Las poblaciones locales del este de la República Democrática del Congo acusan a los efectivos de la Misión de la ONU en su país, la MONUSCO, de colaborar con los militares y paramilitares que comenten masacres en su zona desde hace años. 

Hace tiempo que los congoleños lamentan el papel de la MONUSCO en su territorio, pero últimamente han pasado directamente a acusar a sus militares, conocidos como cascos azules, de complicidad con los asesinos que cometen masacres casi a diario en las provincias del este de la RDC.

El último en dar la voz de alarma ha sido el diputado provincial, Alain Kasereka Siwako, al conocerse la última masacre cometida en la noche del 22 al 23 de diciembre de 2020, en la localidad de Bulongo, sector de Ruwenzori, en el territorio de Beni. El valiente diputado Alain K. Siwako, ha acusado a los soldados de la MONUSCO de «vestir, alimentar, cuidar y dar medicamentos a los supuestos ADF». [audio]

«Sí, confirmo que las falsas ADF están mantenidas en Beni por la MONUSCO. Los falsos miembros de las ADF son vestidos, alimentados y cuidados médicamente por la MONUSCO, con lo cual, la MONUSCO no está en Beni para mantener la paz, sino para una misión destructora y oscura. Se está masacrando a la población ante la mirada de la MONUSCO, una fuerza internacional, que no puede atrapar a estos supuestos rebeldes ADF, a pesar de toda su logística».

El diputado electo por el territorio de Beni asegura que en los últimos tiempos «hemos tenido más de 5.000 muertos y la MONUSCO siempre ha estado presente». Siwako afirma que muchos pueblos que están al lado mismo de las bases de la MONUSCO han sido vaciados de su población, «como por ejemplo Mayimoya, mientras que tenía una base de la MONUSCO muy grande, ha sido vaciada de población. Cada día había asesinatos en Mayimoya, hasta que la población ha huido».

El diputado denuncia los objetivos de la MONUSCO como oscuros y malvados y advierte a las poblaciones de la región para que no acepten acoger bases de la misión de la ONU, porque «si aceptáis la MONUSCO, estáis optando por la inseguridad, por los asesinatos, las masacres y las incursiones diarias en vuestras comunidades». Pide a la población que se una para expulsarlos de la región, «porque solo nosotros podemos ser artesanos de la paz en nuestra tierra».

La grabación de esta entrevista del diputado Alain K Siwako ha corrido como la pólvora por WhatsApp caldeando un ambiente ya incendiado por la violencia. Cada vez es más la gente que defiende la tesis de que la misión de la ONU, no solo implanta la llamada “estrategia del Ángel Azul”, -hacer creer que se esta trabajando por la paz, cuando en realidad lo que se hace es bloquear que otras fuerzas intenten aportar soluciones, lo que busca esta estrategia es mantener el actual estado de las cosas, el status quo-, sino que tiene un papel activo y cómplice en el mantenimiento de la violencia y las masacres que sufren las poblaciones congoleñas originarias del este de la RDC.

Historial negativo de la fuerza de la ONU

Aunque en occidente se tiene una imagen de los cascos azules rodeados de un halo de bondad, en África, concretamente en el Congo, los niños les tiran piedras a su paso, son considerados una cínica tomadura de pelo a la población, incluso más, una fuerza más de agresión y saqueo imperialista.

La Misión de mantenimiento de la paz de la ONU para el Congo fue establecida por el Consejo de Seguridad (CS) a finales del año 1999, con el nombre de MONUC; diez años después se renombró como MONUSCO. Es la misión de la ONU más costosa, más duradera y con más efectivos (cascos azules) de toda la historia. Su presupuesto actual es de más de 1.086 millones de dólares, concretamente 1,086,018,600 $.

El CS autoriza a la MONUSCO «a utilizar todos los medios necesarios para cumplir su mandato relativo, entre otras cosas, a la protección de los civiles, el personal humanitario y los defensores de los derechos humanos que estuvieran bajo amenaza inminente de violencia física y a apoyar al Gobierno de la República Democrática del Congo en sus esfuerzos de estabilización y consolidación de la paz

La misión está constituida por personal civil, judicial y penitenciario, lo cual se traducía en 19.815 efectivos militares, 760 observadores militares, 391 agentes de policía y 1.050 miembros de unidades de policía (un total de 22.016 efectivos). En marzo de 2013, el CS decidió crear una brigada de intervención especializada para «neutralizar los grupos armados del este del país» y redujo su presencia en las zonas no afectadas por conflicto, la capital Kinshasa, para concentrarse en el este del país.

Advirtiendo que la «situación humanitaria sigue siendo muy preocupante» el CS renovó el mandato en marzo de 2018 y redujo sus efectivos a 16.215 efectivos militares, 660 observadores militares y oficiales de Estado Mayor, 391 policías y 1.050 efectivos de unidades de policía, a un total de 18.316. En junio de 2020, redujo de nuevo el personal: 14.000 militares, 660 observadores militares y oficiales de Estado Mayor, 591 policías y 1.050 miembros de unidades de policía, un total de 16.301.

