Luis Ortiga
Responsable de prensa de ASJUBI40


Estamos asistiendo a una campaña de desinformación y manipulación, orquestada desde diferentes ámbitos, pero en su mayoría desde el sector financiero, por medio de la cual están bombardeando a la opinión pública con mensajes catastrofistas sobre el estado de las cuentas de la Seguridad Social y la necesidad perentoria de retrasar la edad de jubilación como única solución posible para remediar dicha situación.

En un reciente artículo firmado por la periodista Alejandra Olcese en el diario digital Vozpopuli, citan las palabras de José Antonio Herce, experto del Instituto BBVA de Pensiones: «Deberíamos jubilarnos a partir de los 70 años y los que no puedan hacerlo será porque están haciendo trabajos del siglo XX y no del siglo XXI».

Como primera reacción a las doctas palabras de tan insigne experto del BBVA, se me ocurre preguntarle si los trabajos a qué se refiere del siglo XXI son los relativos a cierre de sucursales bancarias, con reducción masiva de plantilla y prejubilaciones que está sufriendo la propia plantilla de «su» BBVA, así como otras entidades financieras, desde hace años.

La credibilidad de la aseveración de José Antonio Herce no parece ser elevada.

Sería deseable «decir lo que se hace y hacer lo que se dice»

En el citado artículo de prensa se asegura también, sin aparente rubor alguno, que la edad de jubilación a los 65 años data de 1900 y que en esa época sólo un 25% de las personas trabajadoras sobrevivía a esa edad. Se llega a asegurar que la edad equivalente actualmente sería de 81 a 91 años.

En definitiva, aplican una sencilla regla de tres para justificar que todos los males en las cuentas de la Seguridad Social desaparecerían con una edad ordinaria de jubilación a los 81 años. Realmente es insultante para la clase trabajadora leer tal conclusión.

Una regla de tres es la aplicación de un razonamiento por analogía. Es decir, mantiene tres valores inalterados para obtener el valor de la cuarta variable.

Esto que en matemáticas es un hecho cierto, no se puede extrapolar a temas de índole social. Es necesario que todas las variables se modifiquen para progresar socialmente.

Aplicar esa regla de tres significaría perpetuar las situaciones sociales. Eso se denomina inmovilismo. Eso impediría el progreso en los derechos sociales de la clase trabajadora.

Afortunadamente, a lo largo de los siglos XIX y XX han tenido lugar grandes progresos sociales, como por ejemplo la reducción de la jornada laboral, que tuvo en Robert Owen un impulsor. En España, no fue hasta 1931 que las mujeres tienen los mismos derechos electorales que los hombres. Hasta 1975 las mujeres casadas no podían “aperturar” una cuenta bancaria sin consentimiento del esposo. No hace falta seguir con más ejemplos. Los tenemos a cientos.

Está claro, en consecuencia, que no es válido aplicar una simple regla de tres, en la que siempre la única variable a modificar es la edad de jubilación. Eso es lo fácil. Eso es lo inmovilista.

Es necesario continuar progresando en los derechos y bienestar de la clase trabajadora. Se debe ser valiente e imaginativo y modificar todos los otros aspectos (y son muchos) que afectan a las cuentas de la Seguridad Social.

Es incomprensible que el tema del aumento de la esperanza de vida sea citado ahora como si fuera novedoso.

Después de la mortalidad debida a la guerra civil y postguerra, así como a la posterior mejora en higiene y sanidad, en 1955 la esperanza de vida era ya de 70 años.

Ahí podemos observar el tiempo que hace que se podrían haber tomado medidas alternativas.

Desde ASJUBI40 continuaremos reivindicando la supresión inmediata de los coeficientes reductores que sufren las personas jubiladas de forma anticipada y que cuentan con 40 o más años de cotización a la Seguridad Social.

Consideramos que esos coeficientes reductores son injustos, arbitrarios y discriminatorios. Recordar que con jubilación ordinaria se percibe el 100% de la pensión habiendo cotizado 36 años y 9 meses.