Aunque todavía no se ha puesto en marcha el Gobierno de coalición acordado por el PSOE y Unidas Podemos, a la espera de que se confirme si Pedro Sánchez cuenta con las abstenciones de ERC y EH Bildu ante una eventual investidura, ya se van poniendo los mimbres de la política laboral del futuro Ejecutivo.

Los dos partidos ya tienen claro cuál sería su primera medida social de su gobierno de coalición: la subida del salario mínimo interprofesional (SMI). Según la Carta Europea, ese salario mínimo debe ser el 60% del salario medio, lo que supondría una subida hasta algo más de los 1.200 euros al final de la legislatura. De momento, en 2020 ya se llegaría a los 1.000 euros.

La subida del SMI que llevó a cabo el gobierno socialista el año pasado fue la mayor de la historia, ya que supuso un incremento del 22% de golpe. Diversos estudios preveían entonces una caída del empleo pero esos malos augurios no se han cumplido.

La subida del SMI no destruye trabajo

Si hay quien pudiera culpar de la desaceleración del mercado laboral que se vuelve a percibir en noviembre a la fuerte subida que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) experimentó este año, se equivoca, ya que esta medida no ha destruido empleo sino todo lo contrario.

El número de trabajadores que se mueven en el entorno del SMI se ha incrementado en el periodo estudiado en 87.250 personas, que además han elevado su base de cotización en 105,9 euros más al mes. Así, si en 2018 había 1.606.649 personas ganando el mínimo marcado por la ley por una jornada completa y cotizando por una base media real de 728,94 euros al mes, un año después el Ministerio contabiliza 1.693.899 trabajadores que cotizan por una base real media de 834,92 euros al mes.