Año publicación: 
2020
Autor / es: 
Thom Holterman
Editorial: 
La Neurosis o las Barricadas
ISBN: 
978-84-121342-1-6
Páginas: 
134
Tamaño del libro: 
18 x 14
Web: 
https://www.laneurosis.net/Proyecto/pueblos-sin-estado-antropologia-y-anarquismo/

«Libre de poder pero no libre de conflicto».

La  Neurosis o las Barricadas. – “Pueblos sin Estado. Antropología y anarquismo” es el decimosegundo título de nuestra colección central. En este trabajo, el investigador holandés Thom Holterman se aproxima a algunas de las obras más significativas de la antropología de las últimas décadas para explorar, lejos de los prejuicios típicos del pensamiento occidental, qué rasgos culturales de las sociedades organizadas en estructuras no estatales impiden el desarrollo de formas de dominación. Los detalles aportados por diversas investigaciones servirán al autor para deducir las diferencias entre sociedades organizadas alrededor de valores que desprecian la centralización del poder y otras, que, por el contrario, estimulan y normalizan las relaciones de dominio de unas personas sobre otras:

Puede resultar interesante indagar qué pueblos y culturas se han protegido de la acumulación de poder y cómo lo han hecho. Si miramos al presente o al pasado, resulta obvio que hay diversos pueblos que han demostrado un enorme desprecio por la desigualdad, el egoísmo y la violencia. Desde este punto de vista podemos poner en duda muchos prejuicios sobre la superioridad de las sociedades occidentales sobre otras culturas. Resultaría sencillo poner un ejemplo: si valorásemos el sentido de comunidad y la preocupación por el equilibrio social, la generosidad o la autosuficiencia, resultaría que las sociedades occidentales no son en absoluto sociedades avanzadas y tendríamos entonces que envidiar cómo en determinadas culturas se articulan normas sociales que obstaculizan la posibilidad de que unos grupos sociales puedan ejercer alguna forma de dominación sobre otros.

Este es el eje sobre el que gira Pueblos sin Estado. Antropología y anarquismo que, de esta manera, cuestiona que toda norma legal sea una herramienta de dominación. Holterman penetra en las costumbres de diferentes pueblos, donde las normas no escritas, sus leyes nunca plasmadas en códigos, sirven para asegurar una igualdad que impida la centralización del poder. Ese modo de organización social no sería el simple fruto de las circunstancias económicas y materiales, sino que sería una decisión colectiva. Esta idea desmiente que formas de centralización del poder político como el Estado sean un avance y que las sociedades sin Estado vivan ancladas en un estadio primitivo de la evolución humana.

Holterman dedica, además, una atención especial al análisis de la inteligencia colectiva que posibilita en múltiples comunidades un sistema basado en la justicia restaurativa. Su lectura aporta lecciones que debiéramos tener muy en cuenta.

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Del texto del libro

Resulta instructivo (re) leer los estudios etnológicos dedicados a las sociedades de cazadores recolectores o a las comunidades campesinas. No se trata de desear una vuelta a la Edad de Piedra, sino de comprender por qué estas culturas han consagrado tan poco tiempo a la producción y han dedicado mucho más a las actividades que podemos llamar de ocio… Las sociedades que se niegan a crear excedentes parecen sociedades en las que la desigualdad de recursos no puede darse por el rechazo que provoca.  En estas sociedades, la relación social se basa en la exclusión de quien crea una posible desigualdad, mientras que en las sociedades con excedentes la relación social se basa en la dominación. Es necesario resaltar que el campesinado, suponiendo que tuviera cómo resolver sus propias necesidades fundamentales, no produciría automáticamente un excedente susceptible de ser apropiado por las élites; habría que forzarlo. Y la escasez y la abundancia tienen una fuerte carga cultural…

El pensamiento occidental en materia de derecho está infectado por la idea cristiana de que a través de la restricción por grandes entidades podemos conseguir la salvación. Cuando los países occidentales colonizaron las regiones extranjeras, no sólo las saquearon, también impusieron el cristianismo. Los cristianos han socavado los valores igualitarios que existían en esas regiones. Como intrusos y ocupantes no consideraron que tuvieran nada que aprender, considerándose portadores del derecho verdadero y declarando que el de los pueblos autóctonos no era más que un no-derecho.  Pero este no-derecho denostado por los pensadores occidentales ha perdurado entre nosotros hasta la actualidad. Se trata de un poder de saber, basado en la sabiduría o en la sensatez.

Las conclusiones del trabajo de Hermann Amborn en diversas regiones de África explican, por un lado, los medios de prevenir la centralización del poder en los pueblos sin Estado, prestando especial atención a sus métodos de resolución de conflictos. Por otro lado, le proporcionan material para criticar los típicos puntos de vista occidentales sobre el Estado, el poder, el derecho y la resolución de conflictos. Todo esto lo hace mostrando explícitamente los paralelismos con el pensamiento libertario –o intentando convertirlo en algo fructífero para éste-.

El poder se desarrolla en las sociedades policéfalas a partir de un determinado modo de competencia entre personas iguales. Sus intereses se definen en las discusiones sobre el concepto de vivir juntos, con determinadas reglas y pautas. El deseo central –la paz y la armonía comunitaria- surge y se mantiene vivo gracias a la comunicación. El reparto de poder entre varias cabezas tiene como objetivo el equilibrio, que resulta posible gracias a la competencia en el ejercicio de aquel. Como todo el mundo conoce la ley –en forma de proverbios, fábulas…- no es necesario un juez, y una forma de atacar las violaciones de las normas es mediante la ridiculización de los infractores.

No se trata de trasladar las instituciones policéfalas a las sociedades occidentales existentes. Para que esto pudiera suceder serían necesarios muchos cambios de paradigma, y eso conllevaría un proceso muy largo. Sin contar con el hecho de que las sociedades occidentales son sociedades organizadas en clases sociales, con enormes diferencias y con intereses inherentes a cada grupos social. Pero si consideramos los actuales pueblos sin Estado como comunidades funcionales, la fijación sobre lo estatal parece, además de cuestionable, bastante miope. Después de todo, hay que reconocer que el Estado no ha logrado convertirse en garantía de equilibrio interno y de seguridad externa.

Del epílogo de la editorial.

La propuesta libertaria se basa en la intensificación de las relaciones sociales sobre una base de cooperación que equilibre la relevancia de lo colectivo con el respeto al individuo. Esto supone un profundo cambio social. Los organismos de intermediación serían herramientas de reequilibrio social, no instituciones profesionales de disciplinamiento separadas del espacio de lo común. Nos convendría hacer posible en los espacios y colectivos anarquistas este modo de entender la justicia.

 

El autor. Thom Holterman ha sido docente de derecho, hasta su jubilación, en la universidad Erasmo de Rotterdam. Vinculado al movimiento antimilitarista holandés, es editor de la revista AS.

Precio: 
6.00€

Fuente: A las barricadas