Ivan Olmedo

Este nuevo ciclo político viene bien cargado: Si el próximo 26 de mayo había elecciones
europeas, locales y algunas autonómicas, ahora de forma inesperada (o no) habrá
elecciones generales para este 28 de abril. Podríamos decir que este 2019 en España
se venera las fiestas de la democracia representativa, de las cuales podremos ver como
invitado algún ridículo caballero con clara voluntad de retornar al siglo XV u otros
individuos que sin necesidad de ir a caballo retroceden hacia la misma época. Estas
elecciones son el síntoma de que sigue presente la crisis del régimen del 78 y es que
tres elecciones generales en menos de cuatro años, como mínimo, nos da que pensar
que algo no va bien. Si miramos en perspectiva, antes del 2015 en España estábamos
en un sistema bipartidista, en donde PSOE y PP se comían todo el pastel, mientras que
ahora pasaremos a un sistema pluralista de cinco partidos nacionales (PP, PSOE, C’s,
UP y Vox). Nadie se podía esperar razonablemente antes de la irrupción de Podemos
en 2014 que habría actualmente dicha fragmentación parlamentaria.

A mi parecer, el eje articulador de estos comicios será el nacional (Centro-periferia),
debido fundamentalmente a los juicios a los líderes independentistas, aunque el
surgimiento de fuerzas de extrema derecha provocará, entre otras razones, que se
fortalezca el eje socio-económico (izquierda-derecha). En última instancia, en estas
elecciones se pone de manifiesto las dos principales cuestiones que ponen en juego el
régimen del 78, esto es: Por un lado, la cuestión territorial, acentuada a partir de la STC
31/2010 del Estatut d’Autonomia de Catalunya y todo lo que vendrá siendo el Procés;
por otro lado, la cuestión social a partir de la crisis económica de 2008 y
posteriormente el 15M. Estas hemos de entenderlas como un proceso y, en este
sentido, creo que vivimos en una etapa de cierta tendencia de reacción o, al menos, de
claro estancamiento —Véase el surgimiento de Vox, la posible mayoría de un bloque
de derechas a la andaluza, la incapacidad de la Generalitat de “materializar la
república”, el retroceso electoral de Podemos, etc.

En todo caso, antes de avanzar más hemos de hacer un breve resumen de cómo
hemos llegado aquí: ERC y PDeCAT vetaron el trámite de los Presupuestos Generales
del Estado por motivos nacionales, esto es, la inactividad del gobierno español frente a
los juicios a los líderes independentistas. Podemos achacar la decisión de ERC y
PDECAT de inoportuna y de irresponsable, que lo es, pero no es menos verdad que la
postura del gobierno del PSOE frente la cuestión catalana no ha estado a la altura, al
menos considerando que gobierna en minoría. En cualquier caso, se rechazó tramitar
esta ley en el Congreso, por lo que Sánchez decidió convocar elecciones anticipadas.
Más allá de una derrota para el PSOE, la no aprobación de estos presupuestos podría
dar alas a los socialistas para reivindicarlos en esta campaña electoral como una suerte
de “nosotros habíamos puesto los platos sobre la mesa, pero los partidos
independentistas se han aliado con la derecha para tirar este almuerzo.” Lejos de
quién haya sido el responsable, la realidad es que la comida está desparramada por el
suelo y las cucarachas de la extrema derecha vendrán a estas elecciones. De esto
último tenemos que hablar ahora.

Lo que no podemos negar es que la posible irrupción de Vox provoca lo siguiente: Por
un lado, un efecto de atracción a postulados más extremistas del Partido Popular y
Ciudadanos en relación, sobre todo, a la cuestión territorial. Parecería que Abascal,
Rivera y Casado hubieran salido de fiesta juntos y, tras estar ebrios volviendo a casa,
estuvieran proponiendo medidas a cada una más reaccionaria en relación al tema
catalán —“Pues yo aplicaría el 155 otra vez”, “¿Sólo eso? ¡Yo lo aplicaría
indefinidamente!, “Vaya acomplejados, yo haría que las autonomías desaparecieran”.
Nada más lejos de la realidad, esta voluntad recentralizadora de los partidos de
derecha estatal roza entre lo ridículo y lo preocupante. Inevitablemente el clivaje
nacional será el que predominará toda la campaña electoral, dejando en una posición
incómoda al PSOE y a Unidas Podemos. Por otro lado, la consolidación de dos bloques
en el eje izquierda-derecha. Considerando que la ejecutiva de Ciudadanos ha decidido
no hacer acuerdos poselectorales con el PSOE —y sin excluir que el partido de Rivera
cumpla con lo que dice— las únicas posibilidades de acuerdos postelectorales serían
muy similares al Parlamento andaluz: Unidas Podemos y el Partido Socialista como
bloque de izquierdas estatal y Ciudadanos, Partido Popular y Vox como bloque de
derechas estatal. La diferencia más notable con Andalucía será el papel crucial de los
Partidos de Ámbito No Estatal (PNV, ERC y PDECAT).
Dicho esto, la pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿qué posición tomarán ERC y
PDECAT en la formación de un nuevo gobierno central? Está claro que podemos
descartar el pacto de ambos partidos con el bloque de derechas estatal, cosa muy
distinta (o no) pasaría con Unidas Podemos y el PSOE. ¿Cuál son los factores que
condicionarán un pacto postelectoral entre el bloque de izquierdas y ERC y PDeCAT? A
mi parecer son dos:

1) Los juicios a los líderes independentistas; el Supremo dictará
sentencia más o menos por verano, cosa que será decisiva para los futuros
movimientos de los partidos independentistas catalanes.

2) Vox y un posible gobierno español sustentado por dicho partido, PP y Ciudadanos. Es realmente imposible que ERC y PDeCAT consientan la posibilidad de que llegue al gobierno los amantes de Pelayo y de la ornitología —aunque el rechazo del trámite de los presupuestos generales me lo hace dudar.

Cabe otras dos posibilidades: Por un lado, de que sumen mayoría absoluta los escaños de PP, Vox y Ciudadanos —más difícil sería que sumaran UP y PSOE— y no sean decisivos los escaños de los partidos de ámbito no estatal; por otro, que haya una repetición electoral, cosa que nunca podemos descartar.

En definitiva, en este artículo he intentado esbozar algunos, pero ni mucho menos
todos, asuntos a considerar en estos próximos comicios. Si bien es cierto que la
campaña electoral será intensa, tenemos que esperar al panorama postelectoral del
28-A. En estas fiestas de la democracia puede haber mucha resaca y es que aún queda mucha noche con las elecciones municipales, europeas y algunas autonómicas para este mayo. Lo más seguro es que la campaña electoral de mayo venga muy influenciada de los resultados del 28-A. Todo está por ver, aunque espero, por el bien de mi vista, no ver un futuro gobierno del Facha.

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