Cientos de profesores llenan las calles de Rabat desde mediados de marzo protestando por sus condiciones laborales. Los docentes alauitas denuncian la precariedad que viven desde que en 2016 el gobierno aprobó el “contrato temporal renovable”, una fórmula que permite encadenar contratos con menores derechos laborales y salarios rebajados respecto a sus compañeros con plazas fijas.

La medida se ha aplicado en escasos cuatro años a unos 50.000 docentes marroquíes, lo que provocó fuertes movilizaciones a finales de 2019 que fueron abruptamente cortadas por la crisis sanitaria de la COVID-19. En noviembre de 2020 las protestas se reactivaron con la convocatoria de huelga general educativa por parte de la Confederación Democrática del Trabajo de Marruecos (CDT) y la Federación Nacional de Educación (FNE).

Aunque hasta la fecha la represión marroquí había sido más selectiva sobre activistas concretos, las movilizaciones del 16 y 17 de marzo, prohibidas por el gobierno por las restricciones sanitarias, fueron brutalmente disueltas. Las fuentes oficiales no han dado cifra de heridos y detenidos, aunque los convocantes hablan de decenas. Las imágenes pronto se viralizaron en redes sociales bajo la etiqueta #Protect_Teachers_In_Morocco (#احموا_الأساتذة_في_المغرب), con fotografías y videos de docentes golpeados por la policía; además, algunos medios de comunicación fueron apartados de los sucesos por los cuerpos de seguridad.

Las protestas cuentan con el apoyo de estudiantes, sindicatos de trabajadores y sectores renovadores afines al Movimiento 27 de Febrero, organizador de las protestas antiautoritarias de 2011 en Marruecos. Aunque el carácter de estas movilizaciones se aleja de lo masivo que fue la primavera árabe marroquí, una de las primeras que golpeó al mundo arabo-islámico, las calles de Rabat vuelven a acoger movilizaciones populares tras una década de gran debilidad del tejido popular y asociativo.

La educación en el país norteafricano sigue siendo una asignatura pendiente, según datos del Banco Mundial y la UNESCO el analfabetismo azota a unos 8 millones de personas (un 30% de la población adulta), incluyendo también a un importante porcentaje de población juvenil. Además, la brecha de género educativa es la mayor de los países de la región, con más de un 65% de mujeres adultas analfabetas según indican las mismas fuentes.

 

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