La reforma laboral implementada en España en 2022 se proponía acabar con la precariedad. Una base de datos de contratos laborales, creada a partir de soluciones de gestión para recursos humanos, sugiere que lo que ha hecho es casi acabar con los contratos temporales e impulsar que los contratos fijos sean mucho más habituales, aunque parece que de menor duración, que antes.

Mientras que de 2018 a 2021 el 90 % de los nuevos contratos firmados eran temporales, en septiembre de 2022 los nuevos contratos fijos representaban casi el 70 % de las altas, con una tendencia creciente. Si bien estos contratos son ahora más frecuentes, muestran una duración media menor a la de antes de la reforma.

Fijos y temporales

El principal objetivo de la reforma del mercado de trabajo español era afrontar el más evidente y debatido de sus problemas: la dualidad. Esto es, encontrar en el mismo puesto de trabajo a trabajadores fijos con una alta estabilidad, niveles de formación, productividad y salarios, y a trabajadores temporales, inestables y con condiciones laborales prácticamente opuestas a las de los trabajadores fijos. Estas diferencias, que tienen consecuencias sociales, se reflejan, incluso, en cambios en los niveles de fertilidad de la población joven, donde mayor incidencia tienen este tipo de contratos.

La reforma enfrenta la dualidad del mercado introduciendo cambios en el uso de las distintas modalidades de contratos de los trabajadores asalariados (aproximadamente el 85 % del total). Establece como norma el uso de los contratos fijos, dejando los temporales solo para casos excepcionales. Dado que la gran mayoría de los contratos han pasado a ser fijos, se han equiparado los costes de despido. Para muchos, el factor más importante detrás de la dualidad del mercado laboral español.

¿Ha logrado la reforma su objetivo?

Hemos estudiado esta cuestión con una base de datos compuesta por aproximadamente 80 500 contratos de trabajadores asalariados de 243 empresas españolas de 17 sectores de actividad. Se trata de una muestra no representativa de la población de contratos laborales, así que los resultados obtenidos deben entenderse con la debida prudencia. Lo ideal habría sido tener acceso a la información de toda la población de contratos existentes; sin embargo, esta no está disponible para el estudio por lo que esta base es la mejor opción de análisis que tenemos.

Los datos permiten clasificar los contratos en las categorías habituales: fijos, fijos discontinuos, fijos a tiempo parcial, temporales y temporales a tiempo parcial. También muestran la duración de cada contrato. Aunque esto de manera aproximada, pues los datos han pasado por un proceso de anonimización que reduce su granularidad (el nivel de detalle que posee un dato o una estructura de datos).

El cambio en el peso de los distintos contratos durante 2022 es evidente. Las nuevas contrataciones con contrato fijo pasan de ser el 10 % al 70 % del total entre enero y septiembre de 2022 y, como consecuencia, el peso de los contratos fijos sobre el total crece. El siguiente gráfico muestra cómo antes de la reforma eran aproximadamente el 80 % del total y después han subido hasta el 92 % y creciendo.

El análisis de la situación

¿Es suficiente cambiar los contratos para terminar con la dualidad del mercado laboral? ¿O esta seguirá porque sus razones de ser son distintas a las tipologías de contratos?

La primera gran diferencia entre fijos y temporales es la estabilidad en el puesto de trabajo. Una manera de ver si ahora los puestos de trabajo son más estables es observar la duración de los contratos. Los datos de los que disponemos nos muestran su duración en años: si esta ha sido entre cero y cinco años, y, a partir de ahí, por bloques de cinco años. Esto nos permite calcular la media de la duración de los contratos existentes por categorías.

Los datos muestran un proceso de convergencia en la duración media de los contratos. La antigüedad media de los temporales aumenta mientras que la de los contratos fijos se reduce, lo que lleva a una reducción de la duración media del total de los contratos. También que, durante 2021, la duración media de los contratos era de nueve años y dos meses. En 2022 (hasta septiembre) ha sido de menos de nueve años, con tendencia a la baja.

El cambio de normativa no ha sido el único factor que puede haber afectado a los contratos y su duración durante 2022. La subida de la inflación, las medidas tomadas por el BCE para paliarla y la inestabilidad política internacional son algunos de los factores externos que también pueden haber influido.

En conclusión

La reforma pretendía acabar con la dualidad y, de momento, casi ha acabado con los contratos temporales. Sin embargo, los datos sugieren que ahora los contratos permanentes duran menos. Para ver si efectivamente lo que terminó fue la dualidad y no solo una tipología de contratos, seguiremos observando de cerca la duración para evaluar si el cambio normativo ha traído a la fuerza laboral contratos más largos que los anteriores a la reforma.

El presente artículo se ha elaborado a partir del informe “El índice
de dinamismo laboral y la evolución salarial”
(Noviembre 2022, Cegid IDL).

The Conversation

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