Renovación tras renovación, llegamos a la última, el 20 de diciembre de 2020, se prorrogó su mandato hasta el 20 de diciembre de 2021 y sigue manteniendo los mismos efectivos de 16.301.

En el mapa se pueden ver los emplazamientos de sus 31 bases. Tiene tres clases de emplazamientos, el de la capital nacional, Kinshasa, cinco en capitales provinciales: Kananga (Kasai); Bunia (Ituri); Goma (Kivu Norte); Bukavu (Kivu Sur) y Kalemie (Tanganika) donde se acaban de descubrir ingentes depósitos de litio; y más las 25 bases situadas en poblaciones menores: Bogoro, Komanda y Biakatu, Kamango, Mayimoya, Mavivi, Beni, Beni Boikene, Kabasha, Butembo, Kanyabayonga, Rwindi, Nyamilima, Nyanzale, Kiwanja, Kichanga, Monugu, Himbe, Monigi Camp, Sake, Kavumu, Kamanyola, Walungu, Sange y Uvira. En el mapa pueden verse las nacionalidades de los soldados y otro personal asignado a cada una de las bases.

Las ADF, una máscara nueva para los agresores de siempre

El diputado Siwako también desenmascara abiertamente a las Fuerzas Democráticas Aliadas, ADF por sus siglas en inglés, el supuesto grupo islamista de Uganda que actúa en la región. «Siempre digo las falsas ADF, porque las siglas ADF son solo una nueva máscara para los de siempre».

Los que asesinan y saquean el territorio de Beni, y el resto del este de la RDC, son los mismos desde hace más de 20 años, al principio se llamaron RCD, luego CNDP y después M-23 (Rassemblement Congolaise pour la Démocratie, 1998; Congrès National pour la Defensa du Peuple, de Laurent Nkunda, 2006; y Mouvement du 23 Mars o M-23, 2012, respectivamente). Todos son militares y paramilitares reclutados, entrenados, mantenidos y protegidos por el ministerio de Defensa y el ejército de Ruanda, para actuar en el este de la RDC, territorio que se quiere anexionar, exterminando a las poblaciones autóctonas. Estos grupos ruandófonos se “congolizaron” para infiltrarse en las instituciones congoleñas, principalmente su ejército. Estas mal llamadas rebeliones congoleñas acabaron firmando acuerdos de “paz” bajo la égida de Estados Unidos, Gran Bretaña y la UE, con los que sus “combatientes” se integraban en las fuerzas armadas congoleñas. Tras años de esta descarada invasión de facto, las órdenes en el ejército congoleño no se dan en lingala o suahili (lenguas locales) sino en kinyarwanda (lengua ruandesa). Estos elementos dentro de las Fuerzas Armadas congoleñas, FARDC, están casi todos destinados en el este del país, y según las poblaciones locales, son quienes cometen las masacres con los uniformes de sus fuerzas armadas, para vaciar las poblaciones de los habitantes locales. Hace más de 20 años que las víctimas denuncian el detalle de la lengua que hablan los mal llamados rebeldes, el kinyarwanda. No hay musulmanes por ningún lado, nadie en Congo cree esa narrativa construida solamente para los medios internacionales, que siguen empeñados en hablar de islamistas. De hecho, sus ataques nunca fueron reivindicados, y cuando empezaron a hacerlo, lo hacen desde una sospechosa página web alojada en Washington.

Alain K Siwako afirma «Quienes cometen los ataques mortales a nuestros pueblos son militares que están en las filas de las FARDC, que vienen de los viejos RCD, CNDP, M-23, y otros que están acantonados en Uganda, todos ellos incluso están sacrificando a los militares patriotas de las FARDC que quieren encontrar una solución para detener los asesinatos en nuestra región». Y todo ello, insiste, «ante la mirada protectora de la MONUSCO».

Una nueva guerra ‘proxy’ en el horizonte

Los habitantes del este llevan semanas denunciando que Ruanda está llevando tropas a la zona congoleña que hace frontera con Uganda, lo que les hace temer una nueva guerra proxy entre Uganda y Ruanda, por el control de las materias primas locales, en suelo congoleño, con víctimas congoleñas.

El medio de la zona www.benilubero.com denuncia en un artículo reciente que la estrategia de Ruanda, enviando a sus paramilitares, con la nueva máscara de las ADF, a la frontera de Congo con Uganda, es minar las buenas relaciones del nuevo gobierno congoleño con Uganda. La desestabilización y el caos ha sido siempre su estrategia más eficaz. El artículo señala: «Se trata de desacreditar al Presidente Tshisekedi en la cuestión de la seguridad, acelerar la destrucción socioeconómica de las poblaciones de Nande, empujar a estas poblaciones al exilio y degradar las relaciones diplomáticas entre la RDC y Uganda en beneficio del eje Kinshasa-Kigali.»

El artículo concluye así: «Le corresponde al gobierno de la República limpiar este ejército, que está tan lleno de fuerzas enemigas que ni siquiera los propios soldados leales se sienten seguros allí.»

Por Marina Kweli