El expresidente de la Generaltat ha felicitado a los catalanes por “otra lección de civismo y democracia” con una participación récord, y ha recordado a los miembros de su Gobierno en general y a los soberanistas encarcelados. Ha indicado también que las elecciones han reflejado que se mantiene la legitimidad de la Generalitat, mientras que “el Estado español ha sido derrotado”.

La candidatura del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, Junts per Catalunya, ha superado todos los pronósticos de debacle que le auguraban las encuestas y se ha hecho fuerte como primera fuerza del independentismo. Unos 12.000 votos y dos escaños más ha sido la diferencia con ERC, que partía como favorita en la carrera.

Quedar en segundo puesto, en este caso, es un triunfo. La cifra es muy superior a la que preveían las encuestas y porque, como líder de un bloque independentista que mantiene la mayoría absoluta, se sentirá legitimado para reclamar la presidencia que le fue arrebatada.

Puigdemont ha protagonizado una campaña atípica, básicamente, centrada en su figura de “president legítimo”, y se ha rodeado de independientes. Apenas han aparecido las siglas de su partido, el PDeCAT. El resultado de Junts per Cataluña es inferior a cualquiera de la antigua CiU en los últimos 37 años, aunque la comparación con 2015 es directamente imposible porque ERC y CDC, hoy rivales, se presentaron juntas.

Los datos históricos no son estrictamente comparables porque los componentes de la candidatura creada en torno a CDC han variado con el tiempo –incluso JxCat es una coalición entre CDC y PDeCAT con independientes–. En 2015 lo hizo junto a ERC en Junts pel Sí, motivando la marcha de la mitad de Unió Democràtica de Catalunya (UDC), que había sido su socio desde los inicios de la democracia.

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