El príncipe, publicado póstumamente en 1531, es un tratado de doctrina política escrito por Nicolás Maquiavelo. El texto está dirigido a Lorenzo de Médici, conocido como ‘el Magnífico’, a quien Maquiavelo explica cómo actuar y qué hacer para unificar a Italia y sacarla de la crisis en que se encuentra.


LO BÁSICO

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Nicolás maquiavelo: El príncipe y su aportación a la política moderna


Expone Maquiavelo en El príncipe que los principados hereditarios, así como los nuevos, precisan políticas de continuidad en lugar de cambios radicales que puedan trastornar la vida y costumbres de la población.

Se hace mención en el libro a que los estados hereditarios, que él autor considera que son mucho más fáciles de conservar que en el caso de los nuevos, porque tan sólo tienen que seguir los pasos de su linaje y no alterar la ordenación establecida por sus predecesores, así evitará el nuevo príncipe problemas.

«El príncipe hereditario no necesita más que una capacidad regular para mantenerse siempre en sus estados; y no hay duda que lo conseguirá, sometiéndose a la imperiosa necesidad de los tiempos en que vive, y no saliendo voluntariamente del orden y método establecidos por sus predecesores, a no venir a despojarle una fuerza infinitamente superior: aun en este último caso podrá volver a recobrarlos a pocos reveses de fortuna que sufra el que los ocupe después de él».

Maquiavelo pone de ejemplo al Alfonso I de Este (Ferrara, 1476 – ibídem, 1534) un noble italiano, duque de Ferrara, de Módena y de Reggio, que intervino en las Guerras Italianas firmando la Liga de Cambrai. En 1510, el Papa Julio II lo excomulgó y declaró ilegítimo su poder sobre el territorio de Ferrara, anexionándolo a los Estados Pontificios. Alfonso participó en la expedición organizada por el emperador Carlos V contra el papa Clemente VII y en 1530 la Santa Sede volvió a reconocerlo como legítimo poseedor de los ducados de Módena y Reggio:

«Tenemos un ejemplo de esto dentro de Italia en la persona del duque de Ferrara [2], el cual pudo resistir a los Venecianos en el año de 1484, y al papa Julio II, en el de 1510, solamente porque era un soberano antiguo en este ducado».

El príncipe natural debe ser mas amado, no teniendo tanta ocasión y necesidad de vejar a sus súbditos; y es regular también que estos le tengan inclinación, no haciéndose aborrecible por vicios extraordinarios. La misma antigüedad y duración de un gobierno desvanece los deseos y disminuye las ocasiones de mudarle, porque toda mudanza tiene sus inconvenientes, y deja sentados los cimientos para otra nueva.

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El príncipe. Análisis por capítulos

Capítulo I: las repúblicas y los principados 

Capítulo II: principados hereditarios

Capítulo III: principados mixtos