Ricardo Suárez García
Grado en Sociología. Máster en Relaciones Internacionales.
Doctorando de Medio Ambiente y Sociedad


Si alguna cosa hay que reconocer a este gobierno socialista es su capacidad para utilizar el marketing político. Cosa que a mí entender no está cambiando en las últimas semanas. El de Sánchez ha sido capaz de ser percibido por los sectores progresistas como un gobierno que tiende la mano, dialoga y negocia; como un equipo amable con la mayor intención de dar algún tipo de salida consensuada a la cuestión catalana. Y lo mejor de todo es que el barniz a esta percepción se lo han puesto las fuerzas conservadoras, que, en su afán de pelearse por los votos originados por los sentimientos patrióticos encendidos por lo acontecido en Cataluña, han conseguido aupar a Sánchez a la posición de “enemigo número uno de la patria” a través de insultos y demostraciones ostentosas de españolidad “antipedrista” en las calles, cosa que puede ser positiva ante unas elecciones polarizadas.

Los actos de la derecha puede que les sirvan en su intento de movilización de parte de su electorado y sobre todo para guardar posiciones dentro de su disputa a tres por los votos dentro de su espectro político. Pero más allá de ello, quien más rentabilizará toda esta puesta en escena será precisamente el atacado, que posará feliz y sonriente con su manual de resistencia, esgrimiéndose como la única alternativa posible para parar a quien muchos en España tienen miedo. Sánchez está consiguiendo convertir en enana la ya empequeñecida figura de un Pablo Iglesias reducido a su mediador ante los rivales en Cataluña.

La segunda capa de barniz la ha puesto la propia vieja guardia del PSOE sumándose a los argumentos poco cercanos a la realidad de esta derecha y atacando sin cuartel al secretario general de su partido. No es poco conocida la animadversión que gran parte de los votantes y militantes socialistas tienen hacia la parte más “rancia” de su partido, prueba de ello es lo bien que le ha servido al actual presidente del gobierno en las últimas primarias del PSOE, el relato del rey destronado que vuelve. Sánchez pasó de ser representante de un discurso liberal-progresista y pactar un programa de gobierno con Ciudadanos a volver como adalid de la izquierda y la nueva política tras su pugna con Susana Díaz. ¿Qué nos puede hacer pensar que esta vez las críticas de sus “compañeros de partido” no volverán a relanzar dicha visión sobre él?

Una mentira mal contada es intentar acusar a Sánchez de alta traición o de romper España por algo tan simbólico como introducir una persona neutral dentro de una mesa de negociación. No deja de ser una paradoja que los mismos partidos que piden al gobierno que no mienta a los españoles en cuanto a las cosas que se negocian con los sectores independentistas fuera de la esfera pública sean los mismos que se echan las manos a la cabeza por la existencia de una figura neutral que pueda narrar los temas tratados y los acuerdos a los que se ha llegado sin un intento de tergiversar la verdad en su beneficio político. Tampoco deja de ser paradójico que el partido que ha enviado en numerosas ocasiones a terceras personas a mediar con los representantes del gobierno catalán sea ahora uno de los que ataca con virulencia a quienes de forma abierta tratan de hacer lo mismo.

¿Es que alguien se cree las acusaciones de colaboracionismo y entreguismo que se le están haciendo a Sánchez? ¿Es que alguien se cree ese discurso de un gobierno socialista decidido a ceder posiciones antes los partidos independentistas para dar una salida consensuada a lo que está ocurriendo en Cataluña? Pues parece que sí, que una parte de la sociedad se cree el primer supuesto y la otra el segundo. Parecen olvidarse de que quien preside este PSOE es Cristina Narbona y de que el ministro de exteriores es su marido Josep Borrell, ambos no con poca influencia en todo lo que ocurre en el partido y por supuesto poco sospechosos de ser favorables de las cesiones al independentismo. Otros incluso desconocerán que una de las manos derechas de Sánchez y principales encargadas de la estrategia del gobierno en el tema catalán es la ex diputada de UPyD Irene Lozano, premio Espasa de ensayo en el 2005 por su libro “Lenguas en guerra”, en el que soltaba perlas al nivel de: “Lo que sostengo es que los intentos de imponer el castellano, cuando existieron, llegaron tarde, no fueron ni continuados ni sistemáticos, y se vieron obstaculizados por mil avatares. […] La prueba definitiva de la débil imposición del castellano la dan hoy varios millones de hablantes de catalán, gallego y vasco”.

