Existen dos métodos seguros para interrumpir el embarazo en las primeras semanas de gestación, de una parte, el método farmacológico y de otra el instrumental. En el primer caso, la gestación se interrumpe gracias a la acción de dos fármacos: la mifepristona, que impide la progresión del embarazo y el misoprostol cuya función es expulsar el saco gestacional del útero. En la técnica instrumental se utilizan las aperturas naturales del cuerpo de la mujer para vaciar el contenido uterino, sin que se produzcan incisiones ni cortes para realizar el aborto.

¿Qué método elegir? Para los/as profesionales de ACAI no existe un método mejor que el otro, ni más seguro cuando ambos cuentan con la supervisión e intervención médica, lo que si consideramos es que la mujer es la única, que toda vez que ha sido informada de ambas técnicas, debe decidir de acuerdo a sus características personales y sanitarias el método más adecuado a sus circunstancias. La mujer no solo debe decidir si interrumpe o no su gestación, sino también con qué método hacerlo y el tipo de sedación o anestesia. Nadie debería decidir por ella.

Esta reflexión que comulga con el deseo de empoderar a la mujer y que viene avalada por las recomendaciones de la OMS, no está siendo respetada. En estos momentos, asistimos a una generalización del método farmacológico en detrimento del instrumental, lo que podría suponer la desaparición de una técnica segura, la instrumental, preferida y elegida por el 78% de las mujeres.

https://www.acaive.com/pdf/estudio-comparativo-farmacologico-instrumental-Hasta-7-semanas.pdf

Las causas de esta situación, la expansión del método farmacológico frente al instrumental, son diversas. En primer lugar, este método se extiende entre las mujeres de aquellos países en los que el aborto es una práctica ilegal, convirtiéndose muchas veces en la única posibilidad de acceso a una IVE con ciertas garantías sanitarias. Sin embargo, la falta de supervisión médica o el origen incierto de los medicamentos, no permite garantizar la seguridad de la mujer o el éxito del procedimiento, ya que la técnica farmacológica cuenta con una tasa de fracaso entre el 2% y el 5%. Un fracaso que obligaría a repetir el proceso o realizar una finalización instrumental a la que estas mujeres no siempre pueden acceder.

Otra de las razones por las que se extiende la técnica farmacológica deriva de la objeción profesional a realizar abortos. La mal llamada objeción de conciencia encuentra en el método farmacológico un aliado fundamental. Y esto es así, porque el método instrumental requiere de la participación directa de profesionales médicos que realizan la intervención, mientras que en el farmacológico es la mujer la que, casi por sí misma, realiza su aborto tras ingerir los fármacos. En definitiva, el estigma en torno a la IVE, procura una falta de formación de profesionales en técnicas instrumentales y refuerza el uso del farmacológico, ya que este método no solo requiere menos personal y de menor cualificación, sino que implica menos compromiso.

Estas circunstancias han procurado que en países de nuestro entorno como en Francia, el 67´5% de las IVE se realicen por el método farmacológico, países en los que es difícil encontrar profesionales que dominen la técnica de dilatación y aspiración con el consiguiente riesgo para las mujeres. En España la incorporación de esta práctica sanitaria dentro del ámbito público está desarrollándose del mismo modo. En comunidades como Cataluña, Islas Baleares, Galicia, Valencia o Navarra cada vez se recurre más al método farmacológico para realizar las IVE directamente en los centros públicos, sin que contemplen la posibilidad de garantizar la necesaria convivencia de ambas técnicas mediante la formación del personal médico en todas las técnicas, como recomienda la OMS, evitando con ello la pérdida de profesionales cualificados y asegurando el relevo generacional.

Asimismo, distintos gestores sanitarios y plataformas farmacéuticas están imponiendo el farmacológico como único método por razones económicas, ya que para la realización de esta técnica no se precisa personal muy cualificado, ni sala quirúrgica (basta con una consulta) ni prácticamente medios técnicos. De hecho, la técnica farmacológica se está utilizando en algunos hospitales como base de las IVE incluso en el segundo trimestre, lo que aboca, en estos últimos casos, a un aborto largo y más riesgoso para la mujer.

Esta generalización del método farmacológico que como factor positivo nos permitiría acercar la IVE a poblaciones pequeñas, procura, como contrapartida, la pérdida de unas técnicas instrumentales, sobre todo en determinadas edades gestacionales, menos dolorosas, rápidas, con menos complicaciones, con una afectación emocional menor y valoradas por las mujeres de manera más satisfactoria en todas las semanas, pero especialmente en gestaciones avanzadas. De hecho, los gestores sanitarios no deberían olvidar que las técnicas instrumentales son las recomendadas por la OMS y otras sociedades científicas para las interrupciones avanzadas.

Por último, no quisiéramos dejar al margen otra razón que explicaría también la sustitución entre métodos. Para determinadas corrientes de pensamiento, el método farmacológico vendría a empoderar a la mujer, ya que esta realiza prácticamente por sí misma la interrupción, lo que le permitiría gestionar su aborto. Para nosotras/os, sin embargo, el empoderamiento pasa porque sea la mujer la que decida qué método es más acorde con sus circunstancias y no por la imposición de un método, sea el que sea, frente al otro.

Por otra parte, desde nuestra experiencia podemos decir que la mayoría de las mujeres informadas y con libertad de elección, escogen el instrumental frente al farmacológico, un 78% frente a un 22%. Entre las razones que manifiestan estas mujeres, destacan que la técnica instrumental les parece más rápida y segura, que es un método menos doloroso y que les reporta un menor sangrado y menos efectos secundarios. Pero por encima de todas estas motivaciones, destaca una que nos parece fundamental y es que muchas mujeres no desean manejar el procedimiento, no quieren vivenciar el aborto, sino que quieren ser asistidas y acompañadas durante el proceso.

Los/as profesionales que realizamos la mayor parte de las IVE en nuestro país no nos posicionamos ni a favor ni en contra de ninguno de los dos métodos. Si bien consideramos que el verdadero empoderamiento de la mujer pasa por dejarla elegir el método más acorde con sus circunstancias. Para que esa libertad sea real, para que la seguridad de las mujeres esté garantizada, el personal médico y sanitario que realiza las IVE tiene que estar formado en todos los métodos y no solo en aquellos que no menoscaban su objeción profesional.

En definitiva, frente al método, la mujer también debe tener libertad de elección y para ello, las autoridades sanitarias deben preservar ambas técnicas y ofrecerlas.

Eva Rodríguez Armario
Vicepresidenta de ACAI