65Shares

Xosé Lois Jácome

Lo primero que sientes cuando recibes la propuesta de escribir sobre el “aliado feminista” es pudor. Mucho pudor. 

Primero te preguntas a ti mismo si eres o no un aliado, y después, si tienes suerte de vivir y trabajar rodeado de feministas (de las de verdad) preguntas si tiene sentido que tú escribas sobre que es un aliado o si sólo vas a hacer el ridículo más solemne, cosa que por otro lado también está muy de moda en la política. 

La verdad, es que las compañeras a las que pregunté tuvieron cada una, a su manera, una respuesta bastante positiva; desde “el nivel está tan bajo que no está tan mal que lo hagas tú” (dicho con cariño, espero) a “mira lo que pasa en las asambleas cuando hablan las mujeres, no sé si eres aliado, pero no eres enemigo”.  

Es verdad. El nivel es lamentable; sorprende la cantidad de compañeros de izquierdas que se declaran, ya no machistas, sino directamente feministas y después interrumpen a las mujeres que dan el paso de intervenir en una asamblea y nunca, nunca interrumpen a un hombre. Sorprende la cantidad de compañeros que no ven nada anormal que en una reunión de trabajo acudan catorce hombres y una mujer (no doy la cifra al azar, tiro de reuniones próximas en el tiempo). Sorprende que por militar en una organización que tiene el feminismo por una de sus banderas ya no sea capaz de poder ver que reproducimos los comportamientos de la sociedad; una sociedad heteropatriarcal hasta la médula. Heteropatriarcal hasta tal punto que ni vemos el machismo porque forma parte de nosotros. Prefiero pensar que la situación es mejor en las organizaciones de izquierda que en la derecha o de “extremo centro”, pero la verdad, no lo tengo muy claro. 

Las compañeras feministas, me hicieron tener por costumbre contar al llegar a un debate, acto o asamblea, y ahora no puedo evitar hacerlo. Llego, me siento y cuento, ¿Cuántos hombres? ¿Cuántas mujeres? ¿Cuántas intervenciones de hombres y cuántas de mujeres? ¿Cuántas veces un hombre repitió los argumentos de otro hombre sólo por el placer de escucharse y que lo escuchen? ¿Cuántas veces una mujer al llegar a su turno de palabra dice que por no repetirse pasa su turno? Muchas, la brevedad es revolucionaria y es una cualidad feminista. ¿Cuántas veces hace eso un hombre? Mínimas, la de veces que tuve que escuchar “no voy a aportar nada nuevo, pero…” son ya incontables y siempre, siempre, sale de la boca de un hombre. 

A los actos feministas a los que tuve la oportunidad de asistir (no los suficientes, lo tengo claro), siempre hay mayoría de mujeres, y siempre se repiten las mismas caras masculinas. Sin embargo -cosas que sorprenden- en un acto reciente sobre vientres de alquiler, oh ¡sorpresa!, de repente el número de hombres igualaba al de mujeres. Claro, se tomaba posición sobre un tema, y cuando toca tomar decisiones, allí estamos los hombres, participando y opinando. Ahora bien, cuando toca hablar de prostitución, cuando toca escuchar otras cosas horribles como que el 30% de los hombres en el Estado Español reconocen ser usuarios de la esclavitud que supone esa práctica, ahí no estamos y tampoco se nos espera.  

Decidir sí, formarse para evitar caer en el “sentido común” que supone la opinión mayoritaria formada por un sistema que consagra la dominación del 50% de la población, no. Eso no nos hace falta a los hombres, ¡ya militamos en formaciones que se dicen feministas! ¿Qué más necesitamos hacer? ¡Por favor! 

Una muy estimada compañera, decía hace poco “me hice feminista y por eso, después, me hice ecologista, y por eso, después, me hice comunista”. Yo me hice anticapitalista y por eso, algún día aspiro a ser aliado feminista. De momento tendré que conformarme con no ser enemigo. 

Aspiro a seguir escuchando, a no menospreciar una opinión por según de quien venga, a continuar con esas incómodas gafas anticapitalistas a las que hay que añadir unas lentes violetas, porque una cosa no puede venir sin la otra; a continuar teniendo dudas sobre si debo escribir o no sobre “aliados” porque sé, con toda seguridad, que no tengo la suficiente formación feminista, porque sé, con toda seguridad que hay un machista en mí. Porque es imprescindible que tenga conciencia de que yo soy machista, y todos y cada uno de los hombres que conozco también lo son. Y esto no debería ofender a ningún aliado feminista, ¿verdad? 

65Shares

Deja un comentario