Reciclar con conocimiento

Teresa Velasco


Llegamos a 2019 y quien más quien menos sabe qué se debe reciclar. Ya no vale el dicho de “usar y tirar”, ahora las necesidades para sostener el planeta requieren saber dónde tirar lo que usamos y a las administraciones correspondientes cómo se debe reciclar correctamente.

A la cabeza de lo que más debemos reciclar se encuentran los envases de plástico. Y pese al esfuerzo de muchos ciudadanos en depositar estos productos de desecho en el contenedor correspondiente, lo cierto es que su reciclaje sigue siendo insuficiente y no logra el fin deseado. No se puede olvidar que España es el cuarto país productor de envases de plástico de la Unión Europea, y aún es uno de los primeros países en seguir practicando el insostenible modelo de usar y tirar.

La realidad se aleja mucho de lo ideal: el 80% de los envases acaban en vertederos, o son incinerados o arrojados al medio ambiente. A ello se suma que del total de envases producidos, casi la mitad, un 40% son de un solo uso.

Y más realidades aplastantes: sólo el 33% de los españoles reciclan toda la basura doméstica, mientras el 83% de los desechos que se recogen de los cubos de basura dispuestos por los ayuntamientos resultan ser residuos mezclados sin distinguir sus características de restos de alimentos, plásticos, cartón, etc.

Un reciente informe de Greenpeace, “Reciclar no es suficiente: la gestión de residuos de envases plásticos en España”, llega a la conclusión de que los españoles no sabemos reciclar, un problema que se extiende por todas las comunidades autónomas sin excepción.

En la Comisión Europea también son conscientes del problema, y en su reciente publicada Estrategia Europea de Plásticos, fijan nuevos objetivos con el fin de corregir el problema. Y como en toda estrategia lo primero es analizar los datos que no hacen más que constatar la gravedad del problema: en la UE se generan 25,8 millones de toneladas de residuos de plástico cada año, de los que se incineran o llevan al vertedero el 70%; en los países comunitarios entre 150.000 y 500.000 toneladas de plástico llegan a los mares y océanos cada años y se estima que entre 75.000 y 300.000 toneladas de microplásticos se liberan al medio ambiente cada año en la Unión Europea.

Ésta es la contribución de la UE a los casi 12 millones de toneladas que se calcula que llegan anualmente a los océanos, que no sólo contaminan el agua sino que impactan gravemente en las especies marinas y, antes o después, terminan afectando a la cadena alimentaria.

Pese al peso de los datos, lo único cierto es que la producción de plástico sigue aumentando y las alarmas empiezan a llegar no sólo a la UE sino a la mayoría de los países desarrolados.

Reciclar correctamente

Los españoles, como el resto de los ciudadanos del planeta, debemos aprender a reciclar, una asignatura que aún tenemos pendiente, cuando su contenido se aprende a base de sentido común: no es más que saber diferencias qué producto es reciclave y cuál es su contenedor correcto.

El informe de Greenpeace incluso se adentra en aquellos productos en los que más dificultades encontramos a la hora reciclar como es el caso de lo que debemos dejar en el contenedor de los plásticos, el amarillo. En el mismo no se pueden dejar desde las pajitas para beber o las cajas de CD’s, por ejemplo, ya que estos productos no se consideran envases.

Pero la dificultad a la hora de decidir también la encontramos en el mismo diseño y composición del envase: qué hacemos con las botellas recubiertas de PVC, los bricks compuestos de cartón, aluminio y polietileno, o la mezcla de diferentes tipos de plástico como encontramos en las bandejas de envasado de alimentos…

Y los plásticos que llegan a las plantas de reciclado de residuos mezclados con suerte pasarán por el proceso de tratamiento mecánico biolótico, en el que se seleccionarán por su tamaño. En el proceso de selección, los de tamaño inferior a 80-100 mm (como envases de yogures, monodosis de hostelería, pajitas, tapones…) serán rechazos por el reciclado, considerados materia orgánica y terminarán en un vertedero o incinerados.

Otras veces el problema reside en el etiquetado del envase cuyo adhesivo se convierte en un problema para poder tratar el envase y si se quiere retirar resulta más complicado que reciclarlo directamente.

Cada uno maneja sus propios datos

Las cantidades que se reciclan en España proceden de los datos que facilitan los ayuntamientos y comunidades autónomas, según reconocen en Greenpeace.

