza e indignación» ante una «avalancha de preguntas capciosas y demagógicas» en una entrevista que parecía más bien un «interrogatorio acusatorio».

Así se lo dijo también el propio Borrell al entrevistador del programa ‘Zona de conflicto’ de la cadena en inglés de la alemana Deutsche Welle, antes de pedir que se interrumpiera la grabación.

La entrevista comenzó con tensión porque, en su primera pregunta, el periodista presentaba a la expresidenta del Parlament Carme Forcadell como «una abuela en regimen de aislamiento 15 horas al día».

Para la fuente consultada, además de que no sea relevante para el proceso el ser abuela, el periodista usó el dato falso del aislamiento y, además el juicio de valor de que está acusada de delitos que no ha cometido. Por eso, ve «inaceptable» que se use todo ello «para acusar al gobierno».

Así, ha señalado que Borrell «se mostró firme» defendiendo el sistema español de valores y la independencia judicial y rechazando toda manipulación de los sucesos de 2017 en Cataluña.

Y es que, a su juicio, el periodista se basó en una información «totalmente sesgada» que revela o bien» un alarmante nivel de desinformación o bien voluntad de engañar sobre la realidad española.

En ese sentido, subraya que es la manipulación, y también la «intensa campaña de desinformación», lo que hace que algunos medios de comunicación europeos reciban y difundan a veces «planteamientos inadmisibles desde el punto de vista de la democracia española».

La democracia española, trató de decir Borrell en la entrevista, es una de las 20 democracias más avanzadas del mundo según los más prestigiosos indicadores.

En la misma línea, ha señalado que hoy mismo se ha hecho público que el Govern ha gastado 550.000 euros en adoctrinamiento a periodistas extranjeros, según un informe del Tribunal de Cuentas.

El portavoz ha añadido que «un periodista puede preguntar lo que quiera» y que a Borrell no le importa contestar cualquier pregunta pero que en esta ocasión no se trataba de preguntas sino de acusaciones basadas en datos falsos y con afirmaciones semejantes al «esquema mental del independentismo catalán».

Si a ello se suma que, además, le interrumpía en las respuestas, explica el portavoz, llegó un momento en que el ministro consideró que no tenía sentido «continuar con un ejercicio informativamente inútil».

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