Iván Olmedo

Como todos ya sabemos, hace poco se cumplía un año de la tragedia perpetrada por el
terrorismo islámico en Barcelona y Cambrils, realizándose, por tanto, una serie de
actos de homenaje a las víctimas de tal barbarie. No es de extrañar que a tal evento
hubiéramos contemplado momentos curiosos como la discusión entre Quim Torra y
Xavier García Albiol, los gritos de “Viva el Rey” y “Viva España” durante el homenaje en
Barcelona o incluso la enorme pancarta en inglés de “El rey español no es bienvenido a
los países catalanes”. Menos sorprende el discurso, cuanto menos hipócrita, de Pablo
Casado el cual arremetía contra los partidos independentistas a la vez que reivindicaba
que no se politizara el homenaje, como si de un “¡No grites!” gritando se tratara.
Algunos medios de comunicación, como de costumbre, enfocaron parte del asunto.
Unos defendían a Felipe de Borbón, arrojándose contra los mensajes que le atacaban,
mientras que otros hablaban del “gran impacto internacional” de las pancartas en
contra del monarca. Posiblemente se les había olvidado quiénes eran los
protagonistas, en mi opinión el rey no lo era.

 

Y sí, algunas personas podrían argumentar que la estrecha relación entre Felipe VI y el
régimen de Arabia Saudí, el cual dota de recursos a grupos yihadistas, es un factor a
considerar en los atentados del 17 y 18 de agosto en Cataluña. Sin embargo, ¿es esta
la razón determinante? ¿Y el intento de derrocar el régimen de Bashar-al-Ásad por
parte de las potencias occidentales, el cual ha favorecido la expansión del ISIS? ¿El
pasado bombardeo del 14 de abril de este año a Siria por parte de Francia, Reino
Unido y Estados Unidos acaso ayudó a combatir al Daesh? Déjenme dudar seriamente
de eso. En cambio, por un lado tenemos a demagogos como Albert Rivera que abogan
por la “unidad” y rechazan la política para combatir al yihadismo, que viene
traduciéndose en: “Sigamos sin cuestionar las tentativas de las potencias imperialistas
en Oriente Medio”—preocupémonos, por cierto, cuando alguien predique la
tecnificación del conflicto y, por ende, el silencio de la política. Y por otro lado, algunas
personas, con la vena más conspirativa y con bastante apoyo, decían que los atentados
fueron ideados por el estado español basándose en las hipotéticas relaciones entre el
CNI y el Imán de Ripoll.

Dicho esto, ¿es posible abordar este tema mirándonos el ombligo? No creo estar loco
si digo que es una soberana estupidez relacionar el proceso independentista de
Cataluña con las víctimas del atentado terrorista del 17A, como hizo por ejemplo ANC
en Twitter. Personalmente dudo que seamos capaces de afrontar este asunto en
profundidad en la actualidad. Creo que es lamentable la posición que ocupa el
monarca en relación con Arabia Saudí, y más si hablamos que Felipe de Borbón
pretende “representar al conjunto de españoles”, en vano sin duda. Ahora, ¿esto
acaba aquí? En absoluto, pero para mucha gente sí. El debate sobre otras cuestiones

como el papel internacional que ocupa la Unión Europea, así como el predominio de la
OTAN y la posición que ha ocupado EEUU en Oriente Medio, la hegemonía del Fondo
Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, entre otros temas de calado,
serían más esclarecedores respecto al terrorismo llevado a cabo por Daesh. Eso sí,
supone poner en peligro el status quo actual.
No pretendo quitar importancia a la crisis entre el estado español y Cataluña, pero se
ha de ser honestos. Pretender extrapolar la cuestión nacional para explicar el
terrorismo islámico en España es una barbaridad. No es de mi agrado simplificar, pero
o entramos en el fondo del asunto o tendremos que aguantar el discurso del
“penúltimo contra el último” o xenofóbico como el de Pablo Casado o Albert Rivera.

Dicho en terminología gramsciana, tenemos que ganarles en la guerra de trincheras.
Este es el trabajo pendiente tanto de las fuerzas progresistas de este país como de
Europa. En definitiva, en esta lucha por la hegemonía es crucial reincorporar demandas
de los de “abajo” y ponerlas en el centro del debate político. Esta tarea es de todo
menos fácil.

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