Miles de personas sufren agresiones sexuales en Bangui, la capital centroafricana. El año pasado, Médicos sin fronteras (MSF) asistió a casi 4.000 supervivientes por todo el país.

Como en muchos otros países, en República Centroafricana (RCA) la violencia sexual es tabú, y tras muchas de las agresiones se impone el silencio por la vergüenza en el seno familiar. “Varias veces pensé en suicidarme, pasaba vergüenza cuando iba por la calle, siento que todo el mundo me mira y de noche no consigo dormir”, explica Olga, de 41 años, a una psicóloga de Médicos sin Fronteras que atiende a supervivientes de agresiones sexuales.

En Bangui hay un vacío en cuanto a servicios para supervivientes de violencia sexual. Las víctimas no encuentran apoyo legal o socioeconómico para superar las consecuencias de las agresiones que han sufrido. Es esencial que la problemática se haga visible y llamar la atención de donantes, autoridades y agencias humanitarias. Las necesidades en cuanto a violencia sexual siguen siendo enormes.

Gracias en parte a diversas campañas de sensibilización, la población empieza a darse cuenta de la dimensión del problema y muchas supervivientes se presentan ante los servicios de MSF incluso años después de la agresión.

«Aquí muchas agresiones se cometen entre vecinos o en el seno de la familia, y en la mayoría de casos el problema se resuelve amistosamente en la comunidad o entre familias para evitar el deshonor familiar, y se olvidan de que es una urgencia médica que debe atenderse”, Beatriz García, lamenta la coordinadora del proyecto Tongolo que lleva a cabo MSF en la comunidad para paliar este tipo de injusticia.

El proyecto está abierto a toda la población pero está poniendo especial empeño en atender a menores y a hombres, porque son casos aún menos visibles y que suelen presentar condiciones más complejas

En RCA hay muchos hombres víctimas de violencia sexual pero no se atreven a hablar. Casi no llegan a nuestros puntos de atención, son reticentes a pedir ayuda. Hay una gran presión en la comunidad y una estigmatización muy violenta”, detalla la coordinadora del proyecto.

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