Por Javier Díaz Ortiz @JaviRanvich


Esta ha sido una de las palabras más virales en el último año. Ha sido tristemente repetida hasta perder su significado, devaluada por hipócritas lenguas que cínicamente llenaban trending topics y lloraban al ver el cuerpo de un niño en la costa sin reparar en las miles de vidas que se han perdido en esas mismas aguas. Son sirios, son eritreos, son iraquíes, y sobre todo, son seres humanos. Pero, ¿refugiados?

Es decepcionante ver que nadie se ha detenido en la inexactitud de esta palabra utilizada en los medios hasta la saciedad. Refugiado es la condición de aquella persona que es acogida bajo protección de un Estado, de tal forma que se preserve su integridad física, mental y social ante una persecución sufrida su país original por razón de sexo, raza, religión, pertenencia a grupo o ideología. Las miles de personas que arriesgan sus vidas para huir de esta persecución no son refugiadas en tanto que siguen abandonadas a su suerte en el mar Mediterráneo o en campos de concentración en el norte de Grecia.

El Gobierno de España, junto con todos los de la Unión Europea, ha incumplido el precepto fundamental del derecho de asilo recogido en el art. 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. La UE ha enajenado su responsabilidad como garante de los Derechos y Libertades, contratando para ello a Turquía como sicario internacional. Desde el pasado mes de marzo, la UE ha deportado de forma masiva a miles de personas a suelo turco para que sea este país, con las pésimas garantías humanitarias que ofrece, quien decida su futuro, y todo por el módico precio de 6.000 millones de euros y una promesa de adhesión a la UE en los próximos años. Un acuerdo que ha sido cuestionado por decenas de organizaciones internacionales y expertos por la crueldad de sus términos, vendiendo la suerte de miles de personas a un país como Turquía, cuyo mayor impedimento para la adhesión a la UE es, irónicamente, no respetar los Derecho Humanos.

Ilustración de El último mono
Ilustración de El último mono

El ejecutivo de Mariano Rajoy se mostró favorable a esta decisión, desoyendo las instrucciones dadas por la mayoría parlamentaria, lo que pareció no importarle para comprometer a España en este acuerdo que avergüenza a la ciudadanía europea. Este ha sido el episodio más bochornoso y decepcionante de la historia de la integración europea. Decenas de miles de muertos en sus fronteras pidiendo auxilio, suplicando una oportunidad de vivir dignamente en lo que hasta ahora se consideraba un oasis de libertad. La Unión Europea se ha mostrado al mundo como una organización frívola e incapaz de cumplir con sus propios valores fundacionales. Una decepción galardonada en 2012 con el Premio Nobel de la Paz que hoy mismo le debería ser retirado

Nacido en Cebreros (Ávila), tengo 21 años. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la UCM. En colaboración con proyectos de Derechos Humanos, Derechos LGTBI y otras ONG. Coordinador de Opinión de Contrainformacion.es

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