Así, los datos de Madrid -de 2016- confirman la recuperación de un 12% de los plásticos; en Barcelona (2017) reconocen un 29% o en Baleares, un 37%. A todas luces insuficiente se mire por donde se mire, ya que la media nacional según la propia Greenpeace arroja un escuálido 25,4%.

Un porcentaje muy alejado del 77% que asegura el Sistema Integrado de Gestión (SIG-Ecoembes) referido al reciclado de envases ligeros, así como del 70% enviado a la Unión Europea por el Ministerio para la Transición Ecológica referido a los envases domésticos, comerciales e industriales. No obstante, este ministerio reconoce que si el reciclaje sólo se refiere a los envases de plástico el porcentaje se reduce al 45%.

Malas soluciones

Pese a los esfuerzos de las administraciones, que siguen siendo insuficientes, lo cierto es que tampoco hay coincidencia en los porcentajes de envases de plásticos cuyo destino son los vertederos o la incineración. Todo depende del organismo que elabora las estadísticas. Lamentablemente, dejar los plásticos en vertederos tampoco es la solución porque lo que hay tener en cuenta en primer lugar a la hora de decidir su destino es lo altamente contaminantes que son.

¿Dónde reside la preocupación por los plásticos? En que se fabrican con al menos 132 sustancias que pueden afectar a la salud, algunas de ellas cancerígenas o que pueden afectar a nuestro sistema endocrino. Otras pueden ocasionar reacciones ácidas dentro de los vertederos, lo que generan emisiones tóxicas y contaminación de la atmósfera. A ello se suma el tiempo que tardan en desaparecer si no son tratados para su destrucción.

Tampoco la incineración es una solución al generar peligros para la salud de las personas y para el medio ambiento, además de impedir la creación de nuevos empleos en la gestión de residuos. Unos problemas que los estudios realizados confirman en las poblaciones situadas cerca de las incineradoras, con la aparición de diferentes tipos de cáncer tanto entre hombres como entre mujeres.

A los problemas de salud se suma el riesgo de combustión, ocasionando incendios cuyo origen son los residuos que no han sido reciclados, ya que los mismos sirven de combustible dado su alto poder calorífico.

Otra de las salidas más frecuentes de los plásticos es exportarlos a países en vías de desarrollo, pasando los residuos a terceros a cambio de dinero, pero causando una grave contaminación en los lugares receptores donde todavía no tienen adaptado ningún modelo de reciclaje. Sólo en 2015, últimos datos disponibles, la UE exportó el 40% de los residuos de plástico que habían sido recogidos para su reciclaje.

Las soluciones

Ante estos graves problemas, acabar con el modelo de usar y tirar, utilizado en España,  no es fácil y requiere bastante tiempo. Los registros y previsiones no dejan lugar a dudas: si en 2016 se produjeron 60 millones de toneladas de plásticos, se prevé que en 20 años esa cantidad se duplique.

El informe de Greenpeace propone una serie de medidas de carácter urgente, empezando por reducir, reutilizar y si no queda otra opción, reciclar, pero de verdad. Eso en cuanto a los que producen o procesan los envases. Pero también debe ser inminente un cambio de mentalidad a la hora de consumir para reducir su uso.

La organización ecologista añade que se deben usar solo los plásticos estrictamente necesarios, darles buen uso y reparar los que se rompen, como es el caso de los electrodomésticos. Y a la hora de comprar se debería observar las características del producto, que esté fabricado con materiales sostenibles y recuperables, el tipo de empresa que vende los plásticos y si ésta se ha comprometido con el medio ambiente.

También de cara a los consumidores, Greenpeace aconseja rechazar los productos de usar y tirar o aquellos que se fabriquen en países que no cumplen las condiciones laborales ni los estándares ambientales.

Pero también pide que administraciones y empresas se involucren y faciliten estos cambios, con leyes y nuevos modelos de negocio. A ello, la ONG exige medidas dirigidas concretamente a supermercados, grandes marcas y otros distribuidores, gobiernos, comunidades, ayuntamientos y ciudadanía.

Y, por su puesto, más transparencia en la elaboración de los datos sobre reciclaje, lo que requiere un mayor esuferzo por parte de las administraciones para conocer la realidad de este problema, y de otros sobre los que no hay datos como es el caso de la basura electrónica y otros sectores del todo opacos.

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