Razón y corazón

Luis Víctor Moreno Barbieri
Vicepresidente de Pacma


Decía Gandhi: “Al principio te ignoran, luego se ríen, más tarde te atacan… después ganas”. Se les ha congelado la sonrisa con la que nos obsequiaban a los animalistas. Han dejado de reírse y han pasado al siguiente nivel. Y vemos reflejado ese cambio en las cuestiones relativas a los derechos de los animales cuando, entre las principales propuestas programáticas del Partido Popular y Vox a la hora de definir su acuerdo de gobierno en Andalucía, encontramos la defensa a ultranza de la caza y la tauromaquia, dos actividades que exponen el máximo grado de crueldad hacia un individuo sintiente.

Una vez más vemos cómo la derecha se alza como instigadora, no digo ya solo defensora, sino recalco, instigadora del maltrato animal. Ellos alientan, subvencionan y definen como cuestión capital la perpetuación de sus “tradiciones”. Sus tradiciones que enmascaran un culto a la crueldad, un culto a la sangre, culto a la violencia, culto a los disparos en los campos, culto a las becerros atravesados literalmente por estoques más grandes que sus cuerpos, culto a los toros arrastrados todavía vivos camino al desolladero, culto a la matanza del cerdo que chilla mientras es arrastrado con un gancho en su hocico al cadalso… En definitiva, un culto a todo lo que huele a sangre, violencia y muerte.

Pero no es menos culpable de la situación esta izquierda trasnochada y casposa, con un PSOE traicionando las esencias de lo que tendría que ser un partido progresista y otro sector de la izquierda encabezada por Podemos, donde los complejos y las diversas corrientes les hace estar en un perpetuo “nadar y guardar la ropa”, en una continua esquizofrenia que les lleva a tratar de darse capas de “pintura animalista” que caen con las primeras declaraciones de sus dirigentes locales o con las primeras cuestiones que deben llevar a la práctica.

Para la izquierda los animales han sido considerados como meras unidades de producción, mientras que la derecha mantiene un distanciamiento antropocéntrico con raíces teocráticas, donde los animales han sido meros recursos con los que satisfacer y vanagloriarse de su posición como centro de la Creación; de ese modo, abusando de los animales, recalcan y refuerzan su idea de superioridad de origen divino.

Manteniéndonos al margen de esas caducas corrientes ideológicas, avanza imparable una nueva manera de comprender la realidad, en la que incluimos a los animales en nuestro círculo de consideración moral, en una forma evolucionada de relacionarnos con la naturaleza y con el resto de habitantes con los que convivimos en este planeta. Incluimos el respeto a los derechos y consideramos los intereses de los animales en una nueva corriente política que no está adscrita a ninguna ideología anterior y que marca una diferencia y una Re-Evolución del pensamiento. Sabemos que lo que nos traemos entre manos es la vanguardia de una revolución histórica en la que damos voz a los que no pueden tenerla por si mismos.

No hay nada más progresista que romper las cadenas de los esclavos, armarnos de empatía y hacer de aquel que es visto como diferente uno más en nuestro ámbito de consideración moral.

Sabemos que tenemos la razón y el corazón de nuestra parte, y ese es el motor que nos va a llevar a conseguir nuestro propósito.

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