Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia, se encuentra «luchando por su vida» tras sufrir un tiroteo

Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia, ha pasado de ser una figura política moderada a encarnar las posturas más radicales y nacionalistas, asemejándose cada vez más a líderes como Viktor Orbán. Este giro radical, que ha incluido alianzas con la ultraderecha y una retórica antimigración y prorrusa, plantea serias dudas sobre el futuro de la democracia en Eslovaquia.

UNA ASCENSIÓN MARCADA POR LA CONTROVERSIA

El regreso de Fico al poder en 2023, tras un período de destierro político, fue una sorpresa para muchos. Fico, quien dimitió en 2018 tras el asesinato del periodista Jan Kuciak, ha demostrado ser un superviviente político, adaptando su discurso para captar el descontento popular. Su campaña en 2023 se basó en promesas de defender al ciudadano frente a la inflación y en una dura crítica a las políticas migratorias y de ayuda a Ucrania.

El asesinato de Kuciak y su pareja en 2018, después de que el periodista expusiera conexiones entre el crimen organizado y altos funcionarios del gobierno, provocó una ola de indignación que forzó la dimisión de Fico. Kuciak había destapado fraudes fiscales y vínculos con la mafia italiana, y su asesinato sacudió profundamente a la sociedad eslovaca, generando protestas masivas comparables a las de la caída del comunismo en 1989. Sin embargo, estas tragedias no han impedido que Fico regrese al poder, esta vez con un discurso aún más divisivo.

DEL CENTRO A LA ULTRADERECHA

Durante su tiempo fuera del gobierno, Fico adoptó posturas cada vez más radicales. Atacó las medidas de confinamiento durante la pandemia, cuestionó la eficacia de las vacunas y abrazó un nacionalismo extremo. Su coalición con la ultraderecha y su retórica antimigración y prorrusa lo han acercado peligrosamente a figuras como Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, conocido por su autoritarismo y políticas xenófobas.

Desde su vuelta al poder, Fico ha implementado una serie de reformas polémicas. Entre las más controvertidas se encuentra la clausura de la Fiscalía Anticorrupción, que investigaba casos vinculados con su partido, y su intento de cerrar la radio y televisión públicas. Estas medidas han generado protestas multitudinarias y han sido vistas por la oposición como intentos de consolidar su poder y restringir la independencia judicial y la libertad de prensa.

UNA SOCIEDAD POLARIZADA

Las medidas y el estilo agresivo de Fico han exacerbado la polarización dentro de la sociedad eslovaca. La presidenta saliente, Zuzana Caputova, decidió no presentarse a la reelección debido a las amenazas de muerte que ha recibido ella y su familia, una situación que refleja el clima de intimidación y violencia política que ha fomentado Fico. Caputova, quien había sido una figura popular y moderada, fue repetidamente insultada por Fico, quien la describió como una «agente estadounidense».

Fico ha sabido explotar el descontento generado por la inflación y la gestión de la pandemia para fortalecer su base política, especialmente entre las clases más desfavorecidas y en las zonas rurales. Su oposición a las cuotas de reparto solidario de refugiados en la Unión Europea y su cese de la ayuda militar a Ucrania han consolidado su imagen como un líder nacionalista y prorruso, alejándose de las políticas pro-europeas de sus predecesores.

UN FUTURO INCIERTO

El futuro de Eslovaquia bajo el liderazgo de Fico es incierto. Su política de alianzas con la ultraderecha y su retórica divisiva plantean serias amenazas para la democracia y los derechos humanos en el país. Las reformas propuestas, como la ley sobre ONG que requiere revelar financiamiento extranjero, son comparadas con las leyes autoritarias de Rusia y Hungría, y suponen un intento de silenciar a la sociedad civil y limitar la libertad de expresión.

Fico ha criticado duramente las sanciones contra Rusia tras la invasión de Ucrania y ha dejado de prestar ayuda militar a Kiev, alineándose claramente con el Kremlin. Este giro prorruso y sus políticas antimigración lo han convertido en un paria dentro de la comunidad europea, pero han fortalecido su base de apoyo interna, que ve en él un defensor de los intereses nacionales frente a las presiones externas.

El ascenso de Robert Fico es un claro ejemplo de cómo el populismo y el nacionalismo extremo pueden erosionar las bases de la democracia. Su trayectoria política, marcada por escándalos, dimisiones y un retorno triunfal, pone de manifiesto los peligros de un liderazgo autoritario y divisivo. La comunidad internacional y los ciudadanos eslovacos deben permanecer vigilantes ante los riesgos que supone este tipo de liderazgo para la estabilidad y la cohesión social.

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