Cualquiera que analice con un poco de exhaustividad la estrategia de este gobierno en cuanto al tema catalán no tardará en darse cuenta de que no dista mucho de la de Rajoy, aunque eso sí, con mucho más talante, teatralización, y, sobre todo, una sonrisa amable.

Por otra parte, no creo que venga mal a las fuerzas independentistas unas nuevas elecciones en este momento, ya que, aunque se arriesgan a un cambio en la correlación de fuerzas en el conjunto del estado español, también es cierto que jugarán con la extraordinaria baza de un electorado que con casi total seguridad se volverá a movilizar ante la continúa exposición mediática de su anterior gobierno sentado en un banquillo tras más de un año de presión preventiva ante unos hechos que difícilmente se sostienen.

Si alguien queda en peor posición en toda esta concatenación de sucesos, estos son Unidos Podemos y sus partidos periféricos. Entre otras cosas porque sus propias bases y votantes potenciales se están agarrando a la estrategia publicitaria del gobierno socialista. No hace falta más que darse un paseo por las redes sociales para ver como desde el progresismo se está equiparando a los partidos independentistas con la derecha española por el hecho de no querer votar positivamente la ley de presupuestos. Y aunque a priori este relato también debería favorecer a Podemos y compañía, todo da la impresión de que le están haciendo la campaña a otros cuando lo defienden.

Y es que las luchas de poder, el personalismo, las profundas contradicciones y la falta de contacto con los movimientos sociales están ahogando las posibilidades electorales de la formación morada y sus confluencias, lo que supone la mayor de las oportunidades para el PSOE de recuperar una clara hegemonía en la izquierda española. Esta situación está provocando que los dirigentes de Podemos y aquellos que los acompañan salgan ahora a la esfera pública a cargar, con cierto victimismo, contra aquellos que los abocan a una nueva carrera en las urnas; en lugar del característico optimismo y el discurso del salir a ganar que han mostrado siempre estas formaciones.

No es de recibo que ante los medios de comunicación se salga a proclamar ganadores de unas virtuales elecciones a tu máximo rival por el simple hecho de que un proceso electoral no te convenga. Con ello no quiero decir que no deban intentar prolongar la legislatura, pero defender esta postura no debe significar mostrarse totalmente derrotado ante los electores. Estas fuerzas saben que unas hipotéticas elecciones las pillarían a contrapié; y han preferido echar balones fuera y culpar a los demás de sus males en lugar de olvidar rencores, recomponer filas y componer un relato consensuado que consiga generar ilusión y capitalizar el miedo a una derecha fuerte entre sus potenciales votantes. Por suerte para ellos, todavía no está todo perdido y las grandes pasiones que genera la actualidad política pueden posibilitar una remontada de esta situación si la estrategia elegida es la correcta.

Algunos pensarán que el hecho de no aprobar estos presupuestos es uno de los mayores fracasos del gobierno socialista. Yo pienso que es la culminación de una gran estrategia de marketing ya que les permiten acudir a la cita electoral con la campaña hecha, pudiendo echar en cara a sus rivales el haberse negado a aprobar todas las medidas sociales que estos incluían y capitalizar en su beneficio todas las aportaciones que ha hecho Unidos Podemos.

Estas elecciones no pueden venir en mejor momento para unos socialistas que previsiblemente aumentarán su número de escaños, y que, de no poder conseguir una mayoría con sus actuales socios; podrá descafeinar los actuales impuestos, moderar más si cabe su postura, y acercarse a un partido de Rivera al que también le puede pesar un posible pacto de gobierno con VOX a nivel nacional.

No olvidemos tampoco, por otro lado, que ya se escuchan voces de una nueva recesión que ya empieza a azotar a los centroeuropeos, y no creo que el actual gobierno quiera asumir ese desgaste. Puede que esta sea una razón más para acudir ahora a las urnas.

 

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