Rodrigo Rato, ministro estrella del Gobierno Aznar, poderoso vicepresidente económico, director gerente del FMI y mandamás de Caja Madrid, es desde este jueves un preso más de la cárcel de Soto del Real.

Llegó en coche particular hasta la explanada de la puerta de la cárcel. Se apeó, cargó con dos bolsones de ropa y, al sol de la sierra de Madrid, se dirigió a los periodistas permitiéndose incluso la ironía: “No tengo prisa, la verdad“. Como repasando de memoria un estudiado discurso, declaró: “Acepto mis obligaciones con la sociedadAsumo los errores que haya podido cometer. Pido perdón a la sociedad y a aquellas personas que se hayan podido sentir decepcionadas y afectadas“.

Antes de darse la vuelta y dirigirse a la puerta, también dio gracias “a todos los amigos y familiares que han apoyado durante estos días“. Al acabar de hablar, le siguieron las cámaras. “Por favor ¿es necesario que me persigáis? ¡Os acabo de hacer unas declaraciones!“, protestó.

Rato ha apurado hasta el último día del plazo para entrar en prisión. Pidió que su ingreso quedara en suspenso mientras se resolvía su recurso de amparo ante el Constitucional, pero este miércoles la Sección IV de lo Penal de la Audiencia Nacional se lo negó. El hoy recluso tiene por delante cuatro años y medio de cárcel por un delito continuado de apropiación indebida: el mal uso de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid y Bankia.

La sentencia revisada del caso, que afecta a 63 exdirigentes de la caja –15 de ellos con obligada entrada en prisión, pues superan los dos años–, considera que Rato dispuso de 109.037 euros de la tarjeta “a su antojo” y sin huella tributariapara cuantiosos gastos personales –en regalos, viajes, bebidas, fiestas– que no tuvieron “control de ninguna clase“.

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