La jueza de distrito Vanessa Baraitser ha decidido no extraditar a Julian Assange, fundador de Wikileaks, a EEUU. Durante 10 años, el australiano ha sido perseguido por las autoridades estadounidenses como un enemigo de Estado.

La jueza ha rechazado la extradición por el riesgo a la salud que supondría para Assange, pero ha señalado que el derecho a la libertad de expresión no proporciona «una discreción sin límites al señor Assange para decidir lo que va a publicar». «Esta acusación se limita a cables que contienen nombres de informantes. En Reino Unido, Assange no estaría protegido por las leyes de libertad de expresión», ha añadido, según ha recogido The Assange Defense Committee.

Recluido en una prisión londinense de alta seguridad desde su detención en abril de 2019 en la embajada de Ecuador, donde vivió refugiado siete años, Assange podría haber sido condenado a 175 años de cárcel si la justicia estadounidense lo declarase culpable de espionaje. Las vistas celebradas en septiembre, tras meses de retraso debido a la pandemia de coronavirus, estuvieron marcadas por las protestas a las puertas del tribunal.

Assange aún podría ser extraditado

La decisión de la justicia inglesa aún puede ser recurrida, lo que podría prolongar la larga saga judicial que rodea a Assange, poco después de que su web WikiLeaks publicase cientos de miles de documentos militares y diplomáticos confidenciales que pusieron a Estados Unidos en más de un aprieto.

Afirmando temer que Assange, cuya salud física y mental pareció muy debilitada, se quitase la vida, su compañera sentimental, Stella Moris, había entregado en septiembre a la oficina del primer ministro británico, Boris Johnson, una petición con 800.000 firmas contra su extradición que, de momento, no han servido para nada ante los oídos sordos de la justicia británica.

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